miércoles, 28 de octubre de 2020

Julián Axat


PARTE 1 - PERROS DEL ESTE
 
Pioneros del espacio
 

Programado y libre de bacterias,
público y perplejo, el perro
en la luna vacila abandonado.
El ojo frío en el telescopio
estudia su comportamiento
bajo el crimen solar...

           Joaquín Giannuzzi

 
Como no había tecnología suficiente para garantizar el retorno del satélite
Serguéi Koroliov propuso enviar perros al espacio
 
& Que esos perros no fueran de raza
Sino reclutados de las calles
Por pura capacidad de supervivencia
 
Es decir escuadrones de callejeros
Incansables ladradores de la nada
Perseguidores innatos de alimañas
 
Hay que tener compasión a los perros
& Perdonar a los hombres /pensó Koroliov
 
& Así fue transmitido a su camarada superior en el Kremlin
 
Tengan compasión de los perros
Porque ellos serán los perros del Cosmos
 
 
Los cosmonautas como anillos de Saturno
 
Todos los cosmonautas serán los futuros cráteres de la luna
 
/pensó un burócrata del espacio/
& Así fue decretado
 
Porque de ese modo se vence a la muerte...
 
¿& Cuando no queden cráteres por nombrar?
 
Serán bautizados como anillos de Saturno
/pensó otro burócrata espacial/
 
Porque de ese modo se vence al olvido...
 
& Los hombres nuevos que vayan naciendo
/serán identificados con formas del cielo/
 
& Todos los cosmonautas
/serán las futuras constelaciones
 
Porque la revolución es /también
/un lugar en el firmamento decretado por el Partido/
 
Para que vivan los cosmonautas & los hijos de sus hijos
& Así los recuerde el pueblo
 
Como los griegos recordaban a sus dioses
Levantando la cabeza en la nube de polvo de la noche
 
Un cometa
un anillo
un asteroide
un cráter un sol & así...
 
Sin que exista el ostracismo
 
 
Crujido de Potemkin
 
El 28 de julio de 1960
Bars & Lisichka tenían que orbitar dentro del programa Vostok
Pero fallecieron
 
Fue a los 28 segundos del despegue
tras producirse una explosión del lanzador /la nave se desintegró
También la compostura del camarada Koroliov
 
Antes del lanzamiento
era habitual ver al ingeniero jefe jugando con Lisichka en el cosmódromo
 
En la base espacial no pudieron contenerlo
 
Decía que su carrera se había terminado
Decía que el dolor lo estremecía
 
& Lloraba desencajado
 
Lapsus de la desolación
Témpano del alma acorazada que cruje
 
Por eso nadie se atrevió a contrariarlo
& Nadie se atrevió a elevar informe de semejante situación
 
El pequeño homenaje del padre de la criatura espacial
 
Para sí mismo
Para los demás
Para el perro del Cosmos que nunca volvió
 
 
¡Good bye Krikalev!
 
Cuando el cosmonauta Serguéi Krikalev
fue enviado a la estación Mir en 1991
nunca hubiera pensado que /unos meses más tarde
la Unión Soviética iba a desaparecer
 
Llevaba casi cinco meses a más de 300 km de altura
& el Gobierno /con cosas más urgentes le dijo “no hay relevo posible
 
& Así Krikalev se quedó solo varado en el espacio
 
Cuando la Unión Soviética finalmente se disolvió
nadie tenía muy en claro quién dirigía el antiguo programa espacial
ni cuál era el nombre del burócrata al que debían acudir
 
& Así Krikalev siguió perdido 10 meses más en el espacio
 
La noticia corrió como reguero de pólvora
hasta que la presión logró traer al cosmonauta de nuevo a casa
 
Ni bien aterrizó sacaron de la cápsula a un Krikalev perdido & enclenque
 
Rápidas de reflejos
las nuevas autoridades le taparon la bandera de la Unión Soviética
la que adornaba los hombros de su traje
 
Krikalev partió de la Unión Soviética
& retornó a la naciente república de Kazajistán
 
Su sueldo de cosmonauta /600 rublos
Ahora no le alcanzaba para un kilo de carne
 
Su ciudad natal /Leningrado
ahora se llamaba San Petersburgo
 
 
PARTE 2 - SIMIOS DEL OESTE
 
Simios de Dios /Albert I
 
De este lado del mundo
el mono Rhesus del zoológico de Luisiana /Albert
se convirtió en pionero del espacio
 
No a bordo de un cohete
sino en la ojiva de un misil intercontinental alemán V-2
 
Pues de este lado del mundo /tras la gran guerra
los americanos se quedaron con misiles /científicos
& muchos de ellos pasaron a revistar en la NASA
otros lo hicieron en Los Álamos
 
Fue el 14 de junio de 1948
tras ascender al cielo 63 km /el paracaídas falló
Albert murió en la caída
 
Pocos recuerdan la historia de este héroe
hasta que en 1994 en un capítulo de Los Simpson
el mono Albert retorna sabio del espacio
 
& Con cierto acento británico aconseja guardar secreto
 
Directivo de la NASA:
Quizás deberíamos confirmar que todos aquellos monos que
enviamos al espacio realmente regresaron con superinteligencia.
 
