sábado, 19 de septiembre de 2026

Juan Octavio Prenz


Cuentas claras
 
Un día más es un día menos.
 
Es decir
    que cada día es más
    y cada día es menos.
 
Por ende,
    no hay suma que no reste,
    no hay resta que no sume.
 
Queda,
    limpio como una aventura,
 
    el día.
 
Fuente: Cuentas claras, Juan Octavio Prenz, KOV, Belgrado, 1979.
  

Descubrimiento
 
Cuenta el Inca que las profecías
    sobre el arribo del dios blanco
no incluían el asombro
 
En otras latitudes,
el mismo Colón se había asombrado
de encontrar indios buenos
aunque no figuraban en sus profecías
 
Concluido el primer intercambio de asombros,
 
empezó la lucha
 
Fuente: Habladurías del Nuevo Mundo, Juan Octavio Prenz, Ediciones Rialp, Madrid, 1986. 

Magisterio
 
Se cuenta que Kenandé
célebre preceptor querandí
fue el primero en introducir la enseñanza
de la risa
entre sus discípulos
 
Explicaba cómo reír era algo más
que una mera educación bucodental
 
Por causa de la risa
los querandíes empezaron a perder guerras
Y cuantas más guerras perdían más reían
 
Con el tiempo también nuestros enemigos
terminarán por reír
pregonaba Kenandé
 
Impaciente y falto del sentido de la historia
el cacique Pehuancó ordena
 
atravesarlo con una lanza
 
Fuente: Habladurías del Nuevo Mundo, Juan Octavio Prenz, Ediciones Rialp, Madrid, 1986.
 
 
Concierto latinoamericano
 
La plaza es un horizonte
 
Con un par de grilletes y variadas cadenas
una lira que en realidad es una ventana
enrejada
un instrumento de cuero que sisea al viento
 
el músico polifónico inicia su concierto
ante el asombro popular
 
Dónde has aprendido tu arte
le preguntan
 
Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
Elementos de botánica
 
Las plantas carnívoras (celebradas más por la
literatura que por la botánica)
no devoran a los seres humanos
 
Se trata en realidad de una especie que
posee órganos para atrapar sólo a los
 
insectos

Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.


Éxodo
 
Se emigra para volver (o no) y contar
la historia
 
Durante veinte años el hombre en soledad
envía a sus padres retratos de su mujer
y su hijo inexistentes
 
Ahora sólo quiere estar seguro
de que sus padres han muerto ya
 
Para que la historia quede intacta
 
Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
Comedia de equívocos
 
Durante meses ensayan la obra
revolucionaria
 
Han elegido una sala de los suburbios
Ningún obrero debe faltar
La victoria está cerca
se lee en la pancarta
 
La lluvia golpea con fuerza
el fatigado techo de zinc
 
Hace dos horas que estamos aquí
No tiene sentido seguir esperando
 
La función se suspende por falta de
 
público
 
Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
Diana
 
Toque de clarín al amanecer para despertar a
la tropa
 
Punto céntrico de un blanco de tiro
 
Nombre de muchacha argentina
 
Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
Grupos sanguíneos
 
Las sangres se mezclan
 
Mi árbol hemológico (claro está: hasta
donde se sabe) se compone de glóbulos
germanos y eslavos
 
Atraído por el juego decidí mezclarlos
con otros
latinos e indígenas
(claro está: hasta donde se sabe)
 
El problema comenzó a interesarme ya en
la infancia cuando
incrédulo aún
vi por primera vez al
 
vampiro
 
Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
La palabra justa
 
Mi padre venía de Istria, sus antepasados de Baviera
o ¿por qué no? de Cataluña.
 
En el 28 emigra a la Argentina, donde llama la atención
por su extraña lengua.
 
Sus palabras reconocen raíces alemanas, eslovenas,
serbocroatas, italianas, pero son otra cosa.
 
Todo el mundo lo comprende.
No se esfuerza por aprender el español
pero, obstinadas, las palabras se incorporan a él.
Desde entonces es posible reconocerle también
raíces hispánicas.
 
Dicen que es el único hombre
que jamás ha hablado una lengua.
 
En 1964 sale a gorjear su asombroso idioma
por las calles de Belgrado.
Como en La Plata o en Curuzú Cuatiá o en Trieste,
camina por los atardeceres, entra en las tabernas,
hace amigos, siempre alegre,
niño y feliz de vivir en un planeta
donde es tan fácil
 
comunicarse. 
 
Fuente: Poesía casi completa, Juan Octavio Prenz, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2022.
 
 
Historia íntima
 
Mi padre era un hombre de grandes ojos celestes que amaba
a la gente, el buen vino, la pesca, los cigarrillos
negros y se alegraba de la dicha ajena.
 
Muchas veces vi sus grandes ojos disparados a lo alto
porque decía que cuando cae una estrella
muere un hombre
 
Su única acción pública fue
construir un sendero de piedra
por el cual pasaron generaciones de obreros
rumbo a la fábrica donde él dejó su
juventud y sus huesos.
 
