lunes, 3 de agosto de 2026

Ángela Gentile


DIARIOS DEL EGEO

Para Agathi Dimitrouka
 

Mujeres de la calle Ermou
 
Marchitas las azucenas de la calle Ermou, confinaron su
perfume en ánforas junto al fango de Aquerusia.
Mujeres sin nombre todos los días, golpeaban las piedras
para ver nacer los olivos y murmuraban:
–Abre el cuaderno, poeta: ¡Escribe!
Olvidadas las mujeres de la calle Ermou, el poeta escribió:
Por la ventana de la primavera entra el lucero del alba para despertarlas.
Se hablará sobre ellas en los poemas.
 
 
En la tumba de Clitemnestra
 
Deslumbrada por esa tierra, me detuve en Micenas.
Esperé renacer en esa tarde griega
mientras la noche caía sobre la tumba de Clitemnestra.
Las gotas de su sangre no imploraron cantos fúnebres.
Aquella espartana habló de pie sobre la tierra.
 
 
Olivo en Micenas
 
Un trágico escribió: –Hay un árbol que jamás ha germinado en tierras de Asia.
Entre ruinas crece el olivo de Micenas.
Cerca de las tumbas reales
engendra frutos para el desvelo.
Cambia soledad por insistencia.
Aquí no hay voces,
hay relatores que adolecen de palabras.
Aquí, el búho se silencia para que amanezca
y la luna ilumine las piedras.
 
 
Memoria
 
El viaje empezó en una calle sin nombre,
en una casa sin ventanas,
en un patio sin tardes donde recostar la sombra.
Todos descendían al pueblo con ojos ciegos,
todos sembraban amapolas del otro lado de la vida.
Era abril en el Egeo.
 
 
Lengua griega
 
Lo dijo el poeta: Adónde quiera que vaya, Grecia me hiere.
Todos hablaban la lengua del pueblo:
los cortadores de mármol pentélico,
los isleños arrastrados por la opresión,
las mujeres que servían trigo, nueces y granadas,
y los sepultureros que cantaban invocando a Seferis.
Todos percibieron:
las huellas de los dioses sobre las piedras,
el fuego indefinido de las pasiones
y tantos octubres en la calle de los artesanos.
 
 
Nostos
 
Una anciana lustraba su luto en las escaleras,
daba indicaciones en la lengua del pueblo
y extraía de su bolsillo las noches.
 
Veíamos la luz sobre el Likavyttós.
Nuestros pasos seguían en oscuridad,
nuestros corazones latían por regresar al mar.
 
Fuente: La muerte venía del mar, Ángela Gentile, Palabrava Editorial, Santa Fe, 2026.
 
Ángela Gentile nació en Berisso, Provincia de Buenos Aires, el 5 de agosto de 1952. Desde hace varios años vive en La Plata. Es profesora de lengua española, profesora de lengua y literatura italianas, gestora cultural (cuenta con un postgrado de FLACSO), magíster en políticas socioeducativas y miembro de A.D.I.L.L.I. (Asociación de Docentes e Investigadores de Literatura y Lengua Italianas). Asimismo, fue investigadora del Centro de Estudios Italianos de la UNLP (Universidad Nacional de La Plata), becaria de la Universidad para Extranjeros de Perugia, Italia, e integrante del equipo del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación (2009-2012). Como docente y escritora, dictó numerosos talleres y seminarios y participó en varios congresos nacionales e internacionales (Cuba, Ecuador, Colombia, Uruguay e Italia, entre otros países), en la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) y en el Foro Internacional de la Fundación Mempo Giardinelli. Fue invitada, además, a la FILVEN 2013 (Feria Internacional del Libro de Venezuela) y designada como asesora del CENAL (Centro Nacional del Libro). Codirigió la revista independiente de literatura juvenil (teoría y crítica) Etruria y el Programa de promoción de la lectura literaria Biblos’03, de Berisso. Actualmente, codirige con Norma Etcheverry la editorial Proyecto Hybris Ediciones. Recibió, entre otras distinciones, el Premio Nacional “Iniciación” de Literatura del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación (bienio 1985-1987) por su libro de poemas Escenografías, el Premio Pregonero de la Fundación El Libro de Buenos Aires (2009) por Etruria y los premios de la Cámara Argentina del Libro, de ABGRA (Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina) y del Consejo Superior de Educación Católica Argentina por Biblos’03. Entre sus libros publicados cabe mencionar: Voces olvidadas. Las lenguas y las canciones de cuna de la inmigración (en coautoría, patrocinado por la UNESCO, 2010), Palabras originarias (Estación Mandioca, 2014), Pensar la lengua y la literatura (manuales de literatura para 4º y 5º año del secundario, en coautoría, Editorial Longseller, 2015) y Diáspora griega en América (recopilación de textos propios y de varios autores, Editorial Hespérides, 2015). Su obra poética incluye Escenografías (Ediciones del Copista, 2005), Cantos de la Etruria (Ediciones del Copista, 2008), Cuerno de marfil (Cuadrícula Ediciones, 2012), Los pies de Ulises (edición bilingüe, griego-español, Editorial Ocelotes, 2016), Lo sguardo di Demetra / La mirada de Démeter (edición bilingüe, italiano-español, Cuadernos de Casa Bermeja / Mago Editores, 2018), Madrás (Mago Editores, 2019) y La muerte venía del mar (Palabrava Editorial, 2026). Algunos de sus poemas fueron incluidos en ediciones colectivas como Poesía 36 autores (La Comuna Ediciones, La Plata, 1999), Escritos y escritores de Berisso (Instituto de Cultura Latinoamericana / Centro Cultural Difusión, Berisso, 1999), El camino de los mitos (Editorial Evohé, Madrid, 2011), Ellas (Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, 2013), Versos d’acollida / Versos de acogida (Barceloactúa / Poémame, Barcelona, 2018), Poesía de La Plata. La generación del 70 (Ernesto Girard Editor, 2024) y Cuadernos orquestados. Selección de poetas platenses (Pixel Editora, 2026). La muerte venía del mar, su más reciente libro, está dividido en cinco partes: Ánforas, Diarios del Egeo, Meditaciones áticas, Diario de viaje en la noche –inicio– y Diario de la noche –final–. Los poemas que ofrece esta página son tan sólo una muestra de la segunda parte.

