sábado, 24 de marzo de 2018

Raúl O. Artola


galería de infancia

Aquel traje gris ya no existe
ni la abuela de alcanfor
y la mata de pasto en la vereda.
Hay un perfume de magnolias
que se pudren
en un florero enorme,
sobre la mesa del comedor
de los domingos.
Es la hora del mate
y la novela por radio
en la vieja galería de invierno.
El ruido de la máquina de coser
vence a las desganadas teclas del piano
mientras el gato ronronea su siesta
y Felipa corta un jazmín
para la Virgen.


Construcción del día

Volverse a recoger el almohadón que ha caído
o no volver, siguiendo hasta la cocina
con la taza vacía en la mano
y el libro en la otra.
Dilema de la mañana que se resuelve
en un instante, hacia uno u otro lado,
casi sin dejar huella,
salvo esa ráfaga de luz que los ojos
registran con insólita felicidad
al enfrentar nuevamente la ventana
que habíamos dejado atrás cuando íbamos
sin regreso hacia la cocina.

(a Lázaro Artola Tailmitte) 


Voces del barrio

Nuevo y precario como una maqueta
para el cine, mi barrio
tiene todos los misterios
a la vista.
Impúdicos, los gritos
de amor o de protesta
recorren cada casa
con el humor cambiante
de los vientos.
Habría que vivir en otra parte
para saber lo que dicen
esas voces.


Construcción del día (IV)

Es temprano
y esculpo una manzana
en la cocina.
La escasa luz
de invierno
empieza a filtrar
por la ventana
sus lentos pinceles.
La manzana
puede ser pez
magnolia
cerebro
granada
pero es el alba
y sería mejor
que el barrio
siga descansando.
Me como
la granada
antes
de que estalle.

(a Silvia Castro)


Alto en el surco

Tuvo que ser así.
Tomé la sartén
por el mango
y se lo dije:
Me gustás mucho
y me parece
que te quiero.
Y ella, sin inmutarse,
respondió:
Yo también, tonto,
si no, ¿por qué
te creés que estoy acá
desde hace ocho años?
A mí solamente
me salió:
Claro, tenés razón,
no lo había pensado.
Y seguimos cosechando
los tomates.
Los pibes ayudaban,
tan chiquitos.


Espera

Las puertas cambian
cuando empieza
el otoño.
La luz es buena
el sol no recalienta
el aire
hay menos moscas
y el viento amaina
por las tardes.
Todavía Yolanda
no pasa
con su canasto
en la cabeza.


Dao rojo fuego

Uno mira el cuadro
se conmueve, lo comenta
y dice: esta mujer es feliz
no pueden faltarle hombre,
mujer, vecinos, hijos
que la amen.
Uno mira el cuadro
y le dan ganas de llorar
por uno mismo.
Después nos enteramos
que la autora ha pasado
malos tiempos:
estuvo internada
toma barbitúricos
y nadie la cuida.


Ensueño

De pronto la vi
a miles de kilómetros
doblada
con las rodillas
en sus pechos
gozada y gozosa
bella e inquieta
a miles de kilómetros
con un pañuelo
en la boca la vi
para que sus padres
no la escucharan
gemir.


La Habana, 1958

Chucho Valdés le afinaba
el piano a mi abuela
cuando vivíamos en el malecón
y ella regenteaba un burdel.
Mi abuela le decía
negro buaié
y lo esperaba días y días
prendiéndole velas
al Santo de los Negros Afinadores.
Lo atendía con café y canela
mientras Chucho le afinaba
el instrumento.
Así aprendió a tocar
el piano.
Mi abuela creyó que era
un desperdicio
que negro tan lindo y hábil
sólo usara el clavijero
como parte de su trabajo
y no por puro placer.
Entonces le permitió
que deslizara sus dedos
por todo el encordado.
Era una maravilla
cómo sonaban las cuerdas
del piano de mi abuela
en las manos
de Chucho Valdés
practicando.