Cuando murió, tenía los brazos sudorosos y doloridos
de sostener el cielo cada día.
 
Fuente: Poesía casi completa, Juan Octavio Prenz, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2022.
 
 
Formas superiores de salud
 
Es hora de aligerar el cuerpo.
 
El humo rondó con ganas por los pulmones
y anidó en el sitio exacto.
El vino (no podía ser de otro modo)
quiso correr por las venas
para que el cuerpo fuera una suma nueva.
 
También el amor hizo de las suyas
y terminó royendo huesos y desgastando la piel.
 
Ahora hay que excluir el humo, el azúcar, la carne, el pan,
algunos órganos (aquí corto porque la lista es larga).
Simplemente, llegó la hora de restar.
 
Algo quedará de tu cuerpo
(y esto forma parte de tu delicadeza)
como un discreto pretexto para el saludo final
de parientes y amigos.
 
Fuente: Poesía casi completa, Juan Octavio Prenz, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2022.
 
Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932 y murió en Trieste en 2019. Pasó su infancia y adolescencia en Ensenada. En 1951, inició sus estudios de Letras en la Universidad Nacional de La Plata y, en 1962, luego de contraer matrimonio, partió con su esposa rumbo a Francia, Italia y Yugoslavia. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Este último año regresó a la Argentina para ejercer la docencia en las Universidades de La Plata, Tandil y Buenos Aires. En 1975, por razones políticas, emigró nuevamente a Belgrado, y, en 1979, se radicó definitivamente en Trieste, en cuya Universidad enseñó literatura hispanoamericana. También trabajó como docente en las Universidades de Belgrado, Ljubljana y Venecia. Es poeta, narrador, ensayista, crítico y traductor. Sus libros de poesía publicados son: Plaza suburbana (La Plata, Editorial Centro, 196l), Mascarón de proa (La Plata, Editorial Centro, 1967), Cuentas claras (ed. Bilingüe español-servo-croata, Belgrado, KOV, 1979), Apuntes de Historia (Concepción, Chile, LAR, 1986), Habladurías del Nuevo Mundo (Madrid, Editorial Rialp, colección Adonais, 1986), Cortar por lo sano (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1987), La Santa Pinta de la Niña María (La Habana, Casa de las Américas, 1992) y Hombre lobo (Concepción, Chile, Trilce, 1998). Su obra poética, además, fue reunida parcialmente en las siguientes antologías: Sreduvanje na smetkite (antologia en lengua macedonia, Skopije, Detska radost, 1995), Antología poética (Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2003), Prostodusne malenkosti - Libertades mínimas (antología bilingüe esloveno-español, Grosuplje, Mondena, 2003), Antologia poetica (antología en italiano, Trieste, 2006) y Poesía casi completa (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2022). Asimismo, en 1984, la Editorial Helikón de Belgrado dio a conocer una selección de sus poemas con el título Poslanice iz Novog Sveta (Envíos del Nuevo Mundo). Muchos de sus poemas también fueron traducidos a otras lenguas e incluidos en numerosas antologías. Entre las distinciones obtenidas, cabe destacar el premio Casa de las América en 1992 por La Santa Pinta de la Niña María. Como traductor de poesía yugoslava al español publicó varios libros en distintos países; entre ellos, Yugoslavia, España, Argentina, Chile, Perú, Venezuela y México. Una de sus últimas traducciones es el volumen 12 poemas, de Tone Pavcek, editado por Libros de la talita dorada en 2012. Su obra en prosa publicada incluye el libro de cuentos Carnaval y otros cuentos (Premio "Promoción literaria" de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1962), las novelas Fábula de Inocencio Honesto, el degollado (Faja de honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires, Concepción, Chile 1990), El señor Kreck (Madrid, Losada, 2006) y Sólo los árboles tienen raíces (Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2013), y los trabajos críticos Hispanoamericka knjizevnost (Historia de la literatura hispanoamericana, en serbocroata y en colaboración con Mario Goloboff, Belgrado, Editorial Prosveta, 1980) El Cid y Kraljevic Marko: una primera aproximación (Madrid, LAR, 1983) y Literatura española e hispanoamericana. Siglo XX (Ljubljana, edición de la Facultad de Filosofía, 1985).
 
Foto: Juan Octavio Prenz en 2013, junto al mural de homenaje realizado frente a su casa de Ensenada, en el Barrio Campamento. Fuente: http://campodemaniobras.blogspot.com/

miércoles, 12 de agosto de 2026

Néstor Mux


Carta escrita en los primeros días de febrero de 1971
 
       Pequeño Juanpedro mío y nuestro o pequeña Julieta mía y nuestra: no sé por qué un día querrás leer esta carta. No se me ocurre qué te llevará a un cajón del armario para encontrarme; pero sé que un día yo también busqué en las formas del pasado los rostros que tenía mi padre, los gestos con que me aguardó, como yo ahora, pequeño Juanpedro o pequeña Julieta mía, te aguardo. Porque un día llueve, porque un invierno hace demasiado frío, y entre juegos sencillos se te ocurrirá el juego de buscarme y hallar a aquél que en este instante, despiadadamente efímero, quiere decirte cosas y no sabe exactamente cuáles.
 
