miércoles, 3 de junio de 2026

Leandro López

 

Tenía durante todo el día una náusea perpetua.
El extranjero, Camus

 
Extranjero en sí mismo (I)
 
No sabe quién es. No sabe
decirse en la niebla quieta
que domina el pantano. No sabe
si tuvo madre, si tuvo padre.
Sólo recuerda una pirámide de hierba
frecuentada por los pájaros.
 
No sabe quién es. No sabe
hacer de su cuerpo un refugio
que resista el día, la noche. No sabe
si la tierra fluye, si el agua hospeda.
Sólo retiene una nota de campana
entre sus labios de ceniza.
 
No sabe quién es. No sabe
distinguir el yo del otro. Extranjero
en sí mismo, la confusión es ley
y destino.
 
 
Extranjero en sí mismo (II)
 
No sabe qué busca. No sabe
hacer brotar una semilla
desde el centro de su cráneo. No sabe
si el precipicio está en el salto.
Sólo mueve sus manos desesperadas
como un estallido de pavesas.
 
No sabe qué busca, No sabe
entregarse al remolino vegetal
que crece con el horizonte. No sabe
si la piel es límite o religión.
Sólo fuma y bebe despacio
de cara al alba que se lleva el resto.
 
No sabe qué busca. No sabe
leer a los demás. Extranjero
en sí mismo, la intemperie es temblor
y cauce.
 
 
Extranjero en sí mismo (III)
 
No sabe por qué. No sabe
el sentido del mal en el bien,
del suspiro en la llaga. No sabe
aprovechar la enseñanza de la úlcera.
Sólo aviva desde sus entrañas
un rumbo sin profetas ni mártires.
 
No sabe por qué. No sabe
descubrir la parábola del charco
asediado por las moscas. No sabe
conservar los jeroglíficos de espuma
de su vigilia, las llaves de lava
que abren el bosque subterráneo.
 
No sabe por qué. No sabe
besar la distancia. Extranjero
en sí mismo, el azar es leño
y evasión.
 
 
Extranjero en sí mismo (VII)
 
No sabe para qué. No sabe
embarcarse en los ojos de un niño
hacia otros límites. No sabe
proponer un mar distinto, otro culto
entre los quejidos desesperados de un saxo,
evocación de cercanos y ebrios desplazados.
 
No sabe para qué. No sabe
perseguir la consumación de una sombra,
su nítido reverso salvaje. No sabe
verter toda las distorsión en su oficio,
si el absurdo explica su mareo
como crisálida en el barro tibio.
 
No sabe para qué. No sabe
proteger su cardumen. Extranjero
en sí mismo, el desborde es ausencia
y fondo.
 
Fuente: Poemas del extranjero, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.
 
Leandro López nació en La Plata en 1978. Es Profesor de Lengua y Literatura y corrector literario (posee la Diplomatura Internacional para Correctores de Textos). Como integrante del taller de Ana Emilia Lahitte, dio a conocer algunos de sus poemas en Hojas de Sudestada Nº 288 (2000). Actualmente, su obra poética publicada incluye Caídas sobre caídas (Sudestada, 2001), Postales anacrónicas (Hespérides, 2007), El reino paralelo (El Mono Armado, 2013), Mitología de la noche (detodoslosmares, 2018), Kurt Cobain, el hombre que tomó el desvío (Proyecto Hybris Ediciones, 2022) y Poemas del extranjero (Proyecto Hybris Ediciones, 2026).
 
Foto: Poemas del extranjero
, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.

martes, 24 de febrero de 2026

Paula Marcantoni


Sombra solar
 
1
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
6
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
9
 
Mientras duermo
sueño que soy una piedra,
y gano tiempo de vida.
 
17
 
El cóndor, volando en círculos
en lo alto del cielo, inventa
y sostiene el tiempo que nos guía
aquí abajo.
 
21
 
A veces siento la sombra
que hace el sol en alguna parte,
y soy lo que brilla
y está escondido.
 
 
La casa de los pájaros
 
1
 
Por la mañana siento la lucidez
de un gato a punto de cazar su presa.
Por la tarde me amanso lentamente
hasta ser el sueño de la noche.
 