A modo de comentario, podría señalarse que, en general, la falibilidad de la lengua y la certeza de que sólo en el silencio es posible encontrar el sentido profundo de las cosas, son algunas de las preocupaciones recurrentes de Ángela Gentile al abordar la creación poética. Su desconfianza en la palabra y, al mismo tiempo, el deseo de nombrar que agita su alma de poeta, la llevan a remontarse hasta la cuna de nuestra civilización, a fin de rastrear en la historia las voces míticas que le permitan acercarse a la expresión de lo inefable, con lo cual termina conformando, según Priscilla Gac Artigas, “una estrategia estética y una forma de resistencia cultural”. En su afán de salvar la distancia entre la lengua y el testimonio poético, Ángela Gentile realiza, asimismo, un trabajo de orfebrería con la escritura, puliendo meticulosamente cada verso y priorizando la economía y la precisión verbales.

 C. C.

 Foto: Ángela Gentile. Fuente: gentileza de Ángela Gentile.

miércoles, 3 de junio de 2026

Leandro López

 

Tenía durante todo el día una náusea perpetua.
El extranjero, Camus

 
Extranjero en sí mismo (I)
 
No sabe quién es. No sabe
decirse en la niebla quieta
que domina el pantano. No sabe
si tuvo madre, si tuvo padre.
Sólo recuerda una pirámide de hierba
frecuentada por los pájaros.
 
No sabe quién es. No sabe
hacer de su cuerpo un refugio
que resista el día, la noche. No sabe
si la tierra fluye, si el agua hospeda.
Sólo retiene una nota de campana
entre sus labios de ceniza.
 
No sabe quién es. No sabe
distinguir el yo del otro. Extranjero
en sí mismo, la confusión es ley
y destino.
 
 
Extranjero en sí mismo (II)
 
No sabe qué busca. No sabe
hacer brotar una semilla
desde el centro de su cráneo. No sabe
si el precipicio está en el salto.
Sólo mueve sus manos desesperadas
como un estallido de pavesas.
 
No sabe qué busca, No sabe
entregarse al remolino vegetal
que crece con el horizonte. No sabe
si la piel es límite o religión.
Sólo fuma y bebe despacio
de cara al alba que se lleva el resto.
 
No sabe qué busca. No sabe
leer a los demás. Extranjero
en sí mismo, la intemperie es temblor
y cauce.
 
 
Extranjero en sí mismo (III)
 
No sabe por qué. No sabe
el sentido del mal en el bien,
del suspiro en la llaga. No sabe
aprovechar la enseñanza de la úlcera.
Sólo aviva desde sus entrañas
un rumbo sin profetas ni mártires.
 
No sabe por qué. No sabe
descubrir la parábola del charco
asediado por las moscas. No sabe
conservar los jeroglíficos de espuma
de su vigilia, las llaves de lava
que abren el bosque subterráneo.
 
No sabe por qué. No sabe
besar la distancia. Extranjero
en sí mismo, el azar es leño
y evasión.
 
 
Extranjero en sí mismo (VII)
 
No sabe para qué. No sabe
embarcarse en los ojos de un niño
hacia otros límites. No sabe
proponer un mar distinto, otro culto
entre los quejidos desesperados de un saxo,
evocación de cercanos y ebrios desplazados.
 
No sabe para qué. No sabe
perseguir la consumación de una sombra,
su nítido reverso salvaje. No sabe
verter toda las distorsión en su oficio,
si el absurdo explica su mareo
como crisálida en el barro tibio.
 
No sabe para qué. No sabe
proteger su cardumen. Extranjero
en sí mismo, el desborde es ausencia
y fondo.
 
Fuente: Poemas del extranjero, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.
 
Leandro López nació en La Plata en 1978. Es Profesor de Lengua y Literatura y corrector literario (posee la Diplomatura Internacional para Correctores de Textos). Como integrante del taller de Ana Emilia Lahitte, dio a conocer algunos de sus poemas en Hojas de Sudestada Nº 288 (2000). Actualmente, su obra poética publicada incluye Caídas sobre caídas (Sudestada, 2001), Postales anacrónicas (Hespérides, 2007), El reino paralelo (El Mono Armado, 2013), Mitología de la noche (detodoslosmares, 2018), Kurt Cobain, el hombre que tomó el desvío (Proyecto Hybris Ediciones, 2022) y Poemas del extranjero (Proyecto Hybris Ediciones, 2026).
 