Landscape

En la pintura
se ve una gris
casa de leños,
antigua y sólida,
en medio del bosque.
Parece confortable,
un edén posible
para hacer la vida
libre y volátil
de la imaginación,
siembras y cosechas,
amores y comidas.
De pronto, el cuadro
se abre ante nosotros,
nos devora
y dentro encontramos
moho, alimañas,
tabiques vencidos
y un acre olor
a leños húmedos.
Vive gente allí
que se recela
y duerme
con un ojo abierto
y la mano
en el hacha.


La aventura

I

El tamaño de los charquitos
me marca los avances.
Cada vez es menor
lo perdido en el camino
de la habitación a la cocina
la zozobra en la mano derecha
el temblequeo leve
el borde colmado ligeramente
la repetida frustración
las gotas caídas en el piso
el trapo listo
para enjugarlas.

II

Éste es el presente
sentado en el sillón
escribo y tomo mi taza
de agua
por la mañana.
No la palabra
abarcadora
que pretende
hacerse cargo
de cosas lejanas
que se fingen
universales.


A tientas

Escribir un libro
es como conducir un auto
de noche.
Es imposible ver más allá
der las luces altas
pero se puede hacer
todo el viaje de esa manera.

Como vivir.

(en recuerdo de E.  L. Doctorow)


Escrituras

En el principio fue el Verbo.
Evangelios (Juan 1,1)

Cada vez que se reúnan
en mi nombre
yo estaré entre ustedes
dijo la Poesía.

Fuente: La mirada corta, Raúl O. Artola, Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2017.

Raúl O. Artola nació en Las Flores, Provincia de Buenos Aires, en 1947. Durante su juventud, vivió, estudió y trabajó en La Plata, ciudad a la que vuelve regularmente por razones familiares y afectivas. Desde 1975 está radicado en Viedma, Provincia de Río Negro. Es poeta, narrador, editor, periodista y docente. Publicó los siguientes libros: Antes que nada (poesía, Fondo Editorial Rionegrino - EUDEBA, 1987); Aguas de socorro (poesía, Ediciones Último Reino, 1993); Croquis de un tatami (poesía, Asociación Madres de Plaza de Mayo, 2002); El candidato y otros cuentos (narrativa, editado con el auspicio de la Secretaría de Cultura del Chubut, 2006), libro premiado en el XXIII Encuentro de Escritores Patagónicos de Puerto Madryn; [teclados] (poesía, El Suri Porfiado, 2010); La periferia es nuestro centro. Apuntes sobre política, cultura, territorios y experiencias (ensayo, Espacio Hudson, colección El Extremo Sur, 2011); Registros de hora prima (textos en prosa, Ediciones La Carta de Oliver, 2014); La mirada corta (poesía, Ediciones La Carta de Oliver, 2017). Este último, con selección y prólogo de Silvia Castro, recoge poemas éditos e inéditos comprendidos en el período que va de 1976 a 2016. Compiló, además, Poesía / Río Negro - Antología Consultada y Comentada. Volumen I (Fondo Editorial Rionegrino, 2007) y Poesía / Río Negro - Las nuevas generaciones. Volumen II (Universidad Nacional de Río Negro y Fondo Editorial Rionegrino, 2015). Entre 2002 y 2009, dirigió la revista-libro El Camarote - Arte y cultura desde la Patagonia. Actualmente, administra el sitio web La mojarra desnuda. Estación de Artes y Ciencias (www.mojarradesnuda.com.ar).

Foto: Raúl O. Artola. Fuente: La mirada corta, Raúl O. Artola, Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2017.

jueves, 8 de marzo de 2018

Teresa del Valle Salinas


*

Feliz habito en la trampa que construye el tiempo en el reverso de la normalidad. De lo aceptado. Feliz de que la loca de la casa despierte. Desde ese altillo, contengo el vacío y pueblo la ignorada totalidad del mundo.


*

La vida es como una cascada: si no hubiera piedras en el camino, no habría canción.


*

Nacer y morir son accidentes. Ambos nos hacen uno. El reto es seguir cantando para seguir viviendo. El mejor trabajo que tengo, es morir dulcemente.