       Una cosa sí sé y es que dentro de algunos días vendrás a la tierra. Y yo estoy preocupado, verdaderamente preocupado. Porque a veces pierdo el fervor y me viene la idea de que la raza humana ya no tiene remedio, o que sencillamente ya no vale la pena el combate de todos los días, y el pelearse con uno mismo sin darse tregua y dar vueltas y vueltas sobre las mismas cosas sin que uno divise lejanamente ni la más pequeña luz. Esa luz que tienen que ser las armas con que te defenderás en este planeta. Esa luz que estoy obligado a darte. Que estamos obligados a darte.
 
       Otras veces vibro como el verano más caliente cuando me llegan noticias de que en otros pueblos la esperanza está en camino; que existe la dichosa posibilidad de vivir y morir o estrellarse por una vida que muchos dicen que va a ser mejor. O río de alegría cuando descubrimos con tu madre este nombre que vas a llevar, o adivinamos el color de tu pelo, de tus ojos, de tu risa.
 
    Mamasilvia, en cambio, que es mucho más inteligente que yo, no tiene preocupación ni miedo; te acaricia sobre la piel de su barriga hinchada y dice que cuando crezcas sabrás arreglarte. Dice que sabrás encontrarte en el mundo y dice que serás un hombre de verdad o una mujer de verdad. A pesar de eso, Juanpedro o Julieta, me siento inquieto y tengo miedo y estoy contento y estoy feliz. Estoy infinitamente feliz porque estás llegando y tengo miedo.
 
 
Carta a papá y mamá un día después de la muerte de Trompa
 
31 de marzo de 1972
 
        Papá, mamá, ayer tendría que haber estado en casa. Ayer, mis queridos, no fue un día cualquiera, ni fue un viernes más, aunque pueda creerse lo contario. Ayer, el tiempo, el azar o lo que fuese, apagó otro sonido de la casa. El ladrido de Trompa. ¿Se dan cuenta? Y yo no estaba. Jorge, mi hermano, tampoco estaba. Nosotros no estábamos para decirle que su vida (o mejor dicho su muerte) tenía verdadera importancia entre nosotros. Nosotros, entonces, ayer, hacía tiempo que nos habíamos ido. Por nuestro lado buscamos un sitio en el mundo, una mujer, un hijo, un trabajo, un camino que no siempre nos llevó a alguna parte, una manera de vivir, muchas maneras de caerse. Quiero decir que no estábamos. Y quiero decir que él fue el último de nosotros en irse.
 
      Papá, mamá, es ahora como si sintiera necesidad de haber llorado ayer con ustedes. Ayer viernes, cuando a la mañana encontraron, por última vez, su plato con la comida intacta. Y sus ojos abiertos, dolorosamente duros y mansos y sus patas frías que ya hacía tiempo no alcanzaban a los gatos de la noche ni a los ladrones que nunca llegaron. Ayer viernes, que la casa de la calle 66 quedó sin perro, yo tendría que haber estado. Porque fueron muchos los inviernos de lluvia en que Trompa mordisqueaba el agua y le asustaban los truenos y corría por la casa y embarraba los patios. Porque fueron muchos los veranos en que Trompa vigilaba los secretos de la noche, como un oficio primordial e irrenunciable que le hubiésemos impuesto. Porque fueron muchas las siestas, mamá, en que Trompa te enseñó a conversar en silencio, mientras olfateaba tus galletas de la tarde y te miraba quieto, echado a los pies de tu imperdonable soledad, porque nosotros ya no estábamos.
 
       Los imagino ahora, ayer, a ustedes, y los entiendo: confundidos, tratando de hacer algo, tratando de creer que no era cierto. Mientras su pelaje de oro triste se quedaba sin calor, sin brillo, sin pulgas, sin colores; y para su hocico y su gran trompa puntiaguda ya eran inútiles los olores del mundo. Porque Trompa estaba por primera vez inmóvil en nuestra casa, a pesar de los gatos, los ladrones, los veranos, las lluvias del invierno. Y seguramente sus manos, papá y mamá, lo acariciaron largamente y se habrán preguntado si lo habrían traído a la casa en el 58 o en el 59, y vos, papá, habrás respondido entre melancólico y satisfecho, como si acaso eso tuviera laguna importancia: Lo trajimos en el año 58, me acuerdo bien, fue cuando Néstor terminó el colegio.
 
 
Carta a mi maestra
 
        Dónde está? Cómo es usted ahora? Cómo tengo que escribir para encontrarla? Por qué entonces no me enseñó a contestar estas preguntas del corazón?
 