Foto: Poemas del extranjero
, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.

martes, 24 de febrero de 2026

Paula Marcantoni


Sombra solar
 
1
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
6
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
9
 
Mientras duermo
sueño que soy una piedra,
y gano tiempo de vida.
 
17
 
El cóndor, volando en círculos
en lo alto del cielo, inventa
y sostiene el tiempo que nos guía
aquí abajo.
 
21
 
A veces siento la sombra
que hace el sol en alguna parte,
y soy lo que brilla
y está escondido.
 
 
La casa de los pájaros
 
1
 
Por la mañana siento la lucidez
de un gato a punto de cazar su presa.
Por la tarde me amanso lentamente
hasta ser el sueño de la noche.
 
11
 
Cierta vez, junto a la ruta,
tuve la suerte de ver
flamencos en vuelo.
Cuánta belleza suspendida.
Cuánta destreza inexplicable,
rosa y alargada.
 
13
 
Cuando estoy sola hay mucho silencio.
Escucho el ruido que hago al masticar.
Cuando hay gente no.
 
Estando en silencio se oyen otras cosas:
lo que está muy cerca y lo que está muy lejos.
Se oye la distancia.
 
Me perturba que todo esté pegado.
La gente ocupa mucho espacio.
Los perros también.
Los gatos, en cambio, pueden desaparecer.
 
Como una piedra en el jardín.
 
20
 
Hace treinta años que dejé de ver
el sol salir y ocultarse
cada día en el horizonte.
Desde entonces,
vivo en esta ciudad sabiendo
que lo más sencillo y hermoso
que existe, sucede cada día
aunque yo no lo vea.
 
21
 
A través de mi ventana veo,
grande como una ballena,
al árbol horizontal.
A diez días de la tormenta
allí permanece acostado.
Y aunque a cada rato alguien
venga y le corte las ramas,
todavía sigue siendo
la casa de los pájaros.
 
Fuente: Sombra solar, Paula Marcantoni, Unbudha Ediciones, Rafaela, 2025.
 
Paula Marcantoni nació en La Plata, ciudad donde reside. Desde pequeña, se formó en el campo de las artes. Estudió, sucesivamente, en la Escuela de Estética, en el Bachillerato de Bellas Artes y en la Facultad de Arte (UNLP). En la actualidad, trabaja como ilustradora científica en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Sombra solar (2025) es su primer libro de poesía. Acerca del mismo, destaca Diego Roel en el prólogo:
 

LA MIRADA INOCENTE
 
Por ahí se va, del mundo diario,
al otro extraño y desusado.
Luis Cernuda
      
¿Podemos atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro? ¿Podemos meterla en una jaula, capturar su perfume? Con implacable lucidez, sin florituras, Paula Marcantoni en Sombra solar, su primer libro, nos da la respuesta.
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
Los poemas de Sombra solar exigen al lector una apertura, una escucha sin volición, sin prensión. Le exigen una mirada limpia, inocente. Porque hablan de algo que está en suspenso, que se muestra y calla. Hay que leerlos, entonces, dejando de lado todo juicio, todo afán de interpretación.
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
Estamos ante una poesía de la contemplación. Muchas de sus imágenes apuntan a generar una especie de no estado. Sí, como los koans del zen, estos poemas propician una aproximación al silencio, nos incitan a ir hacia lo simple, a ser lo suficientemente nada, a cambiar siempre el punto de vista.
 
Hablo de lo obvio
porque nada es obvio.
Todo tiene el mismo valor.
 
Para decir aquello que no se deja decir, la autora abreva, principalmente, en la tradición lírica china y japonesa.  Por eso la mayoría de los versos de este libro trasuntan la delicadeza del mundo oriental.
 
En esta obra los seres y las cosas brillan, sonríen, hablan. Los insectos dan los buenos días, el tiempo gira en espiral y se abre, las casitas del río encandilan con su encanto. Todo aquello que la poeta nombra trae el reflejo de otro mundo. Incluso la distancia se ríe o canta. Sí, en este personalísimo universo verbal lo sencillo y hermoso ocurre todo el tiempo.
 
¿Épica de lo cotidiano, minimalismo lírico? Eso y mucho más alienta en este bello y luminoso libro. Con expresión adusta y dulce a un tiempo, Paula Marcantoni nos lleva hacia lugares desconocidos y nos brinda una herramienta para crecer en dirección interna. Con una mirada que rescata lo inmediato y humilde, se anima a decir, como Lu Ji, Lo inmenso en un mínimo pliegue de seda
 
La audaz indagación de Sombra solar lo ratifica: es imposible atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro. No podemos meterla en una jaula, capturar su perfume.
 
Foto: Paula Marcantoni. Fuente: Facebook.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Diego Roel


El agua y la primera luz
 
I
 
Rozo apenas el borde de tu cara. Te toco
como un niño toca, por primera vez,
el mar.
 