*

Es temprano. A solas, lo celebro. Domingo de Marzo. Voy a desayunar. Vivo el concierto de cigarras, la naturalidad con que los pájaros bajan y se alimentan a mi alrededor con las migajas de la noche esparcidas en la vereda. Una suave brisa mece el verde iracundo de los árboles. City Bell en esta época es un alarido vegetal. Inauguro el día, como si inaugurara la vida.
Nam miho ho rengue kio.


*

La pequeña casa es sólo un punto en el rectángulo verde en el cual sobrevive. Ha pasado los sesenta años y, como muchas, tendría que transformarse en una moderna construcción. Pero no. Y aquí juega mi instinto. Es más placentera anexada, como un detalle apenas, a la lujuria de la naturaleza, a la gestión consecuente de la lluvia.
Un detalle entre las plantas.

(A Maruca Gaytan)


*

Alimenta el aroma a lecho tibio, la mano posada en la frente del desasosiego. Ahora mi maternidad es de piel afuera. A esta edad no hay útero oficiante. ¡Hijas!, su madre es como un cactus. Mientras acopia el agua para toda la sed, las defiende del mundo con espinas.


*

Están sentados. Ella a una mesa mirando al Norte. Él a la misma mesa mirando al Sur. No se ven ni se miran, no se hablan, no se tocan.
Agradezco mi soledad.


*

La ciudad es una brasa. Para mañana anuncian treinta y siete grados de máxima. La temperatura es siempre la misma para quienes viven a la intemperie. Mientras los niños silban su miseria y la mugre en sus manos les borra las huellas digitales, los responsables de su belleza veranean. La ciudad, repito, es una brasa, un cuerpo ulcerado. Sus llagas dejarán cicatrices.
Y en ellas no se podrá plantar ni un poema.


*

La masa apesta. Por los ingredientes que le sobran. Por los ingredientes que le faltan. Por todo lo que le agregan. Por el precio que deben abonar. El pan es el artículo más caro del mundo cuando se paga con la dignidad.
Y sin trabajo.


*

Vale sentir el amor, cuando el cuerpo jadea. La piel sigue siendo el mágico cobertor en el que se escriben poemas. Uno sabe, entonces, que la eternidad es un instante. El cuerpo tiene su propio diccionario. Es esa cajita de Pandora que ahora no encuentro.

Fuente: La certeza del árbol, Teresa del Valle Salinas, Barataria, Buenos Aires, 2014.

Teresa del Valle Salinas nació en Chilecito, Provincia de La Rioja. Actualmente, reside en City Bell, localidad perteneciente al Partido de La Plata. Es abogada y especialista en Ciencias Políticas. Fue docente universitaria. Como escritora, cultiva la poesía, la narrativa y el ensayo. Su obra poética publicada comprende los siguientes libros: Poemario (Ronda Literaria, 1980); Alas en mi mundo de arena (Amaru, 1986); Detrás de la memoria del Ángel (El Francotirador Ediciones, 1999); La mirada de Orfeo (Cuadernos de Sudestada, 2001, 2005); Con los labios líquidos (Ediciones del Copista, 2004); La tierra paralela (Último Reino, 2006); Cantos de Erato (Barataria, 2007); La certeza del árbol (Barataria, 2014). Poemas suyos fueron incluidos en varias publicaciones colectivas; entre ellas: Anuario de poetas contemporáneos (1978, 1979, 1980); Chilecito en el canto de sus poetas (1984); Poesía argentina de fin de siglo (1997); Antología de poetas riojanos de fin de siglo (1999); Poetas argentinos del año 2000 / Inventario relacional de la poesía en español (Madrid, 2001); Cien poetas del mundo (México, 2006). En 2014, Bauprés Ediciones Independientes dio a conocer su libro de relatos La abuela Matilda. Participó en encuentros y simposios de literatura en Uruguay, Chile, Venezuela, México y Bolivia. Colabora con revistas nacionales y extranjeras.

Foto: Teresa del Valle Salinas. Fuente: La certeza del árbol, Teresa del Valle Salinas, Barataria, Buenos Aires, 2014.