       Es necesario que la encuentre. No sé para qué, pero es necesario. Creo que usted misma me enseñó a recordarla. Con los años de nada me sirvió saber que Mariano Moreno murió en el mar, mientras creía, en medio de su candorosidad, su honradez y su violencia, que de este rincón del mundo podía hacerse una patria verdadera. De nada me sirvió recordar que el Río de la Plata es el más ancho del mundo o el más pequeño, o que si tengo doce naranjas y me como cuatro, me quedan... Todo eso, con los años, no me sirvió para nada. Lo que aún está intacto son sus ojos claros y un poco extranjeros, su insobornable ternura que me enseñaron el paisaje de un ser humano más, pero seguramente más hondo y más cierto. Lo que aún está intacto es una mañana de marzo, con la gran ventana que sabía distraerme y hacerme saltar a la veracidad de un sueño y su mano compartiendo la mía para inventar mi primera palabra en un cuaderno. La primera pura torpeza, distinta a esta torpeza de hoy, con la que trato de encontrarla. Porque pudieron morir en mí sus héroes (tan parecidos, después, a todos los hombres); pudo morir en mí una lámina que pretendía celebrar el día del ahorro, el día de la raza o cualquier otro día de esforzado esplendor, pero no pudo morir el día en que lloré de verdad por primera vez, escondido en el último banco y en la sala de los mapas y debajo de los tilos a los que el azar de la tierra quiso que aprendieran a envejecer en un patio de infancia. Y usted se acercaba, acercaba su corazón, sus manos y me enseñaba que los hombres no deben llorar y, por lo mismo, yo lloraba tranquilo, protegido por su clara paciencia.
 
      Pero no: el papel y el lápiz siempre se quedan lejos de la vida y no podré encontrarla. Aunque arranque la hoja del último cuaderno y escriba esta carta y escriba su nombre o recorra las aulas sin luz.
 
Fuente: Cartas íntimas para todos, Néstor Mux, Elepé Ediciones, La Plata, 1974.
 
Néstor Mux nació en La Plata en 1945. Reside en su ciudad natal. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: La patria y el invierno (1965), Nosotros en la tierra (1968), Cartas íntimas para todos (1974), Como quiera que sea (1978), Perros atados (1982), Poemas (1985), Poesía reunida (2000), Papeles a consideración (2004), Disculpas del irascible (2009), Nadie le pide que escriba (2019) y Música imprecisa (2025). En 2009, Cuadernos orquestados, colección de poesía dirigida por Abel Robino, dio a conocer una breve selección de sus poemas con el título Delicada insensatez. Mux obtuvo, entre otras distinciones, el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes (1967), el Primer Premio Promocional de Literatura de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires (1968), el Sello de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Seccional La Plata (1968), la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (1968), el Premio Consagración “Roberto Themis Speroni” de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (1986) y el Premio Consagración de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (1996). Las cartas incluidas en esta página fueron escritas por Mux en una época en que era viable soñar con un mundo más justo y solidario. Hoy suman a su emotividad y hondura originales, la nostalgia propia del tiempo ido. Por primera vez son publicadas en Internet.
 
Foto: Néstor Mux y su hija Julieta. Fuente: Cartas íntimas para todos, Néstor Mux, Elepé Ediciones, La Plata, 1974. 

lunes, 3 de agosto de 2026

Ángela Gentile


DIARIOS DEL EGEO

Para Agathi Dimitrouka
 

Mujeres de la calle Ermou
 
Marchitas las azucenas de la calle Ermou, confinaron su
perfume en ánforas junto al fango de Aquerusia.
Mujeres sin nombre todos los días, golpeaban las piedras
para ver nacer los olivos y murmuraban:
–Abre el cuaderno, poeta: ¡Escribe!
Olvidadas las mujeres de la calle Ermou, el poeta escribió:
Por la ventana de la primavera entra el lucero del alba para despertarlas.
Se hablará sobre ellas en los poemas.
 
 
En la tumba de Clitemnestra
 
Deslumbrada por esa tierra, me detuve en Micenas.
Esperé renacer en esa tarde griega
mientras la noche caía sobre la tumba de Clitemnestra.
Las gotas de su sangre no imploraron cantos fúnebres.
Aquella espartana habló de pie sobre la tierra.
 
 
Olivo en Micenas
 
Un trágico escribió: –Hay un árbol que jamás ha germinado en tierras de Asia.
Entre ruinas crece el olivo de Micenas.
Cerca de las tumbas reales
engendra frutos para el desvelo.
Cambia soledad por insistencia.
Aquí no hay voces,
hay relatores que adolecen de palabras.
Aquí, el búho se silencia para que amanezca
y la luna ilumine las piedras.
 
 
Memoria
 
El viaje empezó en una calle sin nombre,
en una casa sin ventanas,
en un patio sin tardes donde recostar la sombra.
Todos descendían al pueblo con ojos ciegos,
todos sembraban amapolas del otro lado de la vida.
Era abril en el Egeo.
 
 
Lengua griega
 
Lo dijo el poeta: Adónde quiera que vaya, Grecia me hiere.
Todos hablaban la lengua del pueblo:
los cortadores de mármol pentélico,
los isleños arrastrados por la opresión,
las mujeres que servían trigo, nueces y granadas,
y los sepultureros que cantaban invocando a Seferis.
Todos percibieron:
las huellas de los dioses sobre las piedras,
el fuego indefinido de las pasiones
y tantos octubres en la calle de los artesanos.
 
