jueves, 11 de julio de 2013

Ana Emilia Lahitte




















El padre muere
(Fragmento)

A

EMILIO JUAN LAHITTE

ese señor callado y pensativo

que fue y que es

mi padre

1

La muerte
está en la casa.

Largo exilio
el de mi pulso
sin su voz de hiedra.

La muerte
ha vuelto.
Intacta.
Nos conoce.
Nos conocemos
hace tanto tiempo.

2

El padre muere.

Se ha convertido en niño.

Infinita tristeza.
Luz de lluvia.

3

Pasan
los largos días
y las noches.
Y los amaneceres.

Casi pide disculpas
por no morir.
Procura
aun inconscientemente
no molestar.

Procura
ayudar en su trance
de muerte
tan vivida.

4

Confía en mí.

El padre
necesita depender
de mi amparo.

En esa invalidez
hay una grávida ternura
desprendida.

Y percibo su apoyo
al apoyarlo.

5

Acusa
la fatiga
que suele dibujarse
entre mis rasgos.

Se yergue
con su muerte.

Y vuelve a ser
el padre.

6

Hasta
hace pocos días
este hombre que muere
con dignidad
severa reservada
era el gran fumador
el gran lector
el caminante
de la ciudad tranquila.

Lo miro
y me repito
que pronto no habrá nadie
en el lugar de siempre.

El lugar de la vida.

7

Ha llegado la muerte.

Los recuerdos
que jamás tuve antes
me rodean.
Rodean a mi padre.
Lo sostienen
lo reconstruyen.
Y nos encadenan.
Los buenos tiempos
los que no fueron
lo que fue nuestra gente
–nuestros muertos–
se superponen rondan.
Nos acechan.

Mientras
yo curo al padre
lo desnudo.
Y descubro su carne
escarnecida.

8

¿Cómo
nos ve mi padre?

Lo miro reclinarse
en el vacío.

Hace un gesto hacia atrás
y nos contempla.

No dice nada.
Invade el infinito.

La Plata, mayo de 1971

Fuente: El padre muere, Ana Emilia Lahitte. Editorial Vinciguerra SRL, Buenos Aires, 2006.


Ana Emilia Lahitte nació en La Plata el 19 de diciembre de 1921. Su labor creadora abarca la poesía, la narrativa, el ensayo, el teatro y el periodismo. Como poeta publicó, entre otros libros: Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), Insurrecciones (2000), El padre muere (2006) y Gironsiglos (2006). Entre sus ensayos y compilaciones poéticas figuran: Veinte poetas platenses contemporáneos (1962), María de Villarino (1966), Roberto Themis Speroni (1975) y Cinco poetas capitales (1995). Obtuvo, asimismo, numerosas distinciones, algunas de las cuales son: Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Puma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994) y Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999). Creó y dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina, llegando a superar con el sello Hojas y Cuadernos de Sudestada las 300 publicaciones. Su obra fue recogida en varias antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre. Murió en su ciudad natal el 10 de julio de 2013.


Foto: Ana Emilia Lahitte. Fuente: El tiempo, ese desierto demasiado extendido, Ana Emilia Lahitte, Hojas y Cuadernos de Sudestada, La Plata, 1993.

martes, 9 de julio de 2013

Pedro V. Blake





















Mediodía en el puerto

Derrumbe de ruidos desiguales.
Rodar de palabras sin sentido.

Una cadena de hombres
va y viene.
Rostros de sacrificio.

La chimenea de un vapor escupe
al cielo
un largo silbido negro,
envuelto en humo.


Paisaje

A su alcoba,
la tarde
se ha llevado al viento
para hacerlo su amante.

La esponja del silencio
se ha absorbido
todos los rumores de la hora.

El crepúsculo
–inanimado como un muerto–
espera
la carroza fúnebre
de la noche.

El rostro azul del cielo
se ha llenado
de pecas luminosas.