Mono Albert (se vuelve en una gran silla, fumando una pipa):
¡No, yo no creo que debamos decirlo!
 
 
Simios de Dios IV/El enojo de Ham
 
Era diciembre en Cabo Cañaveral
& el chimpancé Ham partía a bordo de la nave Mercury 2
 
La tapa de Life del 10 febrero de 1961
lo muestra cruzado de brazos en su silla espacial
Se lo ve contrariado
 
¿Por qué estaba así Ham?
Para tranquilizarlo le dieron una manzana & una naranja
Pero siguió enojado...
 
A su regreso pasó 26 años en el Zoo de Carolina del Norte
Era la atracción del lugar
Hasta que murió en 1983
 
Fue enterrado con todos los honores
 
Algunos todavía se preguntan
¿Por qué estaba ofuscado Ham?
¿Qué nos está diciendo la tapa de Life?
 
Evidentemente el mono vio algo /que
nadie supo /o /No quiso
/hasta ahora /interpretar
 
 
Las que nunca se fueron & la que sí
 
La primera misión Mercury no fue tripulada
& Al lado del Sputnik ruso fue un auténtico fiasco
 
En la misión Mercury 2 viajó el chimpancé Ham
& Tuvo bastante éxito
 
En la Mercury 3 viajó Alan Shepard
& No fue espectacular como la Vostok 1
 
Las Mercury 4 a 11 giraron en órbita
& Tuvieron cierto éxito
pero pasaron desapercibidas para el gran público
 
La misión Mercury 12 fue anunciada con bombos & platillos por la NASA
pero el vuelo de la primera mujer cosmonauta Tereshkova alcanzó a eclipsar
la suerte de los 7 astronautas de la Mercury 12
 
La Mercury 13 seleccionó a 7 mujeres para igualar a los 7 de la Mercury 12
& convertirlas en las primeras astronautas en llegar al espacio
pero el gobierno /misteriosamente /desactivó la misión
 
Para entonces la NASA funcionaba más /como club de hombres
/que como agencia espacial
 
Recién en 1978
Sally Ride se convirtió en la primera mujer norteamericana en viajar al espacio
Lo hizo a bordo del transbordador Challenger
entre un grupo de 7 hombres
 
En su mente iba Tereshkova
También aquellas mujeres astronautas /que veinte años antes
/misteriosamente /se quedaron para siempre en la Tierra
 
Fuente: Perros del Cosmos, Julián Axat, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2020.
 
Julián Axat nació en La Plata en 1976. Es poeta, abogado y Magíster en Ciencias Sociales (UNLP). Fue Defensor Oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata y, actualmente, preside la Dirección General de Acceso a la Justicia de la Procuración General de la Nación. Publicó los siguientes libros de poesía: Peso formidable (2004), Servarios (2005), Medium (2006), Ylumynarya (2008),  Neo o el equipo forense de sí (2012), Musulmán o biopoética (2013), Rimbaud en la CGT (2014), Offshore (2016), Cuando las gasolineras sean ruinas románticas (2019) y Perros del Cosmos (2020). Figura en varias antologías poéticas, entre ellas: Resistencia en la tierra (2014), Giovane poesía latinoamericana (2016), Atlas de la poesía argentina (2017) y Antología federal de poesía (2019). Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano y portugués. Creó y dirigió la colección Los Detectives Salvajes de la editorial Libros de la talita dorada. Editó, además, la antología Si Hamlet duda, le daremos muerte (2010), que reúne a 52 poetas argentinos nacidos a partir de 1970, y La Plata Spoon River (2014), una recopilación de poemas de varios autores que hacen referencia a la trágica inundación que enlutó a los platenses el 2 de abril de 2013.

Con respecto a Perros del Cosmos, libro al que pertenecen los poemas publicados en esta página, conviene apuntar que el mismo se divide en dos partes (“Perros del Este” y “Simios del Oeste”), que exponen, a modo de contrapunto poético, la competencia espacial desatada después de la Segunda Guerra Mundial entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Más allá del registro documental, que es muy rico e interesante y puede leerse como relato de aventuras, el libro resulta paradigmático por las connotaciones simbólicas (políticas, sociales, culturales, poéticas, humanas) que conllevan sus páginas. A ello debe sumársele, además, un singular trabajo de experimentación lingüística y literaria, que termina configurando una auténtica épica de la escritura. Según Evgueni Evtushenko, citado en el libro, “Alzar el vuelo sobre la Tierra es poco,/ lo que importa son los pensamientos con los que se levanta el vuelo”; en este sentido, Perros del Cosmos es una invitación a volar de la mano de la poesía.