 
Nostos
 
Una anciana lustraba su luto en las escaleras,
daba indicaciones en la lengua del pueblo
y extraía de su bolsillo las noches.
 
Veíamos la luz sobre el Likavyttós.
Nuestros pasos seguían en oscuridad,
nuestros corazones latían por regresar al mar.
 
Fuente: La muerte venía del mar, Ángela Gentile, Palabrava Editorial, Santa Fe, 2026.
 
Ángela Gentile nació en Berisso, Provincia de Buenos Aires, el 5 de agosto de 1952. Desde hace varios años vive en La Plata. Es profesora de lengua española, profesora de lengua y literatura italianas, gestora cultural (cuenta con un postgrado de FLACSO), magíster en políticas socioeducativas y miembro de A.D.I.L.L.I. (Asociación de Docentes e Investigadores de Literatura y Lengua Italianas). Asimismo, fue investigadora del Centro de Estudios Italianos de la UNLP (Universidad Nacional de La Plata), becaria de la Universidad para Extranjeros de Perugia, Italia, e integrante del equipo del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación (2009-2012). Como docente y escritora, dictó numerosos talleres y seminarios y participó en varios congresos nacionales e internacionales (Cuba, Ecuador, Colombia, Uruguay e Italia, entre otros países), en la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) y en el Foro Internacional de la Fundación Mempo Giardinelli. Fue invitada, además, a la FILVEN 2013 (Feria Internacional del Libro de Venezuela) y designada como asesora del CENAL (Centro Nacional del Libro). Codirigió la revista independiente de literatura juvenil (teoría y crítica) Etruria y el Programa de promoción de la lectura literaria Biblos’03, de Berisso. Actualmente, codirige con Norma Etcheverry la editorial Proyecto Hybris Ediciones. Recibió, entre otras distinciones, el Premio Nacional “Iniciación” de Literatura del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación (bienio 1985-1987) por su libro de poemas Escenografías, el Premio Pregonero de la Fundación El Libro de Buenos Aires (2009) por Etruria y los premios de la Cámara Argentina del Libro, de ABGRA (Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina) y del Consejo Superior de Educación Católica Argentina por Biblos’03. Entre sus libros publicados cabe mencionar: Voces olvidadas. Las lenguas y las canciones de cuna de la inmigración (en coautoría, patrocinado por la UNESCO, 2010), Palabras originarias (Estación Mandioca, 2014), Pensar la lengua y la literatura (manuales de literatura para 4º y 5º año del secundario, en coautoría, Editorial Longseller, 2015) y Diáspora griega en América (recopilación de textos propios y de varios autores, Editorial Hespérides, 2015). Su obra poética incluye Escenografías (Ediciones del Copista, 2005), Cantos de la Etruria (Ediciones del Copista, 2008), Cuerno de marfil (Cuadrícula Ediciones, 2012), Los pies de Ulises (edición bilingüe, griego-español, Editorial Ocelotes, 2016), Lo sguardo di Demetra / La mirada de Démeter (edición bilingüe, italiano-español, Cuadernos de Casa Bermeja / Mago Editores, 2018), Madrás (Mago Editores, 2019) y La muerte venía del mar (Palabrava Editorial, 2026). Algunos de sus poemas fueron incluidos en ediciones colectivas como Poesía 36 autores (La Comuna Ediciones, La Plata, 1999), Escritos y escritores de Berisso (Instituto de Cultura Latinoamericana / Centro Cultural Difusión, Berisso, 1999), El camino de los mitos (Editorial Evohé, Madrid, 2011), Ellas (Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, 2013), Versos d’acollida / Versos de acogida (Barceloactúa / Poémame, Barcelona, 2018), Poesía de La Plata. La generación del 70 (Ernesto Girard Editor, 2024) y Cuadernos orquestados. Selección de poetas platenses (Pixel Editora, 2026). La muerte venía del mar, su más reciente libro, está dividido en cinco partes: Ánforas, Diarios del Egeo, Meditaciones áticas, Diario de viaje en la noche –inicio– y Diario de la noche –final–. Los poemas que ofrece esta página son tan sólo una muestra de la segunda parte.

A modo de comentario, podría señalarse que, en general, la falibilidad de la lengua y la certeza de que sólo en el silencio es posible encontrar el sentido profundo de las cosas, son algunas de las preocupaciones recurrentes de Ángela Gentile al abordar la creación poética. Su desconfianza en la palabra y, al mismo tiempo, el deseo de nombrar que agita su alma de poeta, la llevan a remontarse hasta la cuna de nuestra civilización, a fin de rastrear en la historia las voces míticas que le permitan acercarse a la expresión de lo inefable, con lo cual termina conformando, según Priscilla Gac Artigas, “una estrategia estética y una forma de resistencia cultural”. En su afán de salvar la distancia entre la lengua y el testimonio poético, Ángela Gentile realiza, asimismo, un trabajo de orfebrería con la escritura, puliendo meticulosamente cada verso y priorizando la economía y la precisión verbales.

