miércoles, 11 de febrero de 2015

Mariana Finochietto


10

Amar a un hombre bueno
es entregar
el lado más inocente
del corazón.
Los hombres buenos
no son piadosos
en el amor.
No les bastan
las miradas de Gorgona,
las noches desmesuradas,
las palabras
de fuego.

Los hombres buenos
no quieren
otra cosa
que quedarse
con lo más puro
que tenemos.

13

Llegás
como la lluvia
algunas tardes,
con un rumor
suavecito
de agua clara,
y dan ganas
de bailar
descalza y niña
sobre la hierba
fresca y verdecida.

Llegás.
Y yo te espero
detrás
de mi última inocencia.

17

La tarde
se detiene,
suspendida
en los hilos
de luz
que teje
y desteje
el viento
entre las ramas.

En este instante
de pájaros agrestes,
la pureza
y la crueldad
son las únicas
certezas
sobre el mundo.

21

¿Adónde van
estas ganas de reír,
de escapar corriendo
por los montes,
descalza y sin aliento?
¿Adónde va
este salvaje impulso
de vivir,
deslumbrada de sol?
¿Adónde se esconde
el ansia
de ser más
que esta mujer
que cierra las ventanas
cada noche?

33

Las mujeres de mi casa
me enseñaron,
junto al oficio de los fuegos,
a coser prolijamente
en puntadas
simétricas,
exactas.
Punto a punto,
eslabones de una cadena
perdida en el origen
de los tiempos.
Minuciosa,
he bordado cuarenta años
la engañosa trama.
Nadie supo
cuántas noches
a la luz severa de las velas
cosí mis alas
con hilos de agua.
Nadie sabe
que sólo espero
la gracia
de una noche sin luna,
y una brisa propicia.

38

Ya no quiero
escribir sobre el amor
ni sus sórdidos
espejitos de colores,
deslumbrantes baratijas
de algún genio maligno.

Ya no quiero
escribir del desamor,
ni de la loba herida
que desgarra mi carne
cada noche
que el insomnio
me derrota.

Me bebí de un trago
las grandes palabras
y ahora
sólo quiero
sentarme a la orilla de un verso
que me sane.

46

Las manos
despiertan
el día
al abrir las ventanas.

Las manos
peinan hijos,
limpian, lavan,
planchan,
guardan la rutina
en prolijos cajones.

Llegada la noche
cierran las ventanas,
acuestan los niños.
Cuando llega el sueño,
si es que el sueño llega,
al cerrar el libro,
vuelan a tu almohada,
como las gaviotas
dueñas de una playa
desmesuradamente
sola.

Fuente: Cuadernos de la breve ceguera, Mariana Finochietto, La Magdalena Editora, La Plata, 2014.

Mariana Finochietto nació en General Belgrano, Provincia de Buenos Aires, el 24 de enero de 1971. Desde hace 15 años vive en City Bell, Partido de La Plata. Tiene cuatro hijos. Estudió Letras y luego derivó hacia la bibliotecología y la filosofía. Según confiesa, pasó su primera infancia rodeada de animales, árboles y libros. Dice también que ama las playas solas y los libros usados, todo lo cual se refleja claramente en su poesía, que no necesita apelar a “grandes palabras” ni recursos complejos para seducir y conmover. Cuadernos de la breve ceguera (2014) es su primer poemario publicado.

Foto: Mariana Finochietto. Fuente: Gentileza de Mariana Finochietto.

6 comentarios:

  1. Coincido con leila. Gracias César por darnos a conocer la poesía de Mariana y felicitaciones a ella, por supuesto.

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    1. Gracias, Valeria, por tu comentario.
      Saludos y un abrazo.

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  2. lo mejor que he leído en los últimos tiempos, brillante y simple. Gracias

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  3. Me encanta... es como si tuviese las palabras que una quiere decir y no puede o no sabe decirlas.

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