Foto: Julián Axat. Fuente: https://revistaruda.com/

lunes, 14 de septiembre de 2020

Olga Edith Romero


Rayo de sol
 
Hoy ha entrado
un rayo de sol por la ventana.
 
Es triste el invierno,
triste la tarde que muere tan temprano,
tristes las noticias de los diarios.
 
Pero un rayo de sol
se ha asomado
y entibia el lugar que alumbra,
se dispara sobre las cosas
y destaca colores perdidos.
Estalla en el cristal,
golpea sobre la mesa
sin poder perforarla,
reverbera en espejos
y en una gota
deja olvidado
el arco iris.
 
 
No todos los días son iguales
 
El cielo se desviste en horizontes,
no todos los días son iguales,
hoy el sol se ha adueñado de mis ojos
y dos niñas se hamacan en el fondo de la casa
colgadas entre glicinas y jazmines.
 
 
Ese árbol que está en la vereda
 
Ese árbol que está en la vereda
con ramas cada vez más cercanas al cielo
que intenta enganchar las nubes que pasan
lo plantó mi padre.
 
Era un pequeño fresno de pocos centímetros
frágil como patas de potrillo
recién nacido.
 
Creció sin una guía
pero con los años se fue enderezando
y ahora protege la casa del sol intenso del verano
y de los azotes del viento.
 
Canta por la mañana con voz de zorzales
y calandrias
arrulla al atardecer como paloma
y ríe en los días de lluvia con el hornero.
 
Cuelgan de sus ramas esperanzas
y deseos que brillan con la luz de cada día.
 
En otoño me regala su lluvia dorada
que se extiende en alfombra crujiente.
 
Y en primavera hace notar sus brotes
que arroja divertidamente para hacer trabajar
a la escoba.
 
Mi padre ya no está pero ha dejado
un guardián en el frente de mi casa
que balancea tenuemente sus ramas cuando paso.
 
Y que en las noches
muestra la luna y las estrellas
espiando entre sus brazos de gigante.
 
El fresno es un tótem
con la fortaleza que tuvo mi padre
para cruzar la vida y deslizarse sin temor
al infinito.
 
 
Atardecer de invierno
 
A las seis de la tarde
cuando las sombras se alargan en invierno
una bandada de pájaros regresa
no sé muy bien de qué lugar
y sin importarles
que los árboles están sin hojas
se convierten en su abrigo escandaloso.
A esa hora en que la tarde se despide
salgo a caminar con la simple compañía
de un dibujo oscuro en la vereda.
 
 
Insignificantes
 
Sobre la mesa del jardín
hay un corpúsculo de tierra.
Así como él somos nosotros,
tan insignificantes
que hasta una brisa
puede hacernos desaparecer.
 
 
Buscar dentro del pecho
 
En este ir y venir
desde el útero al afuera
hay precipicios
y a veces hay que extender los brazos
y volar
hasta el sitio seguro más cercano.
 
Abrir un tajo,
buscar dentro del pecho
y alcanzarle las cuerdas
a quien se le ha dañado
el instrumento
con que hacía brillar
los días y las noches.
 
No todo es irse por las ramas.
 
Fuente: Irse por las ramas, Olga Edith Romero, Arte Editorial Servicop, La Plata, 2020.