 C. C.

 Foto: Ángela Gentile. Fuente: gentileza de Ángela Gentile.

miércoles, 3 de junio de 2026

Leandro López

 

Tenía durante todo el día una náusea perpetua.
El extranjero, Camus

 
Extranjero en sí mismo (I)
 
No sabe quién es. No sabe
decirse en la niebla quieta
que domina el pantano. No sabe
si tuvo madre, si tuvo padre.
Sólo recuerda una pirámide de hierba
frecuentada por los pájaros.
 
No sabe quién es. No sabe
hacer de su cuerpo un refugio
que resista el día, la noche. No sabe
si la tierra fluye, si el agua hospeda.
Sólo retiene una nota de campana
entre sus labios de ceniza.
 
No sabe quién es. No sabe
distinguir el yo del otro. Extranjero
en sí mismo, la confusión es ley
y destino.
 
 
Extranjero en sí mismo (II)
 
No sabe qué busca. No sabe
hacer brotar una semilla
desde el centro de su cráneo. No sabe
si el precipicio está en el salto.
Sólo mueve sus manos desesperadas
como un estallido de pavesas.
 
No sabe qué busca, No sabe
entregarse al remolino vegetal
que crece con el horizonte. No sabe
si la piel es límite o religión.
Sólo fuma y bebe despacio
de cara al alba que se lleva el resto.
 
No sabe qué busca. No sabe
leer a los demás. Extranjero
en sí mismo, la intemperie es temblor
y cauce.
 
 
Extranjero en sí mismo (III)
 
No sabe por qué. No sabe
el sentido del mal en el bien,
del suspiro en la llaga. No sabe
aprovechar la enseñanza de la úlcera.
Sólo aviva desde sus entrañas
un rumbo sin profetas ni mártires.
 
No sabe por qué. No sabe
descubrir la parábola del charco
asediado por las moscas. No sabe
conservar los jeroglíficos de espuma
de su vigilia, las llaves de lava
que abren el bosque subterráneo.
 
No sabe por qué. No sabe
besar la distancia. Extranjero
en sí mismo, el azar es leño
y evasión.
 
 
Extranjero en sí mismo (VII)
 
No sabe para qué. No sabe
embarcarse en los ojos de un niño
hacia otros límites. No sabe
proponer un mar distinto, otro culto
entre los quejidos desesperados de un saxo,
evocación de cercanos y ebrios desplazados.
 
No sabe para qué. No sabe
perseguir la consumación de una sombra,
su nítido reverso salvaje. No sabe
verter toda las distorsión en su oficio,
si el absurdo explica su mareo
como crisálida en el barro tibio.
 
No sabe para qué. No sabe
proteger su cardumen. Extranjero
en sí mismo, el desborde es ausencia
y fondo.
 
Fuente: Poemas del extranjero, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.
 
Leandro López nació en La Plata en 1978. Es Profesor de Lengua y Literatura y corrector literario (posee la Diplomatura Internacional para Correctores de Textos). Como integrante del taller de Ana Emilia Lahitte, dio a conocer algunos de sus poemas en Hojas de Sudestada Nº 288 (2000). Actualmente, su obra poética publicada incluye Caídas sobre caídas (Sudestada, 2001), Postales anacrónicas (Hespérides, 2007), El reino paralelo (El Mono Armado, 2013), Mitología de la noche (detodoslosmares, 2018), Kurt Cobain, el hombre que tomó el desvío (Proyecto Hybris Ediciones, 2022) y Poemas del extranjero (Proyecto Hybris Ediciones, 2026).
 
Foto: Poemas del extranjero
, Leandro López, Proyecto Hybris Ediciones, La Plata, 2026.

martes, 24 de febrero de 2026

Paula Marcantoni


Sombra solar
 
1
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
6
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
9
 
Mientras duermo
sueño que soy una piedra,
y gano tiempo de vida.
 
17
 
El cóndor, volando en círculos
en lo alto del cielo, inventa
y sostiene el tiempo que nos guía
aquí abajo.
 
21
 
A veces siento la sombra
que hace el sol en alguna parte,
y soy lo que brilla
y está escondido.
 
 
La casa de los pájaros
 
1
 
Por la mañana siento la lucidez
de un gato a punto de cazar su presa.
Por la tarde me amanso lentamente
hasta ser el sueño de la noche.
 
11
 
Cierta vez, junto a la ruta,
tuve la suerte de ver
flamencos en vuelo.
Cuánta belleza suspendida.
Cuánta destreza inexplicable,
rosa y alargada.
 
13
 
Cuando estoy sola hay mucho silencio.
Escucho el ruido que hago al masticar.
Cuando hay gente no.
 
Estando en silencio se oyen otras cosas:
lo que está muy cerca y lo que está muy lejos.
Se oye la distancia.
 
Me perturba que todo esté pegado.
La gente ocupa mucho espacio.
Los perros también.
Los gatos, en cambio, pueden desaparecer.
 
Como una piedra en el jardín.
 
