miércoles, 9 de octubre de 2013

Arturo Cambours Ocampo

























Diálogo con O. V. de Milosz

Bajo la lluvia, más tarde,
en la terrible tarde, levantarás los ojos del libro vacío
y yo veré las chalanas amarradas, los barriletes, el carbón...

Ahora que ya no grita la sirena sobre el río;
ahora puedes desatar las preguntas.

¿Qué hacer? ¿Huir? ¿Pero dónde? ¿Y para qué?

Y ésta es la verdad.
Así como el tiempo repite los días,
el hombre repite las preguntas.
Así como los días repiten las horas,
con esa pálida monotonía de paisaje,
el hombre deja correr el manantial de sus preguntas
a lo largo de la patria, en torno de los bosques,
junto a las altas tumbas
y en la ribera estrellada de las cunas.

¿Qué hacer? ¿Huir? ¿Pero dónde? ¿Y para qué?

El hombre, como los pájaros que plegaron las alas,
ya no puede viajar hacia las lágrimas.
El mar, la piedra, el árbol: uniformes, ciegos de luz,
estancados, sujetos a la naturaleza.

En cambio, él tiene las pupilas despiertas y encendidas,
tiene la pasión de la noche y el corazón ardiendo;
él es el espectáculo del mundo,
renovado en la estela invisible de la muerte,
renovado en el amor y en el odio;
destruido en las llamas implacables del tiempo,
destruido en la soledad sin orillas del otoño.

Así es el hombre,
y así lo ven el mar, la piedra, el árbol, por todos los caminos.

Cuando te preguntaron, respondiste:

Mis días son como los poemas olvidados en los armarios
que huelen a tumba.

Los días del hombre tienen cara de olvido
y una voz sin eco, sin color,
cansada de llamarnos.

¡Oh, vida! ¡Oh, amor sin facciones! Toda esta arcilla
ha sido removida, rastrillada, desmenuzada,
hasta los tejados donde el propio dolor encuentra un sueño en una llaga.

Después, la sombra desconsolada del llanto
nace junto a los muros en la casa del hombre.

Es el dolor sin peso ni medida.

Es el horizonte que se acerca a nosotros
sin tener en cuenta su propio destino.

Es la angustia de saberse en la vida
como el barro en el charco,
como la flor en la rama de la primavera.

Es la felicidad de saberse, también, por encima del barro,
del charco, de la flor y de la primavera.

De saberse en el cielo, quemado humildemente por el cielo.

De saberse hombre iluminado de preguntas.

Fuente: Poemas para la vigilia del hombre, Arturo Cambours Ocampo, El Ateneo, Buenos Aires, 1939.


Mar sin orillas

Estás en mi recuerdo, misteriosa,
diáfana y fugitiva como el viento.
Tengo en mi voz el estremecimiento
de tu voz, encendida y prodigiosa.

Estás en mi recuerdo, temblorosa,
con el misterio de tu triste acento.
(Este mar sin orillas que hoy invento,
va desde el corazón hasta la rosa.)

No consigue matarte mi ternura
ni logra mi pasión aborrecerte.
Eso eres tú: ausencia que perdura.

Sólo en sueños de nácar puedo verte,
mujer del alba y de la tierra pura,
como se ve la sombra de la muerte.

Fuente: Boletín del Instituto de Investigaciones Literarias N° 4, Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, 1949.

