miércoles, 1 de agosto de 2012

Pedro B. Palacios (Almafuerte)





















Confiteor Deo

I

Aquel Moisés enorme que dijo un día,
«Para que Adán impere vibró lo Eterno»,
Hizo la más profunda filosofía...
¡Entre pecho y espalda nos puso un perno!

Por eso yo no canto, como las aves,
Fanfarrias vocingleras a la Natura:
Las notas de mis versos son notas graves
Como las de los Salmos de la Escritura.

Para mí las palabras siempre son bellas
Y siempre de cualquiera se saca fruto:
La más vil, la más vana de todas ellas
Contiene la presencia de lo Absoluto.

Como las vibraciones de un necio ruido,
Ni Wagncr ni Rossini me dicen nada;
Pero, si por acaso, gime un gemido...
¡Me traspasa las carnes como una espada!

Que las aguas relumbran como un espejo.
Que los cielos sonríen y se coloran...
¡Todos esos primores yo los motejo
Desde la cueva misma de los que lloran!

Yo miro el Universo pasar delante...
Como a pelusa tonta, sin que me asombre:
Soy profeta, soy alma, soy como el Dante...
¡Yo no siento más vida que la del Hombre!

V

Por más que me comparo con todo el mundo
Yo no doy con el tipo que bien me cuadre:
Soy el llanto que rueda sobre lo inmundo...
¡Yo he nacido, sin duda, para ser madre!


Siete sonetos medicinales

I ¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas
Otras diez, otras cien, otras quinientas...
No han de ser tus caídas tan violentas
Ni tampoco por ley han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
Asimilan el humus avarientas,
Deglutiendo el rencor de las afrentas
Se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
Nada más necesita la criatura,
Y en cualquier infeliz se me figura
Que se rompen las garras de la suerte...

¡Todos los incurables tienen cura
Cinco segundos antes de la muerte!

II ¡Piu avanti!

No te des por vencido, ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo:
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
O como Lucifer que nunca reza,
O como el robledal, cuya grandeza
Necesita del agua y no la implora.

¡Que muerda y vocifere vengadora
Ya rodando en el polvo tu cabeza!

VI ¡Vera violeta!

En pos de su nivel se lanza el río
Por el gran desnivel de los breñales;
El aire es vendaval, y hay vendavales
Por la ley del no fin, del no vacío;

La más hermosa espiga del estío
No sueña con el pan en los trigales;
El más noble panal de los panales
No declaró jamás; yo no soy mío:

Y el sol, el padre sol, el raudo foco
Que fomenta la vida en la Natura,
Por fecundar los polos no se apura,
Ni se desvía un ápice tampoco...

¡Todo lo alcanzarás, solemne loco,
Siempre que lo permita tu estatura!


Gimió cien veces

I

Sonreían los mundos con que la Noche
Decora las tinieblas con que se viste,
Y el Alma del Presidio, como un reproche,
Sonando sus grilletes, cantaba triste:

“Yo no tengo, ni tuve, ni tendré nunca,
La mirada tranquila del inocente:
Soy el ser vacilante, la vida trunca,
La bestia incorregible, la luz ausente.

“Sobre mi pulpa lacia no dejan rastros
Las pasiones primarias, la vida tierna:
Las miro, cual pudiera mirar los astros
Desde las lobregueces de una cisterna.

“Mi niñez maliciosa ya era un armiño
Que hubiesen repudiado los albañales:
Nunca fui candoroso, nunca fui niño.
Nunca viví la aurora de los pañales.

...

“En el radiante cielo de las pasiones
Yo soy un miserable globo cautivo:
Para un solo deseo forjo ilusiones...
¡Para una sola infamia me siento vivo!

II

...

“Mis horas más risueñas me pesan tanto
Como las formidables del Crimen mismo:
Me invaden mis tinieblas, me causo espanto,
Me atrae, me desvanece mi propio abismo.

“Padre, hijos, hermanos, patria, progreso,
Lucha por una idea, por una palma...
¿Qué valen? ¿qué me importan?... ¡Si todo eso
No vive dos segundos dentro de mi alma!

...

III

“Oh, seres nivelados, porque son chirles,
Que desde sus remansos odian mis penas:
¿Les dije yo a mis padres... pude decirles
Que amasaran mis carnes con azucenas?

“¿Desde la Luz Primera no estaba escrita,
Profunda, palpitante, mi hora malvada?
¿O la Mente Suprema no es infinita,
Ni dirige los tiempos, ni piensa nada?

“¿No gime ya bastante mi hediondo bofe
Bajo sus doloridos grumos infectos,
Para que se permita que me apostrofe
La pureza sin lucha de los perfectos?

...

IV

“¿Acaso con probarme, día por día,
Que el Crimen es de cieno y el Bien de plata,
Van a torcer un punto mi vesanía,
Van a domar la fuerza que me arrebata?

“Si yo soy de las vidas que no convienen,
Si yo soy el que mancha y el que desquicia...
¿Por qué no me suprimen? ¿Por qué me tienen
Sujeto a la picota de su justicia!

“Si soy un vil detritus: a la basura
Hay que ponerla en hornos y hay que cremarla...
¡No meterla en fanales, porque es impura,
Y en frases lapidarias apostrofarla!