20
 
Hace treinta años que dejé de ver
el sol salir y ocultarse
cada día en el horizonte.
Desde entonces,
vivo en esta ciudad sabiendo
que lo más sencillo y hermoso
que existe, sucede cada día
aunque yo no lo vea.
 
21
 
A través de mi ventana veo,
grande como una ballena,
al árbol horizontal.
A diez días de la tormenta
allí permanece acostado.
Y aunque a cada rato alguien
venga y le corte las ramas,
todavía sigue siendo
la casa de los pájaros.
 
Fuente: Sombra solar, Paula Marcantoni, Unbudha Ediciones, Rafaela, 2025.
 
Paula Marcantoni nació en La Plata, ciudad donde reside. Desde pequeña, se formó en el campo de las artes. Estudió, sucesivamente, en la Escuela de Estética, en el Bachillerato de Bellas Artes y en la Facultad de Arte (UNLP). En la actualidad, trabaja como ilustradora científica en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Sombra solar (2025) es su primer libro de poesía. Acerca del mismo, destaca Diego Roel en el prólogo:
 

LA MIRADA INOCENTE
 
Por ahí se va, del mundo diario,
al otro extraño y desusado.
Luis Cernuda
      
¿Podemos atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro? ¿Podemos meterla en una jaula, capturar su perfume? Con implacable lucidez, sin florituras, Paula Marcantoni en Sombra solar, su primer libro, nos da la respuesta.
 
Todo es girar en torno a algo inalcanzable,
girar alrededor de ese punto.
Como hacen los planetas.
 
Los poemas de Sombra solar exigen al lector una apertura, una escucha sin volición, sin prensión. Le exigen una mirada limpia, inocente. Porque hablan de algo que está en suspenso, que se muestra y calla. Hay que leerlos, entonces, dejando de lado todo juicio, todo afán de interpretación.
 
Camino
y escucho el silencio de las cosas.
Respiro
y fabrico el primer sonido.
 
Estamos ante una poesía de la contemplación. Muchas de sus imágenes apuntan a generar una especie de no estado. Sí, como los koans del zen, estos poemas propician una aproximación al silencio, nos incitan a ir hacia lo simple, a ser lo suficientemente nada, a cambiar siempre el punto de vista.
 
Hablo de lo obvio
porque nada es obvio.
Todo tiene el mismo valor.
 
Para decir aquello que no se deja decir, la autora abreva, principalmente, en la tradición lírica china y japonesa.  Por eso la mayoría de los versos de este libro trasuntan la delicadeza del mundo oriental.
 
En esta obra los seres y las cosas brillan, sonríen, hablan. Los insectos dan los buenos días, el tiempo gira en espiral y se abre, las casitas del río encandilan con su encanto. Todo aquello que la poeta nombra trae el reflejo de otro mundo. Incluso la distancia se ríe o canta. Sí, en este personalísimo universo verbal lo sencillo y hermoso ocurre todo el tiempo.
 
¿Épica de lo cotidiano, minimalismo lírico? Eso y mucho más alienta en este bello y luminoso libro. Con expresión adusta y dulce a un tiempo, Paula Marcantoni nos lleva hacia lugares desconocidos y nos brinda una herramienta para crecer en dirección interna. Con una mirada que rescata lo inmediato y humilde, se anima a decir, como Lu Ji, Lo inmenso en un mínimo pliegue de seda
 
La audaz indagación de Sombra solar lo ratifica: es imposible atrapar la belleza como si fuera un pájaro raro. No podemos meterla en una jaula, capturar su perfume.
 
Foto: Paula Marcantoni. Fuente: Facebook.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Diego Roel


El agua y la primera luz
 
I
 
Rozo apenas el borde de tu cara. Te toco
como un niño toca, por primera vez,
el mar.
 
 
III
 
El silencio, cuando te miro, tiembla
como una flor, exhala un perfume
que no es del mundo.
 
 
IV
 
Entre mi cuerpo y tu cuerpo
un bosque en llamas alza su cresta
y quema el cielo, quema el río, todas
las torres y ciudades, todos los puertos
quema.
 
 
VII
 
Te espero al pie de la ventana.
Igual que la tierra espera el sol y la lluvia,
una brisa cálida, la huella del ciervo,
el golpe del granizo.
 
 
VIII
 
Es todo así. Muy simple.
Los frutos a su debido tiempo
se abren y ofrecen al aire
su entera carne y su semilla.
 
 
XIII
 
No descifraste el canto de los pájaros.
No descubriste el nombre de los secretos vientos.
No penetraste en los palacios de piedra verde.
 
Pero abriste sola, de extremo a extremo,
la peligrosa trampa de la noche.
 
 
XV
 
Tu voz se encarama y toca
el imprevisto centro de un poema
que nadie ha escrito todavía.
 
Tu voz se alarga y toca el punto
donde mi vida inicia, inicia y crece.
 
 
XVIII
 
¿Quiénes somos, nosotros dos,
entre tanta sombra, tanta luz?
 
¿Un ascua en el caldero de los días?
¿Delgada cuña o reverbero?
 
Nosotros dos, jilguerito, metidos
en el ruido de existir, aferrados
como lapas a la superficie del planeta,
¿qué somos?
 