Arturo Cambours Ocampo nació en Buenos Aires en 1908 y murió en dicha ciudad en 1996.  Fue poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, crítico, docente y gran polemista. En una entrevista publicada en 1966 en el diario El Día, él mismo se encargó de apuntar sus vínculos con La Plata: “Yo nací en Buenos Aires, pero mis abuelos siempre vivieron en La Plata; tengo muchos parientes a los que quiero y recuerdo permanentemente. Las vacaciones de mi niñez las pasé en esta ciudad. Mis primeros pantalones largos los estrené en La Plata... Hice la conscripción en el 7° de Infantería. Viajé, recorrí el mundo y volví a La Plata”. En esta ciudad, también ejerció la docencia en establecimientos secundarios y en la Universidad, fue Director del Instituto de Investigaciones Literarias y del Instituto de Literatura Argentina e Iberoamericana, ambos organismos dependientes de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y Director del Instituto de Literatura de la Provincia de Buenos Aires. En La Plata, asimismo, fundó las revistas Poética, Hipocampo (con Marcos Fingerit y Vicente Barbieri), Movimiento (con Marcos Fingerit) y El potro en el viento (con Pedro José Peláez Vildósola). Publicó seis libros de poesía: El reloj de la hora bailarina (1929), Suburbio mío (1930), Mucho cielo (1931), Sur Atlántico (1932), Naufragio en la tierra (1938) y Poemas para la vigilia del hombre (Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, 1939, reeditado en 1940 y 1966 con la inclusión de “El rostro de la patria”, poema publicado en forma independiente por Hipocampo en 1940). Dichos libros fueron reunidos, posteriormente, en un solo volumen: La soledad entre las manos (1949). Fue muy difundida y comentada, además, su antología La novísima poesía argentina, aparecida en 1931. Su único libro de relatos es Historia de la noche (1942). Como dramaturgo, dio a conocer las siguientes obras: Max, la maravilla del mundo (1935), Rumba de muerte (1936), Paralelo 28 (1937), Una mujer vestida de silencio (1940) y El delirio del viento (1947). A partir de la década del 50, abandonó la poesía y el teatro para abocarse exclusivamente a la investigación literaria, convirtiéndose en un crítico implacable y publicando interesantísimos y polémicos trabajos; entre ellos: Indagaciones sobre literatura argentina (1952), Verdad y mentira de la literatura argentina (1962), El problema de las generaciones literarias (1963), Teoría y técnica de la creación literaria (1966), Lenguaje y creación (1970), Literatura y estilo (1985) y Literatura y polémica (1987). En la solapa de este último libro, Horacio Salas lo describe como “el máximo conocedor de literatura argentina, el mayor hurgador de movimientos literarios, el hombre que guarda en su biblioteca los volúmenes más increíbles de las letras nativas”. En cuanto a su obra lírica, reunida en La soledad entre las manos, escribió Ildefonso Manuel Gil el 24 de junio de 1951 en el Heraldo de Aragón, España: “En uno de sus poemas amorosos hay dos bellos versos, que se me antojan clave de toda su poesía: ‘Este mar sin orillas que hoy invento/ va desde el corazón hasta la rosa’. Desde el propio corazón, desde su entrañable intimidad, va el poeta hacia todas las cosas. Su unión con el mundo exterior, sublimada, es la fuente de su poesía”. Y agrega más adelante: “En los sucesivos libros, la poesía de Arturo Cambours Ocampo va ganando una mayor amplitud; su firme raíz porteña se universaliza, ensancha su mensaje y alcanza los mejores frutos. Y siempre con una gran riqueza expresiva, con brillantes y originales metáforas, con una belleza mantenida tanto en el verso libre y blanco como en los poemas estróficos”. Cambours Ocampo perteneció a la generación del 30, también llamada “intermedia”, y fue uno de los más acérrimos defensores de la misma cada vez que se cuestionó su existencia.

Foto: Arturo Cambours Ocampo. Fuente: Letra viva. Reportajes y notas sobre literatura argentina, Arturo Cambours Ocampo, La Reja, Buenos Aires, 1969.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Diego Roel

























Las leyes del alba

en extrema crucifixión
tengo mis brazos mis ojos mis manos los pies
en extrema crucifixión

porque yo estoy puesto en el mundo
por las oscuras leyes del alba
por una gran boca de mil lenguas de oro
puesto y arrojado
para sufrir morir y elevarme
tantas veces

estoy puesto y arrojado
multiplicado y expandido
en levísimos fragmentos de ilusión

sí, estoy crucificado
puesto a parir y a engendrar extrañas criaturas
a sangrar y fornicar de mil maneras con las sombras
y a morir y a morir
tantas veces
como sea necesario



escucho lejanas letanías
y recuerdo

recuerdo cuando escuchaba lejanos cantos o misas en el bosque
y tenía una canción un nombre propio una guarida
también un Padre una Madre un leve canto
un susurro leve apenas quizás

yo tenía un mundo un país una familia

entonces emigré
y busque lo Oscuro por pasión o por locura
y por pasión o por locura hui al desierto: mi corazón sin luz

yo tenía un mundo un país una familia

y tenía mil noches compartidas mil lechos
y amigos llenos de manos vacías
y un dios carnal sufriente:
mi propio dios mi Padre Tótem ausente todavía

cuando huyendo del salvaje ritmo marcado por los cuerpos
era yo el mismo pero otro distinto reflejado en los espejos
era yo el otro el traicionero el perspicaz
huyendo siempre en agonía

huyendo siempre

huyendo siempre en agonía sin padre


Padre Tótem

en tu ausencia, Padre, escucho los aullidos de los ángeles
aullidos de mi voz que son mi voz de nuevo aullando

en tu ausencia, Padre, entreveo tu Rostro
donde confluyen todos los caminos
todos los sentidos
todo lo imposible

porque tu Nombre es vasto y denso y musical
no quiero perderme otra vez en tu Nombre
no quiero perderme otra vez en tu Nombre: la Ley

Padre, en tu ausencia me acuesto con mi Madre



Padre Tótem:
vuelve a parirme desde adentro
a engendrarme como a un triste despojo del planeta

vuelve a parirme y a sangrarme

porque yo quiero nacerme con tus manos de animal
alojado en el tercer cielo de mi sangre
y quiero tus ojos tus manos tu piel
para arrojarme al fin sobre los brazos de mi Madre
y entrar al círculo infinito de los viajes

quiero parirme y sangrarme en las orillas de tu Nombre
porque eres mi hijo   la Ley   un sueño

eres mi hijo nonato



Padre Tótem: necesito un cuerpo nuevo
Padre Tótem: yo quiero mi cuerpo secuestrado
por los crueles emisarios de los Vientos

entonces
mi Madre es una inmóvil caída en espiral
una ráfaga de alucinados infantes de los sueños
mientras pido socorro y me pregunto: ¿dónde estoy?
mientras pido socorro y me pregunto: ¿hasta cuándo?

ahora que regreso del viaje
sin un Padre sin un Tótem sin auxilios ni guaridas
aquí sin Yo sin nombre propio todavía un animal
cosido al silencio con el silencioso hilo de los muertos

aquí, sí, aquí confieso:
sólo tengo las piernas abiertas
en un brutal gesto de parirme

Fuente: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación, Diego Roel,  Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2013.

