miércoles, 2 de octubre de 2013

Diego Roel

























Las leyes del alba

en extrema crucifixión
tengo mis brazos mis ojos mis manos los pies
en extrema crucifixión

porque yo estoy puesto en el mundo
por las oscuras leyes del alba
por una gran boca de mil lenguas de oro
puesto y arrojado
para sufrir morir y elevarme
tantas veces

estoy puesto y arrojado
multiplicado y expandido
en levísimos fragmentos de ilusión

sí, estoy crucificado
puesto a parir y a engendrar extrañas criaturas
a sangrar y fornicar de mil maneras con las sombras
y a morir y a morir
tantas veces
como sea necesario



escucho lejanas letanías
y recuerdo

recuerdo cuando escuchaba lejanos cantos o misas en el bosque
y tenía una canción un nombre propio una guarida
también un Padre una Madre un leve canto
un susurro leve apenas quizás

yo tenía un mundo un país una familia

entonces emigré
y busque lo Oscuro por pasión o por locura
y por pasión o por locura hui al desierto: mi corazón sin luz

yo tenía un mundo un país una familia

y tenía mil noches compartidas mil lechos
y amigos llenos de manos vacías
y un dios carnal sufriente:
mi propio dios mi Padre Tótem ausente todavía

cuando huyendo del salvaje ritmo marcado por los cuerpos
era yo el mismo pero otro distinto reflejado en los espejos
era yo el otro el traicionero el perspicaz
huyendo siempre en agonía

huyendo siempre

huyendo siempre en agonía sin padre


Padre Tótem

en tu ausencia, Padre, escucho los aullidos de los ángeles
aullidos de mi voz que son mi voz de nuevo aullando

en tu ausencia, Padre, entreveo tu Rostro
donde confluyen todos los caminos
todos los sentidos
todo lo imposible

porque tu Nombre es vasto y denso y musical
no quiero perderme otra vez en tu Nombre
no quiero perderme otra vez en tu Nombre: la Ley

Padre, en tu ausencia me acuesto con mi Madre



Padre Tótem:
vuelve a parirme desde adentro
a engendrarme como a un triste despojo del planeta

vuelve a parirme y a sangrarme

porque yo quiero nacerme con tus manos de animal
alojado en el tercer cielo de mi sangre
y quiero tus ojos tus manos tu piel
para arrojarme al fin sobre los brazos de mi Madre
y entrar al círculo infinito de los viajes

quiero parirme y sangrarme en las orillas de tu Nombre
porque eres mi hijo   la Ley   un sueño

eres mi hijo nonato



Padre Tótem: necesito un cuerpo nuevo
Padre Tótem: yo quiero mi cuerpo secuestrado
por los crueles emisarios de los Vientos

entonces
mi Madre es una inmóvil caída en espiral
una ráfaga de alucinados infantes de los sueños
mientras pido socorro y me pregunto: ¿dónde estoy?
mientras pido socorro y me pregunto: ¿hasta cuándo?

ahora que regreso del viaje
sin un Padre sin un Tótem sin auxilios ni guaridas
aquí sin Yo sin nombre propio todavía un animal
cosido al silencio con el silencioso hilo de los muertos

aquí, sí, aquí confieso:
sólo tengo las piernas abiertas
en un brutal gesto de parirme

Fuente: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación, Diego Roel,  Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2013.

Diego Roel nació en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1980. Vive actualmente en La Plata. Tiene cinco libros de poesía publicados: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El Mono Armado, 2010) y Los Jardines del Aire (Ediciones El Mono Armado, 2012). Este año, Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación y Diario del insomnio fueron reeditados por Ediciones El Mono Armado y detodoslosmares, respectivamente. Acerca del primero, destaca Claudia Masin en el prólogo: “En este libro hay necesidad de decir, un empuje doloroso hacia la poesía como lenguaje donde se busca una reparación: sí, yo tenía un mundo una señal una familia, dice Roel. Y a partir de allí se despliega el relato –a modo de plegaria lírica, de invocación– de la pérdida de ese mundo donde las referencias parecían unívocas y confiables. Y de alguna manera, también se celebra la valentía del gesto de salir al camino sin saber hacia dónde ir, una vez revelada como inútil esa cartografía que parecía destinada a guiarnos indefectiblemente hacia un destino: yo tenía un mundo un país una familia/ entonces emigré/ y busqué lo Oscuro por pasión o por locura/ y por pasión o por locura hui al desierto: mi corazón sin luz. Escribe Deleuze: El viaje siempre supone una manera de reterritorializarse, de nombrar a su padre o a su madre (o a algo mucho peor). Y es a ese algo mucho peor a lo que se arriesga este libro, quizás a esa comprobación terrible –y liberadora– de que ese padre, ese tótem, sencillamente no existe más que como construcción endeble y precaria, que una vez derribada deja apenas un rastro de luz que no perdura. El segundo –y crucial– mérito de este libro está en que no sólo dice con urgencia lo que necesita decir, sino que lo dice también con una intensidad y un lirismo que construyen un universo, un imaginario personal e intransferible... Diego Roel, en esta plegaria o ensalmo lírico que se llama Padre Tótem, trabaja en esa grieta que se abre cuando el lenguaje convencional se resquebraja y deja entrar lo que no encaja en el discurso dominante: aquí, sí, aquí confieso:/ sólo tengo las piernas abiertas/ en un brutal gesto de parirme. Feminizarse, feminizar el discurso, volverse mujer en el acto de parirse a sí mismo: aquí sin Yo sin nombre propio todavía un animal/ cosido al silencio con el silencioso hilo de los muertos. Volverse un muerto, un no nacido, una vez disuelto el yo.  Ahí, creo, está el punto de partida de la poesía lírica: en ese acto de delicado desprendimiento, en esa renuncia a lo familiar para dejar entrar lo desconocido y darle voz. Celebro la existencia de este libro que se asoma al hogar sin techo, sin paredes y sin piso que queda cuando se derrumban las ilusiones que nos sostienen. Padre Tótem es la historia de un viaje desde el desamparo original hacia la conciencia de ese desamparo, es decir, hacia un despertar. Y todo despertar implica, quizás, un desengaño, pero también la posibilidad de encontrarnos, frente a frente, con la potencia de nuestra esperanza y nuestra vitalidad: no es aquí donde quiero estar/ yo quiero estar del otro lado:/ donde brilla lo que no tiene nombre/ donde los niños llevan sobre sus frágiles cabezas/ una aureola de dicha imposible”.

Foto: Diego Roel. Fuente: Diario del insomnio, Diego Roel, detodoslosmares, Córdoba, 2013.

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