11
 
Cierta vez, junto a la ruta,
tuve la suerte de ver
flamencos en vuelo.
Cuánta belleza suspendida.
Cuánta destreza inexplicable,
rosa y alargada.
 
13
 
Cuando estoy sola hay mucho silencio.
Escucho el ruido que hago al masticar.
Cuando hay gente no.
 
Estando en silencio se oyen otras cosas:
lo que está muy cerca y lo que está muy lejos.
Se oye la distancia.
 
Me perturba que todo esté pegado.
La gente ocupa mucho espacio.
Los perros también.
Los gatos, en cambio, pueden desaparecer.
 
Como una piedra en el jardín.
 
20
 
Hace treinta años que dejé de ver
el sol salir y ocultarse
cada día en el horizonte.
Desde entonces,
vivo en esta ciudad sabiendo
que lo más sencillo y hermoso
que existe, sucede cada día
aunque yo no lo vea.
 
21
 
A través de mi ventana veo,
grande como una ballena,
al árbol horizontal.
A diez días de la tormenta
allí permanece acostado.
Y aunque a cada rato alguien
venga y le corte las ramas,
todavía sigue siendo
la casa de los pájaros.
 
Fuente: Sombra solar, Paula Marcantoni, Unbudha Ediciones, Rafaela, 2025.
 
Paula Marcantoni nació en La Plata, ciudad donde reside. Desde pequeña, se formó en el campo de las artes. Estudió, sucesivamente, en la Escuela de Estética, en el Bachillerato de Bellas Artes y en la Facultad de Arte (UNLP). En la actualidad, trabaja como ilustradora científica en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Sombra solar (2025) es su primer libro de poesía. Acerca del mismo, destaca Diego Roel en el prólogo:
 

LA MIRADA INOCENTE
 
Por ahí se va, del mundo diario,
al otro extraño y desusado.
Luis Cernuda
      
¿Podemos atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro? ¿Podemos meterla en una jaula, capturar su perfume? Con implacable lucidez, sin florituras, Paula Marcantoni en Sombra solar, su primer libro, nos da la respuesta.
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
Los poemas de Sombra solar exigen al lector una apertura, una escucha sin volición, sin prensión. Le exigen una mirada limpia, inocente. Porque hablan de algo que está en suspenso, que se muestra y calla. Hay que leerlos, entonces, dejando de lado todo juicio, todo afán de interpretación.
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
Estamos ante una poesía de la contemplación. Muchas de sus imágenes apuntan a generar una especie de no estado. Sí, como los koans del zen, estos poemas propician una aproximación al silencio, nos incitan a ir hacia lo simple, a ser lo suficientemente nada, a cambiar siempre el punto de vista.
 
Hablo de lo obvio
porque nada es obvio.
Todo tiene el mismo valor.
 
Para decir aquello que no se deja decir, la autora abreva, principalmente, en la tradición lírica china y japonesa.  Por eso la mayoría de los versos de este libro trasuntan la delicadeza del mundo oriental.
 
En esta obra los seres y las cosas brillan, sonríen, hablan. Los insectos dan los buenos días, el tiempo gira en espiral y se abre, las casitas del río encandilan con su encanto. Todo aquello que la poeta nombra trae el reflejo de otro mundo. Incluso la distancia se ríe o canta. Sí, en este personalísimo universo verbal lo sencillo y hermoso ocurre todo el tiempo.
 
¿Épica de lo cotidiano, minimalismo lírico? Eso y mucho más alienta en este bello y luminoso libro. Con expresión adusta y dulce a un tiempo, Paula Marcantoni nos lleva hacia lugares desconocidos y nos brinda una herramienta para crecer en dirección interna. Con una mirada que rescata lo inmediato y humilde, se anima a decir, como Lu Ji, Lo inmenso en un mínimo pliegue de seda
 
La audaz indagación de Sombra solar lo ratifica: es imposible atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro. No podemos meterla en una jaula, capturar su perfume.
 
Foto: Paula Marcantoni. Fuente: Facebook.