 
XV
 
A orillas del río bebo
–de un solo trago– tu nombre.
 
Luego lo pronuncio en voz alta,
en silencio junto las sílabas,
escucho su eco en la fronda,
 
su lejano eco en la fronda.
 
 
XXVII
 
Todo lo que quiero decirte
se pierde en el pantano del lenguaje.
 
Tengo la lengua pegada al paladar,
la mirada perdida en lo que emana
de tu nombre.
 
 
XXXIV
 
Seamos como los bichos de la selva,
como la flor del laurel, como este árbol
de incienso.
 
Seamos como el rojizo urunday,
como el lapacho rosa.
 
Que nadie advierta en el barro nuestra huella,
nuestro latido.
 
 
XXXV
 
¿Tu cuello se parece a la torre del Líbano?
 
A la sierra Morena, al peñón de Mbororé
se parece.
 
 
XXXVII
 
En tiras de papel de cinco colores
dibujaste tu tejado cubierto de nieve.
 
¿Qué nos traerá el año nuevo?
 
Con varillas de mimbre escribiste
el nombre de los antiguos amantes.
 
¿Traerá ventura la nueva estación?
 
 
XL
 
Leemos El Libro de la Almohada.
 
En primavera, el alba es lo más hermoso.
En verano, las noches. En otoño, el atardecer.
En invierno, las mañanas.
Y todo el año lo más bello es tu voz,
tu voz en las cumbres.
 

Fuente: El agua y la primera luz, Diego Roel, detodoslosmares, Capilla del Monte, 2025.

Diego Roel nació en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1980. Vivió en distintos momentos en La Plata, donde estudió Historia de las Artes Visuales (UNLP) y creó y coordinó el ciclo de poesía denominado Cendra. Actualmente, reside en Posadas, dicta cursos de escritura creativa y colabora con publicaciones de la Argentina y del exterior. Publicó los siguientes libros de poesía: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004, reeditado por Ediciones El Mono Armado en 2013), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005, reeditado por detodoslosmares en 2013), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El Mono Armado, 2010, reeditado por detodoslosmares en 2014), Los Jardines del Aire (Ediciones El Mono Armado, 2012), Dice Jonás (Ediciones El Mono Armado, 2015), Vía Lucis (Ediciones del Dock, 2015), Kyrios (detodoslosmares, 2016), Las intemperies del mar (detodoslosmares, 2017), Shibólet (Griselda García editora, 2018), Kadosh (detodoslosmares, 2019) El infierno es una bestia callada y triste (detodoslosmares, 2020), Andréi Rubliov (Premio Alegría 2020 del Ayuntamiento de Santander, Ediciones Rialp, colección Adonáis, 2020), Los cuadernos perdidos de Robert Walser (Premio Internacional Loewe de Poesía 2023, Visor, 2024), El cazador suelta en el aire su corona. Poesía reunida 2015-2019 (Editorial Cántico, 2025), Alia (Baile del Sol, 2025) y El agua y la primera luz (detodoslosmares, 2025). Poemas suyos fueron incluidos, además, en diversas antologías, entre ellas: Desorbitados. Poetas novísimos del sur de la Argentina (Fondo Nacional de las Artes, 2009), Si Hamlet duda le daremos muerte (Libros de la Talita dorada, 2010), Antología Federal de Poesía. Provincia de Buenos Aires (CFI, 2019), Poesía. Varios Autores, La Plata (La Comuna Ediciones, 2019) y Roberto Juarroz baja en Temperley. Un mapa posible de la poesía en el conurbano sur (Leviatán, 2021). Acerca de El agua y la primera luz escribe Raquel Jaduszliwer en el prólogo del libro:

(...)

En esta época, signada por la pérdida de la capacidad de transmisión necesaria para que la mera vivencia se constituya como experiencia humana –tal como supieron plantearlo en su momento Benjamin y Agamben–, la poesía se nos presenta como una poco transitada vía regia para su recuperación.  El viaje de este libro va por esa vía. La del compartir la intensidad de una experiencia vital –la del encuentro amoroso– a través de la experiencia de lectura. El habla introduce una forma particular de pérdida en el mundo: hablar es hacer desvanecer las cosas, alejar su inmediatez, obstruir su inmediatez mediante la intervención del lenguaje que es arte y parte de nuestra constitución subjetiva. Rudolf Otto se refería a la nostalgia por lo absolutamente heterogéneo, Gottfried Benn, a la “melancolía que a la poesía conduce”. La operación metafórica lleva más allá lo sensible y mundano y trae más acá al Otro mundo, ese que está allende los sentidos, plantea Murena. Roel transita la vía regia de la poesía llevando y trayendo. Lo próximo se vuelve lejanísimo como las estrellas, extraño, misterioso. Pero esas estrellas pueden tocarse en cada letra. Esa agua primordial, esa primera luz, pueden tocarse. Como la criatura que señala y nombra con sus primeras palabras, esa pureza original revive en su escritura.

Foto: Diego Roel. Fuente: Perfil de Facebook.