Olga Edith Romero nació en La Plata el 4 de octubre de 1949. Actualmente, reside en City Bell. Es Docente de Nivel Inicial y Master en Periodismo y Comunicación Social. Entre 2000 y 2003, se desempeñó como periodista de investigación en la Universidad Nacional de La Plata. Su obra publicada incluye: Colores de sol y lluvia (literatura infantil, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986); Cuentos de Azúcar y limón (cuentos, Faja de Honor de la SEP, 1996/97 y Faja de Honor de la SADE, 1996/97, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1996); Apenas Travesía (poesía, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, 2001, Colección Libros de Sudestada, La Plata, 2001); City Bell y su gente. Desde una mirada distinta (investigación periodística, Municipalidad de La Plata, 2003); El homicidio policial (artículo compartido con otros autores en el Proyecto de Investigación “Los derechos humanos y la prensa gráfica argentina desde 1976 a 2001”, Anuario de Investigaciones 2002, Periodismo y Comunicación Social, UNLP, La Plata, 2003); El desierto es un grano de arena (poesía, libro destacado del año por el Concurso Internacional Honorarte 2005 y Premio “Benito Lynch” 2005, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2004); Irse por las ramas (poesía, Arte Editorial Servicop, La Plata, 2020). Poemas suyos fueron incluidos, además, en diversas antologías y recopilaciones poéticas, entre ellas: Casi un canto (antología publicada por el Ministerio de Educación de la Provincia Buenos Aires, Dirección de Educación Inicial, La Plata, 1990); Sudestada (cuaderno compartido, Ediciones Sudestada, La Plata, 1995); Poesía Argentina de Fin de Siglo (antología, Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1996); Veinte Voces de Buenos Aires (antología de poesía, Libros del  Zahir, Buenos Aires, 1998); Poesía. 36 autores (antología, La Comuna Ediciones. La Plata, 1998); Chicos. Literatura Infantil. 14 autores (antología de cuento y poesía, La Comuna Ediciones, La Plata, 2000); Escritores al fin del milenio (antología de cuento y poesía, Sociedad Argentina de Escritores, seccional La Plata, Municipalidad de La Plata, 2000); Legado de poetas. Poesía Social Argentina 1956 - 2006 (Buenos Aires, 2007). Publicó, además, las “Hojas de Sudestada” N° 3 (1984), N° 60 (1986), N° 70 (1986), N° 94 (1988), N° 133 (1990), N° 280 (2000) N° 285 (2000) y el Cuadernillo N° 25 (1992).

Foto: Olga Edith Romero. Fuente: Gentileza de Olga Edith Romero.


sábado, 11 de julio de 2020

Raquel Sinelli


Árboles en la plaza

Después de la lluvia
los troncos se ven negros,
nítidos
y entre ellos pasa, difusa, la luz del día.
El agua
retenida en la corteza
es el subrayado de un dibujo infantil
donde mis ojos se lavan, inocentes.


A resguardo

Felicidad de la madrugada,
del aire fresco, del cielo gris.
Tu pequeño reino promete
desplegarse más tarde.
Sirenas, ladridos
dejan atrás la noche,
parecen irse lejos.
Tu puerta está cerrada,
estas paredes ya te conocen,
esos papeles esperan tu trabajo.


Poesía

Lecturas,
contemplaciones
y, de vez en cuando,
palabras en el papel
corren tras lo que quieren decir.
Como esos perros
que ladran a los autos que pasan,
no saben con certeza lo que buscan
ni lo que alcanzan.


Distancias

Al fondo de su casa mi hijo plantó álamos.
Le pregunté porque estaban tan cerca uno de otro
y si eso complicaría su crecimiento.
Me explicó que así se hacía.
Los árboles crecieron firmes,
llevan ya algunos años,
apenas rozan sus ramas.
El viento parece moverlos desde adentro
y de alguna manera quedarse ahí.
Estar juntos les da fuerza,
como a nosotros,
aunque nuestras distancias no estén fijas
y otros aires las muevan.


Final del día

A la ventana de la habitación de la clínica
llega recortada la luz roja del atardecer.
El sol se pone luego de un día que empezó lluvioso
y ahora se despeja.
Vemos apenas
la luz intensa, un fuego breve,
el mismo que estaba al final de la calle
cuando también nosotros
éramos el paisaje.


Padre

Desde su muerte
han pasado muchos años,
demasiados.
El recuerdo
aún camina en mi cabeza.
Un hombre joven
al que yo veía viejo;
la camisa de mangas cortas
abotonada hasta el cuello,
el pantalón de cintura alta,
los zapatos oscuros.
En ése me reconozco
y a veces
hasta llego a creer
que puedo traerlo
de vuelta
para que de verdad
envejezca.
  

Piedras

Cuando mi perro murió hubo que cremarlo.
En una cajita me dieron 
piedras pequeñas de grises distintos.
No parecían cenizas.
Las enterré en un cantero del patio común,
debajo de un cerco. Moví la tierra con las manos
como quien busca un lugar fresco y allí volqué los restos.
A la mañana siguiente, a la luz del día,
algunas piedras, que habían quedado en la superficie,
todavía brillaban. 
Después vinieron horas lentas, un vacío extraño
y el dolor en mi pecho, la piedra más dura.

Fuente: El tiempo suspendido, libro inédito. Gentileza de Raquel Sinelli.