 
III
 
El silencio, cuando te miro, tiembla
como una flor, exhala un perfume
que no es del mundo.
 
 
IV
 
Entre mi cuerpo y tu cuerpo
un bosque en llamas alza su cresta
y quema el cielo, quema el río, todas
las torres y ciudades, todos los puertos
quema.
 
 
VII
 
Te espero al pie de la ventana.
Igual que la tierra espera el sol y la lluvia,
una brisa cálida, la huella del ciervo,
el golpe del granizo.
 
 
VIII
 
Es todo así. Muy simple.
Los frutos a su debido tiempo
se abren y ofrecen al aire
su entera carne y su semilla.
 
 
XIII
 
No descifraste el canto de los pájaros.
No descubriste el nombre de los secretos vientos.
No penetraste en los palacios de piedra verde.
 
Pero abriste sola, de extremo a extremo,
la peligrosa trampa de la noche.
 
 
XV
 
Tu voz se encarama y toca
el imprevisto centro de un poema
que nadie ha escrito todavía.
 
Tu voz se alarga y toca el punto
donde mi vida inicia, inicia y crece.
 
 
XVIII
 
¿Quiénes somos, nosotros dos,
entre tanta sombra, tanta luz?
 
¿Un ascua en el caldero de los días?
¿Delgada cuña o reverbero?
 
Nosotros dos, jilguerito, metidos
en el ruido de existir, aferrados
como lapas a la superficie del planeta,
¿qué somos?
 
 
XV
 
A orillas del río bebo
–de un solo trago– tu nombre.
 
Luego lo pronuncio en voz alta,
en silencio junto las sílabas,
escucho su eco en la fronda,
 
su lejano eco en la fronda.
 
 
XXVII
 
Todo lo que quiero decirte
se pierde en el pantano del lenguaje.
 
Tengo la lengua pegada al paladar,
la mirada perdida en lo que emana
de tu nombre.
 
 
XXXIV
 
Seamos como los bichos de la selva,
como la flor del laurel, como este árbol
de incienso.
 
Seamos como el rojizo urunday,
como el lapacho rosa.
 
Que nadie advierta en el barro nuestra huella,
nuestro latido.
 
 
XXXV
 
¿Tu cuello se parece a la torre del Líbano?
 
A la sierra Morena, al peñón de Mbororé
se parece.
 
 
XXXVII
 
En tiras de papel de cinco colores
dibujaste tu tejado cubierto de nieve.
 
¿Qué nos traerá el año nuevo?
 
Con varillas de mimbre escribiste
el nombre de los antiguos amantes.
 
¿Traerá ventura la nueva estación?
 
 
XL
 
Leemos El Libro de la Almohada.
 
En primavera, el alba es lo más hermoso.
En verano, las noches. En otoño, el atardecer.
En invierno, las mañanas.
Y todo el año lo más bello es tu voz,
tu voz en las cumbres.
 

Fuente: El agua y la primera luz, Diego Roel, detodoslosmares, Capilla del Monte, 2025.

Diego Roel nació en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1980. Vivió en distintos momentos en La Plata, donde estudió Historia de las Artes Visuales (UNLP) y creó y coordinó el ciclo de poesía denominado Cendra. Actualmente, reside en Posadas, dicta cursos de escritura creativa y colabora con publicaciones de la Argentina y del exterior. Publicó los siguientes libros de poesía: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004, reeditado por Ediciones El Mono Armado en 2013), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005, reeditado por detodoslosmares en 2013), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El Mono Armado, 2010, reeditado por detodoslosmares en 2014), Los Jardines del Aire (Ediciones El Mono Armado, 2012), Dice Jonás (Ediciones El Mono Armado, 2015), Vía Lucis (Ediciones del Dock, 2015), Kyrios (detodoslosmares, 2016), Las intemperies del mar (detodoslosmares, 2017), Shibólet (Griselda García editora, 2018), Kadosh (detodoslosmares, 2019) El infierno es una bestia callada y triste (detodoslosmares, 2020), Andréi Rubliov (Premio Alegría 2020 del Ayuntamiento de Santander, Ediciones Rialp, colección Adonáis, 2020), Los cuadernos perdidos de Robert Walser (Premio Internacional Loewe de Poesía 2023, Visor, 2024), El cazador suelta en el aire su corona. Poesía reunida 2015-2019 (Editorial Cántico, 2025), Alia (Baile del Sol, 2025) y El agua y la primera luz (detodoslosmares, 2025). Poemas suyos fueron incluidos, además, en diversas antologías, entre ellas: Desorbitados. Poetas novísimos del sur de la Argentina (Fondo Nacional de las Artes, 2009), Si Hamlet duda le daremos muerte (Libros de la Talita dorada, 2010), Antología Federal de Poesía. Provincia de Buenos Aires (CFI, 2019), Poesía. Varios Autores, La Plata (La Comuna Ediciones, 2019) y Roberto Juarroz baja en Temperley. Un mapa posible de la poesía en el conurbano sur (Leviatán, 2021). Acerca de El agua y la primera luz escribe Raquel Jaduszliwer en el prólogo del libro:

(...)

