sábado, 3 de mayo de 2014

Pedro Mario Delheye

























Campana melancólica

Campana melancólica que en la tarde tranquila
sollozáis dulcemente ¡yo sufro en vuestro llanto!
campana que tenéis el indudable encanto
de un agua fresca y pura y un grato son de esquila.

Reproche de una hermana semeja vuestro acento,
sonáis tan dulcemente como una voz hermana;
¡clarines de la tarde, plegarias del convento
sonoras en el oro de la paz aldeana!

Bronce dulcificado por largas oraciones,
que llamáis a los simples labriegos de la villa
para rezar el ángelus. Piedad fuerte y sencilla
que restañáis la roja miel de los corazones.

Oh, voces de la tarde, dolientes, soñadoras,
que vibráis en la paz de los viejos canales;
voces amigas, ¡largas voces angelicales!
puras en el silencio humilde de las horas.

¡Oh, corazón sencillo! Yo escucho vuestro acento
que dice en mis oídos como una voz hermana;
¡clarines de la tarde, plegarias del convento
sonoras en el oro de la paz aldeana!

Fuente: La vida interior y otros poemas, Pedro Mario Delheye, Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919.

Pedro Mario Delheye nació en Buenos Aires el 6 de febrero de 1894. Llegó a La Plata en 1897 y a los 20 años se recibió de abogado. Fue cuñado de Francisco López Merino. Publicó un libro de poesía: La vida interior (Editorial Nosotros, Buenos Aires, 1917). Dicho libro fue reeditado, con el agregado de sus creaciones póstumas, al cumplirse el primer aniversario de su muerte como La vida interior y otros poemas (Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919). Murió en La Plata el 9 de octubre de 1918. Delheye integra, junto a Mendióroz, Ripa Alberdi y López Merino, el cuadro de honor de la “generación del 17” o “primera generación platense”, conocida también como “primavera fúnebre” y “primavera trágica”. Su poesía, heredera del simbolismo de Rodenbach y Samain, pero también del parnasianismo y el modernismo, transmite una fuerte religiosidad que la diferencia de la escrita por sus pares platenses. En ella, según Gustavo García Saraví, “La Plata oficia de simple aunque eficaz agente catalizador. La ciudad perfílase en tácita sobreimpresión. Las arboledas, las muchachas (las mismas de Alberto Ponce de León), los templos, la vida social, las comodidades, la prosperidad, la despreocupación, cumplen acabadamente su tierna y pacífica tarea de ser un tiempo, una población, una inquietud, un señorío, únicos e intransferibles. Pero hay una característica principal: en la casi totalidad de sus estrofas surgen, desde los abuelos y los sueños prenatales, bellos y brumosos paisajes flamencos, allá en la lejana Brujas...”

Foto: Pedro Mario Delheye. Fuente: La vida interior y otros poemas, Pedro Mario Delheye, Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919.

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