Raquel Sinelli nació en Pergamino, Provincia de Buenos Aires, en 1954. Desde 1974 reside en La Plata. Es poeta y periodista. Publicó: El día pleno (Nusud, 2003), Puertas adentro (Cuadrícula Ediciones, 2012) y La envoltura (Ediciones del Dock, 2013). Próximamente, Proyecto Hybris Ediciones dará a conocer El tiempo suspendido, libro al que pertenecen los poemas compartidos en esta página. De su obra se ocuparon, entre otros, Horacio Castillo, Néstor Mux y Rafael Felipe Oteriño. Este último escribió: “Con tono confidente –por momentos imperioso, como el de un hablar a la conciencia–, Raquel Sinelli deja fluir imágenes familiares de un tiempo vivido. Todas ellas están rodeadas de un aura de verdad. Es lo doméstico que aflora en el poema señalando una dirección que no está en el dominio de la persona sino en la contundencia de los hechos. Su intenso soliloquio, acompañado por presencias, sueños, deseos, recuerdos que reflotan mundos, muestra a las claras que su poesía no es elegíaca sino afirmativa. Esto es: de asunción de las pérdidas y ganancias. Aunque, para una mirada lúcida como la suya, se encuentra atravesada por la congoja de vivir. Porque se trata de una poesía de sutura, de juntar bordes, de acortar distancias –también de aprender a decir adiós–, que traza el invisible puente donde la vida se reconduce en una densidad acrecentada por la experiencia”.

Foto: Raquel Sinelli. Fuente: Facebook.

domingo, 31 de mayo de 2020

Luis Pazos


El cantar de Godofredo de Bouillon
La espada de Dios
(Fragmentos)


I

Ay, Jerusalem.
Las generaciones me recordarán
como el asesino más cruel.
Seré yo para siempre el que cortó
las cabezas de tus enemigos,
el que violó a sus mujeres
y esclavizó a sus hijos.
Seré yo el que convirtió tus calles
en ríos de sangre.
Nunca sabrán que no fui yo el que ordenó la matanza.
Otro lo hizo por mí para que se cumpliera
lo que estaba escrito.
Quiso mi aciago destino que fuera yo
la Espada de Dios.


II

Solo el Señor sabe
a cuántos mutilé sus miembros,
corté sus lenguas y arranqué sus ojos.
Solo el Señor sabe
a cuántos les abrí el pecho
para arrancarles el corazón.
Nunca intenté convencerlos.
Su destino final estaba decidido de antemano.
La cruz que llevo prendida en mis ropas
la gravé a fuego en todo mi cuerpo.
Fue en ella donde crucifiqué a tus enemigos.
No fue por odio mi desdichada Jerusalem.
Lo hice por amor a lo que fuiste,
a lo que eres, y a lo que serás.


VI

No tengas miedo, sombría Jerusalem.
Cuando yo no esté para protegerte,
estarán Baudolino y Eustaquio,
mis hermanos de sangre.
Como lo hice yo,
ellos desatarán el infierno sobre la Tierra.
Los cuerpos de los impuros
serán teas encendidas
que iluminarán tu noche.
No habrá oscuridad
donde puedan refugiarse de nuestra ira.
Los que intenten conquistarte
se ahogarán en el mar de su propia sangre.
No temas madre mía, esposa mía, hija mía.


IX

La espada descansa en mi regazo,
inmisericorde Jerusalem.
Ya no necesito cortar en pedazos
a los que te desean.
Basta que pronuncien mi nombre 
para que huyan al desierto,
donde mueren de hambre y sed,
poseídos por las alucinaciones.
Es el castigo por ser lo que son.
A los que sobreviven, antes de matarlos
les hago cavar sus propias tumbas.
En ellas arrojo sus cuerpos malditos,
que se negaron a ser templo del Espíritu Santo.
Para tu grandeza, Santísima,
maté a más hombres que granos de arena
tiene el desierto.


XVI

Ninguno quedó vivo.
De tus enemigos solo sobrevivió el hedor
de sus cuerpos en descomposición.
Yo, sagrada Jerusalem,
monté guardia frente al Santo Sepulcro.
No dormí, no bebí, no me alimenté.
Nada necesité porque habita en mí
el Espíritu Santo.
El Señor dijo: “A mis enemigos,
a los que se niegan a reconocerme,
traedlos aquí y matadlos delante mío”.
Y así lo hice.
El día aterrador en el que mi torre
de asalto se posó sobre tus murallas
los infieles supieron que los esperaba
el más temido de los infiernos:
la humillación de morir sin intentar,
siquiera, defenderse.
El marido vio morir a la esposa.
El padre al hijo. El hijo al padre.
El hermano al hermano.
No vine a ti para traer la paz sino la espada.
El Reino de los Cielos está hecho
de llanto y rechinar de dientes.