En esta época, signada por la pérdida de la capacidad de transmisión necesaria para que la mera vivencia se constituya como experiencia humana –tal como supieron plantearlo en su momento Benjamin y Agamben–, la poesía se nos presenta como una poco transitada vía regia para su recuperación.  El viaje de este libro va por esa vía. La del compartir la intensidad de una experiencia vital –la del encuentro amoroso– a través de la experiencia de lectura. El habla introduce una forma particular de pérdida en el mundo: hablar es hacer desvanecer las cosas, alejar su inmediatez, obstruir su inmediatez mediante la intervención del lenguaje que es arte y parte de nuestra constitución subjetiva. Rudolf Otto se refería a la nostalgia por lo absolutamente heterogéneo, Gottfried Benn, a la “melancolía que a la poesía conduce”. La operación metafórica lleva más allá lo sensible y mundano y trae más acá al Otro mundo, ese que está allende los sentidos, plantea Murena. Roel transita la vía regia de la poesía llevando y trayendo. Lo próximo se vuelve lejanísimo como las estrellas, extraño, misterioso. Pero esas estrellas pueden tocarse en cada letra. Esa agua primordial, esa primera luz, pueden tocarse. Como la criatura que señala y nombra con sus primeras palabras, esa pureza original revive en su escritura.

Foto: Diego Roel. Fuente: Perfil de Facebook.   

lunes, 24 de noviembre de 2025

María Minellono


I
 
Ars poética
 
Sólo la pluma leve que se desprende y cae
desde el risco hacia el agua, de la luz al vacío,
oscilante y liviana sobre la superficie
de todo lo que fluye, austera, despiadada
como un tajo que hiere la duración y el goce
del vuelo de los pájaros.
 
 
IV
 
Cuando escribes portero o escondite
repites una página dispersa
del memorial eterno.
 
Cada soplo de voz se mezcla con el viento
que humedeció otros ojos
y desbordó los ríos de otras manos.
 
El poema regresa en la escritura
que lo vuelve a escribir.
 
Se dibuja una nube sobre los acantilados
y la sombra de Wordsworth amenaza
bajo el cielo de lluvia.
 
 
VI
 
Enemiga o aliada del poema
la realidad se entrega a la rutina
del ávido saqueo.
 
–La mediación, los referentes,
la ambigüedad del trazo inanimado
que aprisiona el aliento–
 
Dónde encontrar la línea vacilante
que fije el cuerpo de las mariposas
en sus estuches de cristal,
cómo atrapar la forma sin materia
que el cazador persigue por el bosque
de los ciervos furtivos.
 
 
VII
 
A propósito del
Quatour pour la fin du Temps,
de Olivier Messiaen
 
El aletear de pájaros se eleva
sobre el silencio helado de la nieve,
y la muerte es el sello
que anima las plegarias
en la trinchera donde sobreviven
los ateridos músicos del campo.
 
Una ráfaga verde, otra naranja,
el acertijo roza las entrañas
de los cuerpos con hambre
mientras repite el péndulo la gota
de su licor amargo
y se inquietan las voces sorprendidas
del nuevo alumbramiento.
 
El arcoíris toca los extremos
de las alas del ángel.
En Stalag, en tierra de Silesia,
los barracones se hacen catedrales
donde la luz irradia epifanías
sobre la tierra yerma.
 
 
XV
 
En Montparnasse
 
Visitamos las cruces solitarias
bajo el cielo lluvioso del viejo cementerio,
y con paciencia de recolectores
acopiamos objetos y palabras
de un mundo en movimiento,
el rosetón de mármol con pátina verdosa,
las guirnaldas de estuco,
el erguido ciprés,
helechos y azucenas cabizbajas
en floreros de herrumbre
que han quedado sin agua.
 
Ambigüedad de la tristeza
que restaura las huellas de la muerte
como un hilo dorado
que enhebra lo disperso.
 
 
XVII
 
Año tras año has contemplado
los árboles del parque,
la luz de la mañana
cuando despierta el mundo,
el círculo cambiante
del vuelo de los pájaros.
 
Nada escapa a los hilos más sutiles
del orden que los rige,
la memoria que asciende entre las hojas,
los sonidos dispersos.
tu cita con la muerte.
 
Pero transgreden los umbrales
de precarios sentidos
las líneas de una imagen
que apenas se insinúa,
las voces inaudibles
de una armonía extraña.
 
Fuente: Vigilia, María Minellono, Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 2019.
 
 
III
 
¿Pero no hay nadie en esta sala
que se resista a las intrigas
de los actores de reparto?
 
En la comedia se alteran las medidas,
se exasperan caricias y miradas
con guiños y arabescos
–es como si un hecho fuera cierto
pero sólo es disfraz,
moneda de intercambio–
 
Y en público arrebato
se ovacionan escenas
y artilugios de pícaros enredos,
la hipócrita inventiva
de equiparar los vicios con virtudes.
 
¿Pero no hay nadie en esta sala
que manifieste cólera o cansancio
por los libretos de palacio?
 
 
XI
 
–J’ai vu, j’ai vu le rhinocéros!
Rhinocéros, de Eugène Ionesco
 
No es bueno dar por ciertos
el amor o la muerte
como asuntos privados,
ni pensar en las plazas
libres de sus llaves.
 
Las vidrieras reclaman
banalidad y escarnio,
un gran estercolero
donde exhibir destrezas
de fieras en disputa.
 