La motocicleta

Como un grito.
Como un pistoletazo.
Como un golpe en la nuca.
Como una carcajada histérica.
Como un asombro.
Lo imprevisto.
Principio y
consecuencia.
Instante que es
y desaparece.
El estampido
y la fuga violenta.
Oh...!
La carrera loca de la motocicleta
con el escape libre...!
Concreción del heroísmo,
atravesando a insultos
por las rendijas
del tráfico apiñado
de la ciudad.
Yo admiro tu orgullo intrépido
y esa desinteresada,
íntegra
entrega de pasión
con que corres al viento.
Vivo impulso enérgico
que no temes al cataclismo
de estrellarte
y volar
por los aires
en pedazos.
Concepto puro de felicidad terrena.
En el minuto infinito
de tus anhelos,
mi alma entrega en goce
sus ansias de eternidad.

Fuente: Contraluz, Pedro V. Blake, Ricordi, Buenos Aires, 1924.


Pedro V. Blake, cuyo nombre completo era Pedro Viñals Blake, perteneció a la “Generación del 17” o “Primera Generación Platense” y fue uno de los pocos poetas de La Plata que adhirió, aunque sólo esporádicamente, al vanguardismo. Es difícil determinar con exactitud los datos referidos al lugar y la fecha de su nacimiento y de su muerte. Según consta en un artículo de Graciela Scocco, titulado “Cerámica, medio artístico y coyuntura político-cultural”, habría nacido en Rosario. Se sabe, en cambio, que estuvo ligado al Grupo de Florida y que mantuvo estrechos vínculos con muchos de sus integrantes. Hay una foto de 1924, tomada en la quinta de Victoria Ocampo, en San Isidro, donde puede vérselo junto a Pedro Enríquez Ureña, Emilio Pettorutti, Rabindranat Tagore, Guillermo Korn e Isabel Lombardo Toledano de Enríquez Ureña, entre otros.  En otra foto, publicada en 1926 en la revista Martín Fierro, de la cual fue colaborador, puede vérselo también junto a un nutrido número de martinfierristas, en ocasión de un agasajo al jefe del movimiento futurista, Filippo Tommaso Marinetti, presente en Buenos Aires. En la misma foto aparece otro platense: Francisco López Merino. Guillermo Ara, por su parte, lo incluyó en su antología Los poetas de Florida, publicada por el Centro Editor de América Latina en 1968. Blake, que además colaboró con la revista Valoraciones de la Universidad Nacional de La Plata y otras publicaciones de la época, fue, asimismo, artista plástico y crítico de arte. A propósito de una exposición de cerámicas organizada por él y Adolfo Travascio en La Plata en 1919, el diario La Nación se refirió por entonces al trabajo de ambos como un “encomiable empeño de contribuir a la creación de un arte decorativo puramente nacional inspirado en motivos calchaquíes y otros autóctonos”. Su obra poética publicada comprende tres libros: La quietud de la fronda (con ilustraciones de Adolfo Travascio, 1921), Contraluz (con cubierta ilustrada por Emilio Pettoruti, 1924) e Interregno, publicado póstumamente (con ilustraciones de Raúl Soldi, 1933). El primero y el último de los libros mencionados responden a la estética posromántica, mientras que Contraluz incursiona en el campo de la vanguardia y tiene notorios rasgos futuristas.


Imagen: Pedro V. Blake (foto recortada). Fuente: www.lacapitalmdp.com

lunes, 1 de julio de 2013

Carlos Albarracín Sarmiento





















Fundación de La Plata

Para construir una ciudad es necesario,
simplemente, una calle.
O más bien una puerta de calle y un balcón.
Lo demás se hace solo, ya sabemos.
Una vereda que se desenrosca
y se muerde la cola.
Unos árboles bien ejercitados
para que anden en busca de una plaza.
Y después los vecinos fundadores
con barbas en el palco y con banderas.