XVII

Yo, tu esposo, por orden del Señor
no necesito el perdón de mis pecados.
Cada infiel que degollé, lo hice
para estar junto a ti en la eternidad.
Matar por ti y para ti, no necesita indulgencia.
En el mar de la sangre que derramé
navegará mi barca hasta tu lecho.
Mi recompensa es hacerte el amor
hasta la locura y mi propia muerte.
Tendremos un hijo que asolará al mundo
hasta lo intolerable. El destino del infiel
es la hoguera y la fosa común.
En ese pozo sin fondo sus quebrados huesos
conocerán el más aterrador de los castigos:
el olvido. Las generaciones nunca sabrán
que osaron desafiarte. Los maté a todos
porque todos eran culpables.
Su culpa imperdonable es haber nacido.


XXII

Aquí, Jerusalem, en el lugar exacto donde el Mesías
fue escupido, abofeteado y crucificado, yo hice justicia.
Ordené a mis caballeros que violaran a todas
y cada una de las infieles. Consumado el rito
las acusé de adúlteras y ordené lapidarlas,
tal como lo establece la ley.
Sus propios hombres las ejecutaron
porque creyeron en mi promesa de perdón.
Les mentí, amantísima, porque el poder siempre miente.
Les rompí las piernas y los arrojé al desierto
para que se arrastraran bajo el sol
implacable de la justicia.
Todos deben postrarse ante tu magnificencia.
Dueño de la vida y de la muerte,
los declaré culpables para siempre.
Para ellos, por los siglos de los siglos,
la sangre derramada caerá sobre sus cabezas,
tal como lo pidieron al pie de su cruz.


XXX

A la medianoche,
cruel Jerusalem,
estrangulé al oráculo
que profetizó en el Sinaí.
Lo torturé hasta el hartazgo
para que confesara los presagios
que dijo haber visto.
Un cuervo habló frente al Santo Sepulcro.
Una oveja devoró a su pastor.
Un árbol caminó.
Un pez que albergaba a un hombre
en su vientre apareció en el Mar Muerto.
Lo degollé, y para mi espanto, la cabeza habló.
Sólo pronunció cuatro palabras.
Lo maldije y escribí en el viento:
quien cree en mí
no morirá aunque esté muerto.


XXXIII

Tus enemigos me rogaron
que les devuelva el don de la palabra.
Arrogantes, me dijeron
que como hombre de Dios,
debía comprender su necesidad
de orar al de ellos.
Les dije que sí y ordené que les arrancaran
la lengua para que no hablaran,
las manos para que no escribieran y
los ojos para que no leyeran.
Como el más justo de los jueces
les otorgué el don del llanto y el alarido:
el lenguaje de los que invocan
a los falsos dioses.
Ama a tus enemigos, dice el Señor
y yo cumplo su mandamiento.


XLI

Dicen los infieles, amor mío,
que tarde o temprano me vencerán
porque el Dios verdadero
habita en ellos.
Una vez más, en mi infinita bondad,
los saqué del error.
Les di de comer carbones encendidos
para que supieran como era el Infierno
que habitaba en ellos.
Iluminados por dentro y por fuera,
los hijos de la oscuridad se consumieron
como hijos de la luz.


XLIV

Mientras dormía con los ojos abiertos
el Arcángel Miguel puso en mis manos
el látigo con el que Jesús
azotó a los mercaderes del templo.
Lo hizo para que flagelara mi cuerpo
hasta expulsar de mi alma
los demonios que la habitan.
La tortura purifica al torturado.
El Señor es mi exorcista.
Bendito sea el Señor.


L

Aquí estoy Jerusalem de mi desdicha,
en el último día de mi vida.
Ya no cabalgaré más veloz que el viento
sobre las arenas en llamas del Sinaí.
Ya no apaciguaré los deseos imperiosos
de mi carne en las aguas heladas del Jordán.
Ya no me azotaré con el látigo de siete puntas
para expulsar al ángel oscuro
que siempre habitó en mí.
Ya no empuñaré la espada que degolló a los tibios.
Ya no caminaré sobre los cadáveres de los débiles.
Ya no abriré mi boca para ordenar
la matanza inmisericorde de los indiferentes.
Ya no beberé en el Santo Grial
la sangre de los que dudaron.
La peste entró en mí como ladrón en la noche.
Pero no temas, amor mío.
Con otro nombre, con otro rostro,
con otras armas, siempre estaré a tu lado.
El Cielo y el Infierno
saben que soy inmortal.

Fuente: Poesía reunida II, Luis Pazos, Ediciones Atelier, Buenos Aires, 2019.