Y el gesto sospechado
de frialdad o disenso
despierta en la manada
furor y suspicacia,
los temerarios filos
que cortan hasta el hueso.
 
 
AUTOBIOGRAFÍA: PRIMEROS AÑOS
 
XV
 
¡Para qué sirve inventar!
Lo cierto es más raro.
Invenciones del recuerdo, de Silvina Ocampo
 
*
 
Necesité volver y dar los pasos
que me hicieron volar
para alcanzar la altura de los frascos
con antiguos sabores,
los caramelos en bastones largos
y los redondos o los cuadraditos
de frutilla y limón,
y además, los cuadernos
con flores en la tapa
y cuidados diseños en la contratapa,
episodios salientes de la historia
recreados en color.
 
Todo encajaba, todo florecía,
y el regreso a la casa era el apuro
por ocupar renglones con palabras
que andaban por ahí,
tan sueltas que asustaban.
 
 
*
 
¿Cómo era la niñez,
qué sabias imprudencias
reunieron a los chicos de Dickens,
en la calle,
con el llanto de Bruno,
ladrón de bicicletas,
y la libre inventiva de jugar?
 
En la ficción florecen
las historias
que alumbran la verdad,
los rutilantes brillos
del frasco iluminado
por bichitos de luz.
 
 
*
 
Canastos e impudores de diarios ajetreos,
la vajilla de loza, los platos de Limoges,
los cubiertos de peltre y los de plata
guardados en estuches,
hermandades de libros y pinturas
atadas con precintos,
y en los rincones,
muebles desarmados
disputando el amor
del que adolecen.
 
Con la cabeza vuelta
contra el vidrio,
requiero la constancia
y los cuidados
del camión de mudanza
que nos sigue...
 
 
*
 
La muñeca Delia
tenía la cabeza de porcelana
y era de mamá
–había viajado
desde Buenos Aires
como regalo de cumpleaños–
 
Mamá, como todas las mujeres
de su familia,
recibieron elogios y fervores
por el azabache de los ojos
y el cabello.
 
Con Delia compartimos
el rubio de las trenza
terminadas en moños escoceses,
el ámbar de los ojos,
nuestra piel sonrosada.

Fuente: A la intemperie, María Minellono, Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 2022.

María Minellono nació en Las Flores, Provincia de Buenos Aires. Es Profesora y Doctora en Letras, egresada de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de la Plata, donde se desempeñó como Profesora Titular de la Cátedra de Literatura Argentina, Coordinadora de la Maestría en Literaturas Comparadas y Directora del Centro de Investigación en Literaturas y Literaturas Comparadas. Fue categorizada como Investigadora Categoría I en el Programa de Incentivos a la Investigación, Ministerio de Educación de la Nación/ UNLP/ CONICET, y ejerció el cargo de Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata. Entre sus múltiples artículos, reseñas, estudios y ediciones críticas cabe destacar: Poesía completa, de Almafuerte (Centre de Recherches Latino-Americaines, Archivos, Université de Poitiers); Amalia, de José Mármol (Ed. Losada); Obra inédita, de Almafuerte (Ed. Losada); Santos Vega, de Eduardo Gutiérrez (Ed. Losada); De sobremesa, de José Asunción Silva (Ed. Losada); Música sentimental, de Eugenio Cambaceres (Ed. Losada) y el Universo Poético de Francisco López Merino (Ed. Al Margen). Como ensayista dio a conocer: Las tensiones de los opuestos, libros y autores de la Generación del 80 (Grupo Editor Latinoamericano); La distorsión del espejo (Ed. Al Margen) y El campo y sus representaciones literarias. Estrategias político ideológicas en la apropiación de sus significantes (Ed. Biblos). Tiene también un libro de cuentos publicado: Reunión (Ed. Corregidor). Su obra poética editada comprende: El gesto vago (Ed. Castellví); Vigilia (Ed. Vinciguerra); A la intemperie (Ed. Vinciguerra) y De las exiguas flores (Ed. Vinciguerra). Suma a todo ello un volumen de entrevistas realizadas a notables poetas argentinos entre 1985 y 1995, titulado Los poetas en sus voces (Ed. Vinciguerra). Se halla incluida, asimismo, en la antología Poesía Argentina Contemporánea, Tomo I, Parte Vigesimoctava, de la Fundación Argentina para la Poesía (Ed. Vinciguerra). Colaboró con numerosas publicaciones gráficas y, desde 1985 hasta 1989, fue conductora de un programa en Radio Universidad y columnista de otro en Radio Provincia de Buenos Aires, ambos de contenido cultural. Reside en La Plata.

Foto: María Minellono. Fuente: Internet.


lunes, 3 de noviembre de 2025

Paulina Juszko


La exiliada de sí
la peregrina de sí
la que partió de sí en un barco sin retorno
la que vio a Dios como una araña tejiendo su ominosa tela
la atrapada sin salida
la desvelada
la que se exhumaba cada día
la buscadora de piedras filosofales
la que se permitió la tristeza en un mundo reidor
en un mundo de locas alegrías
triste Alejandra
Pizarnik de mis amores
compañera de vagancia
compañera en el destierro
lucecita parpadeante en las estepas del ser
estepas desoladas
donde sólo crece el yuyo de la poesía.