Fuente: Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963.


Sábado

Cayó el sexto día. Tal vez fuera
el cansancio. Sabe Dios si no era
una lágrima ese gota salada
caída sobre el mundo la sexta madrugada.
La tierra se mojó. Hubo mar.
Hubo barro. Hubo Adán. Hubo Eva.
Hubo, naturalmente, cosas que contar.
Y después, según dicen, ninguna cosa nueva.

Fuente: Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963.


Refranero del vuelo

Volar es fácil ¿no es verdad? Se toma
impulso para el salto y, en el aire,
uno se deja estar, como de broma,
con aire de donaire y al desgaire.

Hecha la ley, hecha la trampa. Cierto
es que la ley de gravedad es grave.
Empezando a volar he descubierto
que empezar a volar cualquiera sabe.

Volar es fácil. Empezar es fácil.
El ave, el ángel, saben el secreto
combate de lo grave y de lo grácil.
Hay que cantar no más y ser discreto.

Fuente: Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963.


Ángeles de papel

Ángeles de papel, ángeles líricos.
Los de Cernuda tienen alas
para el amor de sal y yodo
y, como los de Alberti, van pesados,
perdido el hábito de andar en tierra
(yo puedo verlos cuando el ancho río
se acuerda de ser mar).
En cambio los de Lorca
van por el cielo herido
con albos abanicos y guirnaldas
y jazmines diminutos
(los míos son discretos:
se detienen demorados por puntos suspensivos).

Fuente: A verso traviesa, Carlos Albarracín Sarmiento, Ediciones de la Utopía, Mendoza, 2009.


Versos de cierta edad

A cierta edad
la incertidumbre crece
o simplemente se descree.
El tiempo no confirma
ni conforma;
lo lejano se acerca,
lo prójimo se aleja.
Pero, gracias al cielo,
uno, que no se reconoce otro,
aunque ya no presienta
sus poemas,
todavía versea
(o viceversea).

Fuente: A verso traviesa 2, Carlos Albarracín Sarmiento, Ediciones de la Utopía, Mendoza, 2010.

Carlos Albarracín Sarmiento nació en La Plata el 1° de mayo de 1926. Estudió en la Escuela Anexa, en el Colegio Nacional “Rafael Hernández” y en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. De esta última egresó con el título de Profesor en Letras. A partir de entonces, se dedicó a la docencia y la investigación lingüística y literaria. Durante muchos años, trabajó en Estados Unidos hasta que, en 1986, se retiró como Profesor Emérito de la Universidad de California. Fue poeta, crítico, ensayista y autor teatral. Entre sus obras publicadas, cabe mencionar: Tres cielos (poesía, 1939), Solfeo lunar (poesía, 1943), Versos, preversos, poesía prevertida (poesía, 1959), Juana la Loca (teatro, 1963), Estructura del “Martín Fierro” (ensayo, 1981) y Aquí andamos (poesía, 1990). Póstumamente, Ediciones de la Utopía dio a conocer A verso traviesa (2009) y A verso traviesa 2 (2010), libros que reúnen poemas escritos en los últimos tiempos. Son muy ponderables, asimismo, sus trabajos publicados en revistas y volúmenes colectivos, como “Pronombres de primera persona y tipos de narrador en 'La Araucana', “Sarmiento y la retórica”, “Literatura y realidad en 'Las babas del diablo', de Cortázar” y “Mesianismo paródico. Raspando la cruz. Apuntes para el análisis de un  texto dramático” (en colaboración con Roberto de Souza). Albarracín Sarmiento perteneció a la nutrida generación del 40, aunque el aire juguetón y el fino humor de sus versos lo distanciaron del neorromanticismo predominante entre sus compañeros de ruta. Murió en La Plata el 25 de abril de 2009.

Foto: Carlos Albarracín Sarmiento. Fuente: Diario “El Día” de La Plata, Martes 28 de abril de 2009.