jueves, 8 de marzo de 2018

Teresa del Valle Salinas


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Feliz habito en la trampa que construye el tiempo en el reverso de la normalidad. De lo aceptado. Feliz de que la loca de la casa despierte. Desde ese altillo, contengo el vacío y pueblo la ignorada totalidad del mundo.


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La vida es como una cascada: si no hubiera piedras en el camino, no habría canción.


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Nacer y morir son accidentes. Ambos nos hacen uno. El reto es seguir cantando para seguir viviendo. El mejor trabajo que tengo, es morir dulcemente.


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Es temprano. A solas, lo celebro. Domingo de Marzo. Voy a desayunar. Vivo el concierto de cigarras, la naturalidad con que los pájaros bajan y se alimentan a mi alrededor con las migajas de la noche esparcidas en la vereda. Una suave brisa mece el verde iracundo de los árboles. City Bell en esta época es un alarido vegetal. Inauguro el día, como si inaugurara la vida.
Nam miho ho rengue kio.


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La pequeña casa es sólo un punto en el rectángulo verde en el cual sobrevive. Ha pasado los sesenta años y, como muchas, tendría que transformarse en una moderna construcción. Pero no. Y aquí juega mi instinto. Es más placentera anexada, como un detalle apenas, a la lujuria de la naturaleza, a la gestión consecuente de la lluvia.
Un detalle entre las plantas.

(A Maruca Gaytan)


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Alimenta el aroma a lecho tibio, la mano posada en la frente del desasosiego. Ahora mi maternidad es de piel afuera. A esta edad no hay útero oficiante. ¡Hijas!, su madre es como un cactus. Mientras acopia el agua para toda la sed, las defiende del mundo con espinas.


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Están sentados. Ella a una mesa mirando al Norte. Él a la misma mesa mirando al Sur. No se ven ni se miran, no se hablan, no se tocan.
Agradezco mi soledad.


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La ciudad es una brasa. Para mañana anuncian treinta y siete grados de máxima. La temperatura es siempre la misma para quienes viven a la intemperie. Mientras los niños silban su miseria y la mugre en sus manos les borra las huellas digitales, los responsables de su belleza veranean. La ciudad, repito, es una brasa, un cuerpo ulcerado. Sus llagas dejarán cicatrices.
Y en ellas no se podrá plantar ni un poema.


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La masa apesta. Por los ingredientes que le sobran. Por los ingredientes que le faltan. Por todo lo que le agregan. Por el precio que deben abonar. El pan es el artículo más caro del mundo cuando se paga con la dignidad.
Y sin trabajo.


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Vale sentir el amor, cuando el cuerpo jadea. La piel sigue siendo el mágico cobertor en el que se escriben poemas. Uno sabe, entonces, que la eternidad es un instante. El cuerpo tiene su propio diccionario. Es esa cajita de Pandora que ahora no encuentro.

Fuente: La certeza del árbol, Teresa del Valle Salinas, Barataria, Buenos Aires, 2014.

Teresa del Valle Salinas nació en Chilecito, Provincia de La Rioja. Actualmente, reside en City Bell, localidad perteneciente al Partido de La Plata. Es abogada y especialista en Ciencias Políticas. Fue docente universitaria. Como escritora, cultiva la poesía, la narrativa y el ensayo. Su obra poética publicada comprende los siguientes libros: Poemario (Ronda Literaria, 1980); Alas en mi mundo de arena (Amaru, 1986); Detrás de la memoria del Ángel (El Francotirador Ediciones, 1999); La mirada de Orfeo (Cuadernos de Sudestada, 2001, 2005); Con los labios líquidos (Ediciones del Copista, 2004); La tierra paralela (Último Reino, 2006); Cantos de Erato (Barataria, 2007); La certeza del árbol (Barataria, 2014). Poemas suyos fueron incluidos en varias publicaciones colectivas; entre ellas: Anuario de poetas contemporáneos (1978, 1979, 1980); Chilecito en el canto de sus poetas (1984); Poesía argentina de fin de siglo (1997); Antología de poetas riojanos de fin de siglo (1999); Poetas argentinos del año 2000 / Inventario relacional de la poesía en español (Madrid, 2001); Cien poetas del mundo (México, 2006). En 2014, Bauprés Ediciones Independientes dio a conocer su libro de relatos La abuela Matilda. Participó en encuentros y simposios de literatura en Uruguay, Chile, Venezuela, México y Bolivia. Colabora con revistas nacionales y extranjeras.

Foto: Teresa del Valle Salinas. Fuente: La certeza del árbol, Teresa del Valle Salinas, Barataria, Buenos Aires, 2014.

5 comentarios:

  1. Qué buenos poemas. Después de leerlos me quedé con la sensación de que cada poema tiene una palabra como cuchilla que desmaleza y deja solo lo que sirve.

    Saludos poeta y fuerte abrazo César

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    1. Gracias por tu comentario, Fernando. Otro abrazo para vos.

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  2. Hola, Teresa!! Muy bueno lo tuyo. Hace un tiempo nos conocimos en un encuentro de poetas y a partir de unos versos tuyos hice unos mios...la magia de la poesía!!

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  3. Qué lindo escribís !!!!!
    te quiero mucho.
    Niña patri

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