 

 *

Y entregamos
una y otra y otra vez
esa irrisoria parte de nosotros mismos
esa partecita llamada sexo
depositamos ese algo en otros
se lo confiamos
ilusión ilusión ilusión
de retardar
de salvar de la aniquilación
aunque sea un instante nuestro
rescatarlo del vacío
de los orgasmos del universo
en viaje hacia la nada.

 

 *

UNA FIGURA INQUIETANTE 

El círculo.
Representa el principio y el fin y a la vez lo que no tiene principio ni fin: es un símbolo del misterio universal.
Su circunferencia nos remite a las angustiantes nociones de infinito y eternidad.
Puede abarcar el planeta o reducirse a un punto, porque acepta el movimiento concéntrico y el excéntrico.
Es insoportablemente simétrico y divisible.
Su forma goza de ubicuidad.
Con volumen se hace esfera capaz de rodar sobre sí misma y de seducirnos con la falta de ángulos. Engañosamente manipulable.
¿Es Dios?

 

 *

HASTA MAÑANA 

Con el airecito a cuestas empiezo a dormirme, ese fresco de la madrugada que afloja tensiones y revive intenciones, que te desliza insensiblemente en el no land del sueño, donde todo fluye con un corte de manga a la lógica, a la coherencia, a la sensatez.
El país de Alicia: maravillas regocijantes y maravillas siniestras... Un teatro de improvisación... Un teatro de títeres sin titiritero aparente... Un film de final incierto proyectado sobre el muelle terciopelo de la inconsciencia... Hasta mañana...

 

 *

La vida: un sismo
Yo: su epicentro
Por qué volcán
y no simple montaña
decorativa turística pasiva
por qué fuego
y no roca compacta
boca abierta
y no cima cerrada
qué empuja
las piedras la lava ardiente
cuál es el centro del epicentro
el sentido de la devastación.

 

 *

Pesado de cargar
un corazón
en esta jungla de restosdesperdiciosdetritos
en este tiradero
cántaro quebrado también
donde ya no alienta
donde se pudre
lentamente
la esperanza.

 

 *

Hay pueblos que saben a desdicha.
Juan Rulfo, Pedro Páramo

Berisso:
sus calles de tierra
sus casas de chapa
sus letrinas
sus gallineros
sus rudas
sus malvones desangelados
tanta fealdad / tanta pobreza
troqueladas en la memoria
marco para eslavos borrachos
y niñas desoladas.

 

 *

asechanzas

 

Barro negro brillando
siniestro
en la negrura de la noche
barro que quiere embarrar/enlodar/enfangar
que encaja/empantana/paraliza
¡atención! ¡cuidado!
que tu pisada sea leve
que tu andar sobrevuele
que el peso no se haga cómplice del barro
elevate en vuelo de perdiz
o dejate matar
como el armiño.

 

 *

Entrar al mundo sí
pero reculando
huyendo
de qué
de quién
de vos que no me querías
así y todo
me diste la luz
una luz horrenda
enceguecedora
poblada de feroces ruidos
un lugar frío / seco
contactos esterilizados
un mundo incomprensible
y me cortaron de vos
(aunque no me querías eras tibia
flotaba en esa tibia oscuridad
tu sangre hacía latir mi corazón)
y hubo que abrir los ojos
y hubo que respirar por cuenta propia
y hubo que empezar a llorar.
Así y todo
¿debo agradecerte mamá?


 *

Soy
una inmensa llaga purulenta
una llaga palpitante
una llaga de color carne abombada
una llaga a todos los vientos
una llaga feroz
que no quiere cerrarse
que crece
que llama a la mosca
que invita al gusano

 

 *

¿hasta cuándo?
¿nos gusta el cielo sin estrellas?
Tal vez ansiamos eso:
la oscuridad primigenia
el vientre materno
colonizados / inermes / nonatos
meros receptores
de migajas.

Noviembre / 2019

 

 *

Una bala me hirió
y no pueden extraerla.
Con filoso bisturí
con las uñas
con los dientes
hurgué en mis entrañas
y no pude extraerla.
Desgarró tejidos a su paso
se alojó en lo más profundo.
Ahí permanece
solapada
fatal.


Fuente:
Escaparates
, Paulina Juszko, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2023.

