miércoles, 11 de mayo de 2016

Gustavo Caso Rosendi


Estoy saliendo. Algo hace fuerza, algo
que no soy, me ayuda, me destierra.
Alguien dice es un varón.
Alguien me recibe.
Su pecho es agrio.
Bebo lo cuajado.
Vomito.
¿Qué estoy haciendo aquí?
¿Quién ha osado despertarme?

Mi territorio ha ido a parar a la basura.



La noche se engendra en sus ojos.
Sus dedos trituran arroces. Es como
un molino que no puede dar nada.
En el susurro del rezo, las manos le tiemblan
como si disparara una ametralladora.
Dios me castigará, piensa, nos castigará a todos.
Afuera, llueve.
No habrá diluvio, al menos esta vez, aunque
ella quisiera que se termine el mundo.
No puede tener otra cosa entre las manos
que el pobre rosario y una colección de
espantosas estampitas.

Se ha muerto hace ya tiempo; aunque sigue ahí,
sentada, esperando el azote que la redima.
Absolutamente convencida de que la vida
no ha servido de nada.

Y yo me voy –no se da cuenta–.
Nunca fui un santo. Sólo pretendía
ser un hijo. Pero no pude.



A Nelly Pacheco,
  a Jorge y Oscar Arballo

¿Te acordás cuando me decías
que el río era peligroso mientras me tiraba
en ese pozón y me aguantaba tanto ahí abajo
que te llevaba a pensar que no saldría
y vos mirabas hacia todos los lados del remolino
y te desesperabas como si mi actitud hiciera que nunca
hubieras sido madre más que de una espuma amarillenta
que se iba disolviendo en la corriente?
¿Y te acordás cuando salía como un pez que nunca antes
nadie hubiera visto y vos eras feliz
porque no me habías perdido?

¿Te acordás cuando ibas en busca
de una toalla y me envolvías?



A Carlos Aprea

Estás deshidratada, me dicen.
Al lado de tu cama un fierro de esos
que sostienen al suero, pero sin suero
está cuidándote.
Te riego como si fueras una planta.

¿Te acordás –me decís, entre dientes–
aquel día en que viniste a casa con tu bolso
y no parabas de llorar?
–Sí, cómo olvidarlo. Puse mucho de mí
para salir de eso. De lo contrario tu ayuda
no hubiera servido para nada.
¿Pero qué estás poniendo vos, ahora?

Cuando arranco miro los árboles de la cuadra.
Verdes, muy verdes, sacudiéndose en el frío.
Ellos sí que saben arreglárselas.
La vida es tan sencilla, tan elemental,
tan poderosa en su pulsión.

Pulsión. Esa es la palabra que debería
haber colgado de ese fierro
para que se quede ahí con vos
todo lo que dure este domingo.



Llevo una pala invisible.
La dejo en un rincón, para luego besarte.
¿Pero por qué siempre el que ha besado
fue uno solo, mamá? Mis mejillas también
de alguna manera están enfermas y esperan
que vengas todavía a caballo del cuento
que nunca me contaste.

Te miro como lo hacen los buitres,
desde una rama alta y retorcida.
Van a darte de comer.
Cada vez que van a darte de comer, me voy.
Me agarra el miedo y no me suelta.
No quiero verte comer así
como lo hacés ahora.
Pareciera que estás comiéndome.

Miro al rincón. No sé si dejar la pala
o llevarla conmigo.
Me la llevo.
Sin ella no sabría de qué manera salir.
Ni cómo regresar.



El destino de estas rosas
no era otra cosa
que dejártelas
en la tierra removida.
Por eso las compré.
Ya estaban cortadas,
moribundas.
Fue para darles algún tipo
de sentido; no por vos.
Fue por las rosas, mamá.
Tuve mucha pena por ellas.
Vos entenderás.

No estoy llorando. Sólo tengo
estrellas en los ojos.

Fuente: Lucía sin luz, Gustavo Caso Rosendi, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2016.

Gustavo Caso Rosendi nació en Esquel, Chubut, en 1962. Reside en La Plata. Publicó los siguientes libros de poesía: elegía común (edición artesanal, 1987), bufón fúnebre (Último Reino, 1995), soldados (Ministerio de Educación de la Nación, 2009, reeditado este año por Último Recurso) y Lucía sin luz (Ediciones El Mono Armado, 2016). Cabe agregar que la primera edición de soldados incluye un cuadernillo anexo para uso pedagógico en las escuelas como material destinado a la capacitación de docentes en temáticas relacionadas con la memoria crítica de la historia argentina. Poemas suyos figuran en varias antologías, entre ellas: El viento también recuerda (compilación de textos de ex combatientes de Malvinas, Último Reino, 1996), 8 poetas regionales (Editorial Vinciguerra, 1997), Poesía 36 autores (La Comuna Ediciones, 1999) y Naranjos de fascinante música (Libros de la Talita Dorada, 2003). En 2000 grabó junto a Martín Raninqueo el CD titulado Poemas. Acerca de Lucía sin luz, escribe Leopoldo Castilla en la contratapa del libro:

Hay poesía –y no es demasiada ni frecuente– que se impone por su implacable desnudez. Como una espada. Este es el caso de Lucía sin luz este nuevo libro de Gustavo Caso Rosendi donde se consolida, con igual certeza expresiva, un lenguaje impulsado por una conmoción interior que, aun en los cuadros más feroces, no cede a fáciles efectismos. Ni claudica en su alta tensión.
Estamos ante una voz con un perfil inconfundible que hace de Caso Rosendi un nombre en la primera línea de la poesía de su generación, calidad que ya se vislumbraba en soldados, libro en el que recogió la experiencia de los combatientes en la guerra de las Islas Malvinas.
Atraviesan estos poemas tallados en carne viva, un racconto de despedida con la madre y un monólogo del hijo. Y son simultáneos la muerte de ella y el nacimiento de él. Los versos no se permiten ninguna concesión que viole su certitud: No más nacer la criatura, dice: “Mi territorio ha ido a parar a la basura”. Y después, frente a la madre yacente: “beso tu mejilla como si besara tu lápida”.
Un discurso directo en el que verso a verso el lector es vulnerado por golpes de despojada hondura en un conjunto de alto y claro talento.

Foto: Gustavo Caso Rosendi. Fuente: Lucía sin luz, Gustavo Caso Rosendi, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2016.

7 comentarios:

  1. Una primera lectura de estos poemas de Gustavo no puede menos que llevarme a escuchar ese diálogo monólogo del hijo con la madre, que es también con la vida y la muerte. Cada poema guarda hasta el final la ambivalencia de la ternura y el desasosiego. Y uno queda, no sé muy bien, si con la pala o con las rosas.

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  2. Qué buen libro se ve...ya desde sus poemas de Malvinas , Gustavo sabe como emocionar sin herir, reflexionar poéticamente de aquelsuceso nada poético. Felicitaciones al poeta y a Cesar Cantoni por su bolg, mis cariños, Elizabeth Molver

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    1. Gracias, Elizabeth.
      Un abrazo y mi recuerdo.

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  3. Acuerdo del todo con Alfredo y me permito citar estos sonoros y bellos versos del autor que acabo felizmente de conocer: " ¿Y te acordás cuando salía como un pez que nunca antes
    nadie hubiera visto..."

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  4. Cuanta belleza en estos versos, Gustavo. Nombrar todas las "heridas" como si fuesen una sola. Excelencia en tu mirada.

    abrazo fuerte Gustavo, también a vos César

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  5. El destino de estas rosas, hermoso poema. Gracias!

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