“Ellos son la más alta soberanía.
Sus juicios solamente son los que imperan;
Y en vez de fulminarme... ¡por cobardía.
Me reducen, me rapan y me numeran!

“Para evitar las iras, que temen tanto,
Del Único, Supremo Fautor de todo
¡Me azotan en el alma, con odio santo:
Ensucian, envilecen mi propio lodo!

V

“¿Adonde están los sabios de noble cepa,
Que mirando en mi suerte la misma suya,
No inyectan en mi sangre, sin que yo sepa.
La ponzoña bendita que me destruya?

...

“¿Por qué los que me quieren, esos sencillos
Amigos de mi pago que me visitan,
No envenenan un día los cigarrillos
Y las doradas frutas con que me invitan?

“¿Por qué el gendarme armado, rígido y yermo,
Que custodia mi puerta fusil al brazo,
En un arranque heroico, mientras yo duermo,
No me tritura el cráneo de un culatazo?

“¿Por qué mis viejos padres no me redimen,
Y en esta misma celda sola y callada,
No cargan con lo suyo, que fue mi crimen,
Y me dejan lo mío, que fue la Nada?

“Malhaya, sí, malhaya la Providencia,
Que amasó con escoria los corazones...
¡Y les dejó los ojos de la conciencia
Para juzgar las propias aberraciones!”

Sollozaron los astros con que reviste
La noche taciturna sus lobregueces,
Y el Alma del Presidio, triste, muy triste,
Triste como la muerte, gimió cien veces.

Fuente: Poesías completas, Almafuerte, Claudio García Editor, 1917.

Pedro B. Palacios (Almafuerte) nació en San Justo, Provincia de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854. Cargó una infancia y una adolescencia difíciles. Su madre murió cuando él tenía apenas 5 años y su padre lo abandonó poco tiempo después. Debido a esto, pasó a vivir con una tía paterna en Buenos Aires, que se ocupó de educarlo. Residió en La Plata entre 1886 y 1889 y, luego, desde 1904 hasta su muerte, el 28 de febrero de 1917. Fue poeta, escritor, maestro rural (aunque no contaba con título académico), profesor de dibujo y periodista. En La Plata, trabajó en la Cámara de Diputados bonaerense y ejerció el periodismo en el diario Buenos Aires; posteriormente, llegó a dirigir el diario El Pueblo. Durante su vida, sólo dos libros dieron cuenta parcial de su copiosa producción poética: Lamentaciones (1906) y Poesías (1916), este último con prólogo de Juan Más y Pí. Otro libro, titulado Poesías completas, con prólogo de Alberto Lasplaces, apareció en Montevideo el mismo año que murió. Desde entonces, son numerosas las publicaciones que han venido recopilando su obra, que incluye, entre otros títulos, Confiteor Deo, Siete sonetos medicinales, Dios te salve, La inmortal, El Misionero, Cristianas, Cantar de los cantares , Apóstrofes, Milongas clásicas, Gimió cien veces y La sombra de la patria. Según María de Villarino, Almafuerte “se sintió un alma elegida y signada por una predestinación mesiánica. Y se erigió en apóstol civil. Como tal cantó, imprecó, dijo, maldijo, condenó los vicios, la vanidad, la corrupción, el poder, y exaltó las virtudes ideales del hombre y la reivindicación del pueblo por la dignidad y la justicia, el amor y la piedad”. Si bien por edad Almafuerte perteneció a la generación del 80, poco tuvo que ver con la misma. Su poesía excede el romanticismo del que se nutrió y resulta tan inclasificable como su singularísima personalidad.

Foto: Busto de Almafuerte, obra de P. Godoy, ubicado en la rambla de avenida 66, entre 5 y 6, en La Plata, frente a la que fue la casa del poeta, hoy convertida en museo. Fuente: C. C.

7 comentarios:

  1. César muchas gracias por tu publicación, la fuente de tus "Poesías Completas" así como el dato acerca del busto pueden servirme a mi investigación histórica.

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  2. Por cuestiones más propias del azar, buscando la poesía del tremendo Almafuerte, llegué acá. Me gustó así que con su permiso me quedo y cada tanto comento. Saludos a todos

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  3. Hermosos versos! Almafuerte es uno de mis escritores favoritos. Gracias por la selección hecha.

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  4. Habia leìdo un artìculo de la revista "El Quiròn" (Hospital de Gonnet) creo que en 1990 ..donde un psiquiatra hacia un anàlisis de su personalidad a partir de los datos biogràficos y de su obra, sugiriendo la bipolaridad....y seguramente , los estados piscològicos han sido muy especiales para producir tanta profundidad literaria , un grande , un olvidado y poco citado.

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  5. Hola, gracias por esto, quiero preguntar si el poema Confiteor Deo, es solo esa parte? o hay algo mas?
    Desde ya muchas gracias

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  6. Hola, muchas gracias por todo esto, escribo para preguntar sobre el poema Confiteor Deo, solo esa parte escribió, o hay algo mas?
    Desde ya muchas gracias

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    1. ¡Hola! "Confiteor Deo" es un poema que consta de cinco partes. No lo publiqué completo porque es bastante extenso. Está incluido en las "Obras completas" de Almafuerte y en varias antologías de poesía argentina.

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