Paulina Juszko nació en La Plata el 18 de febrero de 1938. Pasó la infancia en Berisso y los años de juventud en su ciudad de origen. Actualmente, reside en Villa Elisa. Es profesora y traductora de francés, narradora, ensayista y poeta. Publicó tres novelas: Te quiero solamente pa bailar la cumbia (Ediciones de la Flor, 1995), Esplendores y miserias de Villa Teo (Ediciones Simurg, 1999, 3er. premio de novela inédita otorgado por el Fondo Nacional de las Artes en 1998) y El año del bicho bolita (Editorial Dunken, 2008). A ellas deben sumárseles el ensayo El humor de las argentinas (Editorial Biblos, 2000) y Vivir en Villa Elisa (Libros de la Talita Dorada, 2005), obra de carácter testimonial declarada de Interés Cultural por la Municipalidad de La Plata. Sus libros de poesía publicados son: Poemas del Yo dios (edición de la autora, 1957), Del vagar breve (Enigma Editores, 2018) y Escaparates (Proyecto Hybris Ediciones, 2023). Aún tiene inédita, entre otras obras, su novela Sangre Sagrada, que obtuvo una mención del Fondo Nacional de las Artes en 1997. En el ámbito laboral se desempeñó como profesora en la Alianza Francesa de La Plata, institución donde dirigió el “Petit Théâtre” durante diez años. Integró, además, la redacción de La Gastada, revista de humor platense (1996/97), coordinó las Primeras Jornadas Argentinas de Literatura y Humor organizadas por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Plata (2 y 3 de diciembre de 2010) y, desde 2015, es miembro honorario de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina). Asimismo, dictó numerosas conferencias sobre temas literarios y fue columnista y co-conductora de programas radiales. En 2006 recibió el Premio Virtud a la Ética, el Trabajo y la Solidaridad (Ministerio de Desarrollo Social de la Nación - Fundación Principios) y en 2009, en ocasión del Día Internacional de la Mujer, la distinción Mujer Destacada de Villa Elisa. Parte de su obra fue traducida al ruso, francés, italiano y portugués e incluida en antologías, revistas literarias y página virtuales. También cuenta con varios poemas musicalizados por el compositor Germán Torre. Una aproximación certera a su poesía es el prólogo de Escaparates, escrito por Norma Etcheverry, que sigue a continuación:

 PAULINA JUSZKO: LA EXTRAÑEZA, EL AFUERA

En sus Notas sobre poesía Santiago Espel dice: “Quien quiera conocerme, debe ir a mi poesía”. Tal vez no vale para todos, pero es así en el caso de Paulina Juszko, que apela a las palabras para detener, acaso, el devenir, “enjaular el tiempo, encerrarlo, que no vuele”, que ya no vuele.

El título de este libro alude, en general, a una vidriera “donde se ofrecen como frutas en un escaparate” las virtudes y las miserias de la humanidad, “todos en busca de comprador”; pero también propone mirar el interior de alguien que escribe asumiendo la certeza de los límites: “ésa que teme morir / la angustiada”; de una mujer cuyos orígenes “se remontan a la sal”, la hija de inmigrantes de la actual Bielorús, la que se define como “un producto de esa inmigración que no logró hacerse la América y ni siquiera vivió para contarlo” (en el caso de sus padres), la que a sí misma se considera “un exponente acabado de la decadencia finisecular”, la atea que pregunta por Dios: “UNA FIGURA INQUIETANTE es Dios”, la pesimista de la naturaleza humana a la manera de Anatole France, la escéptica en cuanto a su evolución, la descreída del amor de pareja pero, por otro lado, la férrea defensora de la amistad, de la justicia y de la solidaridad.

Juszko despliega el lenguaje como objeto de mediación, pero también privilegia el uso de la imagen que, particularmente en este libro, tiene una singular importancia, tanto en las composiciones textuales, en general (donde rompe con las formas buscando no sólo llamar la atención del lector, sino alcanzar la dimensión estética), como en los caligramas, esas frases o poemas cortos en los cuales se ubican las letras de tal forma que representan la imagen aludida en el texto. Su lenguaje, entonces, no se limita a reproducir la extrañeza del mundo sino que también la recrea.

Escaparates se organiza en tres partes, Ofertas, Saldos y Liquidación, con formas y métricas variadas, pero cada una de sólida construcción, con versos que se despliegan en ambos márgenes del papel, con disrupciones que sorprenden y exigen la atención del lector, inesperadas mayúsculas, preguntas retóricas, versos en otras lenguas tales como inglés, francés, latín y griego, collage, intertextualidad, ironías, una cantidad de recursos que no permiten la mínima distracción. Con esa estructura casi lúdica, se alumbra una poesía de tono existencial que recrea la fragilidad humana en todas sus formas: la finitud, “Porque el pretérito imperfecto nunca será perfecto / se volverá más y más indefinido”; el amor, el sexo, “esa irrisoria parte de nosotros mismos”; lo trascendente, lo individual, lo colectivo, “adónde vamos las tristes pájaras”; los valores, “sapos tragaban moscas / yo tragaba sapos”.

La autora nos confronta con nosotros mismos en su minuciosa observación del mundo actual, de las relaciones humanas y aún de las redes –ese espacio en el cual muchos poetas suelen sentirse desarraigados–, toda vez que ella se permite, como su admirada Alejandra Pizarnik, “la tristeza en un mundo reidor”; y, dueña de un finísimo sentido del humor, puede ser inclemente con sus reflexiones, “y a eso lo llamaste poemas”; paradojas que, en cierto sentido, descolocan o disgustan. Pero eso es lo mejor (y una vez más cito a Espel), “que la poesía nos deje en su lugar de incomodidad, porque nos lanza preguntas y porque no nos ofrece ningún tipo de respuestas”.

Celebramos la poesía de este escaparate y su acontecimiento, y el hecho de que, a esta altura del largo camino recorrido, Paulina Juszko apueste a seguir cuestionando y creando, lo que corrobora una vez más que su única fe está puesta en el Arte.

 Foto: Paulina Juszko.  Fuente: Internet.