Luis Pazos nació en La Plata el 5 de agosto de 1940.  Viajero incansable, reside actualmente en su ciudad natal. Es poeta, artista conceptual y periodista. En 1971, un jurado compuesto por Alberto Girri, Carlos Mastronardi y César Magrini le otorgó el premio del Fondo Nacional de las Artes por El cazador metafísico, obra publicada al año siguiente por Editorial Noé. Escribió, entre 1971 y 2006, doce libros que son, según sus propias palabras, “producto de la desesperación”. Los cuatro primeros fueron dados a conocer en un solo volumen por Libros de la talita dorada en 2011 con el título El cazador metafísico. Poesía reunida I. Poco después, publicó Señor de la alucinación (Cuadrícula Ediciones, 2013), Poema inconcluso para Luisa Pazos (incluye un CD con el poema leído por el autor, cuya edición estuvo a cargo de Julio César Otero Mancini, edición independiente, 2016) y Poesía Reunida II (Ediciones Atelier, 2019). Como artista conceptual, integró, entre otros, los siguientes grupos: EL Esmilodonte, Diagonal Cero (liderado por Edgardo Antonio Vigo), Grupo de los 13 (organizado por el crítico Jorge Glusberg) y Escombros (del cual fue cofundador). Siendo integrante de Diagonal Cero, publicó en 1967 dos libros-objetos: El dios del laberinto y La corneta. El primero es una botella tapada con un corcho, a la manera del mensaje de un náufrago; el segundo consiste en diez poemas fónicos enrollados en el interior de una corneta de plástico. A éstos, deben sumárseles dos libros de poesía visual compartidos con Claudio Mangifesta, publicados en los últimos años: Letra suelta (Tiempo Sur Ediciones, 2015) y Del silencio como mirada (Tiempo Sur Ediciones, 2016). De su vida y su obra se ocupó Fernando Davis en el libro Luis Pazos. El fabricante de modos de vida. Acciones, cuerpo, poesía (Document-Art, 2013). Participó, asimismo, en numerosas exposiciones en diversas ciudades del mundo. Su primera muestra retrospectiva tuvo lugar en el MACLA (Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano) en 2013. Pazos –para quien el arte es “un acto de libertad” y una herramienta de crítica y denuncia social– fue, en la Argentina, uno de los primeros impulsores del arte de acción y del arte de intervención en espacios públicos y lugares no convencionales, como supermercados y discotecas. Recientemente, algunas de sus obras (“La cultura de la felicidad”, “Monumento al prisionero político desaparecido, “Proyecto de solución para el problema del hambre en los países sub-desarrollados según las grandes potencias” y “La realidad subterránea”) fueron incorporadas al patrimonio del Museo Reina Sofía de España. En su carácter de periodista, trabajó para varios diarios y revistas (Diario PopularSomosPerfilEl DíaGenteClarín) y publicó los libros No llores por mí, Catamarca (con Alejandra Rey, Sudamericana, 1991), Así se hace periodismo (con Sibila Camps, Beas Ediciones, 1994), Ladran, Chacho (con Sibila Camps, Sudamericana, 1995), Graciela, esa mujer (Perfil Libros, 1997) y Justicia y televisión. La sociedad dicta sentencia (con Sibila Camps, Perfil Libros, 1999). “El cantar de Godofredo de Bouillon. La espada de Dios”, reproducido parcialmente en esta página, es un extenso poema compuesto por cincuenta cantos e incluido, junto a “Señor de la alucinación” –otro poema de largo aliento–, en Poesía reunida II. Para conocer mejor al protagonista y entender el sentido crítico de la obra, vale la pena trascribir el prólogo del autor:

Godofredo de Bouillon nació en Boulogne, Reino de Francia, en el año 1058 d. C. y murió en Jerusalem, en el año 1100. Fue el jefe de la primera cruzada, la única en la que triunfaron los príncipes cristianos. Godofredo recibió la orden del Papado de librar la ciudad, en ese momento en manos de los musulmanes. Sitió la ciudad durante cuarenta días y exterminó a musulmanes y judíos. Lo hizo sin piedad, hasta tal punto que la sangre de sus enemigos corrió por las calles como si fuera un río. La reconquistó a sangre y fuego. Fue un guerrero feroz y a la vez un creyente de alta espiritualidad. Su coraje legendario hizo que le ofrecieron ser el Rey de Jerusalem. Rechazó el nombramiento aduciendo que él no era digno de portar una corona de oro cuando Jesucristo soportó una de espinas. Solo aceptó ser nombrado Defensor del Santo Sepulcro.
Fue el personaje más popular de la Edad Media, a tal punto que el célebre escritor italiano Torquato Tasso escribió su biografía que lo muestra como un héroe cristiano.
Mi libro no es, desde ya, un libro de historia. Es mi interpretación de su psicología y de su concepto del cristianismo. En él convivieron el cielo y el infierno sin que se arrepintiera de nada.  Más allá de Godofredo, el personaje principal es el poder y las consecuencias, siempre terribles, de quien lo ejerce.
Hoy, mil años después, Jerusalem sigue siendo el campo de batalla de las tres religiones más poderosas del mundo: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. ¿Estamos muy lejos de la edad de las tinieblas?

Foto: Luis Pazos. Fuente: Facebook.

domingo, 3 de mayo de 2020

Matías Fittipaldi


3-De los hijos

Trastocado el mísero
orden de nimiedades:
los regímenes
que gobiernan los estantes de mis libros,
las secuencias de los CDs,
el descanso programado
de los lunes,
el goce burocrático del tiempo,
el egoísmo compartido de la pareja.

Día a día una revolución.

Todo se subvierte y sucumbe
al jacobino ímpetu

de los hijos.


10-Fronteras

Cómo cruzar esa frontera
donde el viento
incontrolable
oscurece el horizonte,
remueve la marea.

Allí donde no se distingue
la proa de la popa,
el sol de la luna,

y la esperada claridad
se hunde
en las peores pesadillas.


14-Cuando callo

Cuando callo trago árboles, rocas,
cúmulus nimbus, pequeños estuarios,
ciempiés que cosquillean mi garganta.

Cuando callo trago cada una
de las veces que sangré por amor,
un puente del arroyo
de infancia,
la insoportable eficacia
de la muerte.

Cuando callo trago
los destinos que no quiero transitar,
las artes ocultas del miedo
y la desazón,
el pequeño apocalipsis
del llanto.

Cuando callo
y descanso
en la planicie cómplice
del silencio.


16-Los amantes

Polizones del tiempo
viajan
por un espacio invisible,
retornan
de un más allá
sin gravedad

ciudadanos
de un país inesperado
que surge
en la vecindad del secreto

sus reglas rompen
todo orden patrimonial

con la tinta de la ocasión
rubrican sus nombres recónditos

criaturas inacabadas,
su condición es la indigencia.


25-Go ahead John (*)

Por ruta 29
entre General Belgrano
y Casalins
un hongo negro de nubes
encapotó el horizonte.
Desde sus entrañas
destellos intermitentes parecían
vomitar al mismo diablo
encima nuestro.

Un rayo
en medio de la pampa húmeda
descargó su torrente eléctrico
iluminando la planicie.

La trompeta de Miles Davis
soplaba el frente frío
y la masa de aire caliente
ascendía en volutas.

El látigo de la guitarra
de John McLaughlin
se convirtió en una señal
que se alejaba con las ráfagas
de viento y lluvia,
como un holograma.

Una serpiente de sonido
retorciéndose furiosa,
cargada de electricidad
estática,
reverberaba.

Una especie de tornado
cruzó delante del auto,
elevando por el aire
una motosierra en funcionamiento.

El camino apenas se divisaba,
un cable de alta tensión
hacía chispas
sobre el asfalto,
ruidos de motores
llegaban desde el vórtice.

La tormenta pasó,
la calma volvió al campo
mojado, estremecido
por el vendaval.

Miles y John
me saludaron sonrientes
desde ambos lados
del camino,
Teo Macero bajó el volumen
en la consola del cielo.

(*) "Go ahead John", del disco "Big fun" de Miles Davis.


26-Palabras

Cruzan como una ráfaga
mi pensamiento

y despiertan en mí el deseo
de adivinar su sentido,

de armar la estela de
sus ideas

perseguir esas huellas
que se escapan
entre los caprichos del día

como esa melodía
que resuena en el cuerpo
trayendo ecos de otro tiempo

sonidos que dialogan con el sentido
en busca de un nuevo hospedaje.


29-Pesca

–Descansa, pajarito, descansa –dijo–. Luego ve a correr
fortuna como cualquier hombre, pájaro o pez.
                                                            Ernest Hemingway

Encarno y tiro la caña,
la esperanza flota
a pesar del lastre.

La laguna no dice nada.

El otro lado de la espera
sepulta certezas,

guarida de fantasías
que resiste vientos de lo real.

Peces ocultos
persiguen
señuelos del hambre
y la sed

como imágenes  
se enredan en    
anzuelos del tiempo

Fuente: Gentileza de Matías Fittipaldi

Matías Fittipaldi nació en Mar del Plata en 1977. Vivió en Ayacucho. Desde 1995 reside en La Plata. Es Licenciado en Psicología. Trabaja en el Área de Salud Mental de PAMI y participa del Colegio de Psicólogos de La Plata. Publicó: Pájaros como palabras (poesía, 2014). Los poemas incluidos en esta página son inéditos y forman parte de su próximo libro.

Foto: Matías Fittipaldi. Fuente: gentileza de Matías Fittipaldi