Diego Roel nació en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1980. Vive actualmente en La Plata. Tiene cinco libros de poesía publicados: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El Mono Armado, 2010) y Los Jardines del Aire (Ediciones El Mono Armado, 2012). Este año, Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación y Diario del insomnio fueron reeditados por Ediciones El Mono Armado y detodoslosmares, respectivamente. Acerca del primero, destaca Claudia Masin en el prólogo: “En este libro hay necesidad de decir, un empuje doloroso hacia la poesía como lenguaje donde se busca una reparación: sí, yo tenía un mundo una señal una familia, dice Roel. Y a partir de allí se despliega el relato –a modo de plegaria lírica, de invocación– de la pérdida de ese mundo donde las referencias parecían unívocas y confiables. Y de alguna manera, también se celebra la valentía del gesto de salir al camino sin saber hacia dónde ir, una vez revelada como inútil esa cartografía que parecía destinada a guiarnos indefectiblemente hacia un destino: yo tenía un mundo un país una familia/ entonces emigré/ y busqué lo Oscuro por pasión o por locura/ y por pasión o por locura hui al desierto: mi corazón sin luz. Escribe Deleuze: El viaje siempre supone una manera de reterritorializarse, de nombrar a su padre o a su madre (o a algo mucho peor). Y es a ese algo mucho peor a lo que se arriesga este libro, quizás a esa comprobación terrible –y liberadora– de que ese padre, ese tótem, sencillamente no existe más que como construcción endeble y precaria, que una vez derribada deja apenas un rastro de luz que no perdura. El segundo –y crucial– mérito de este libro está en que no sólo dice con urgencia lo que necesita decir, sino que lo dice también con una intensidad y un lirismo que construyen un universo, un imaginario personal e intransferible... Diego Roel, en esta plegaria o ensalmo lírico que se llama Padre Tótem, trabaja en esa grieta que se abre cuando el lenguaje convencional se resquebraja y deja entrar lo que no encaja en el discurso dominante: aquí, sí, aquí confieso:/ sólo tengo las piernas abiertas/ en un brutal gesto de parirme. Feminizarse, feminizar el discurso, volverse mujer en el acto de parirse a sí mismo: aquí sin Yo sin nombre propio todavía un animal/ cosido al silencio con el silencioso hilo de los muertos. Volverse un muerto, un no nacido, una vez disuelto el yo.  Ahí, creo, está el punto de partida de la poesía lírica: en ese acto de delicado desprendimiento, en esa renuncia a lo familiar para dejar entrar lo desconocido y darle voz. Celebro la existencia de este libro que se asoma al hogar sin techo, sin paredes y sin piso que queda cuando se derrumban las ilusiones que nos sostienen. Padre Tótem es la historia de un viaje desde el desamparo original hacia la conciencia de ese desamparo, es decir, hacia un despertar. Y todo despertar implica, quizás, un desengaño, pero también la posibilidad de encontrarnos, frente a frente, con la potencia de nuestra esperanza y nuestra vitalidad: no es aquí donde quiero estar/ yo quiero estar del otro lado:/ donde brilla lo que no tiene nombre/ donde los niños llevan sobre sus frágiles cabezas/ una aureola de dicha imposible”.

Foto: Diego Roel. Fuente: Diario del insomnio, Diego Roel, detodoslosmares, Córdoba, 2013.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Olga Edith Romero




















Niñez

Niñez sola,
con soledad absorta de quien no tiene hermanos.

Con escarabajos
surgiendo de la tierra
mientras se los espera
acostada, los codos apoyados
sobre el césped húmedo.
Nogal compartido con gorriones.
Pasajeros del cielo
en momentos de descanso.

Infancia feliz
con aroma de gato acariciado.
Pies descalzos
chapaleando el llanto del otoño
y la complicidad del viento
cuando corría sobre tapices de hojas
para sentirme pájaro luminoso y desnudo.

Niñez lejana
con miedo a los miedos.
Llantos y pesadillas.
Y el tiempo como capas de cebolla
dibujando la piel y exterminando monstruos
que habitaban debajo de la cama.

Fuente: Apenas travesía, Olga Edith Romero, Cuadernos de Sudestada, La Plata, 2001.


Mutantes

Han salido los mutantes/
empujan carros de basura hacia la desesperanza/
comen lo no comible/ se visten con harapos/
esconden la vergüenza de no mostrarse humanos.
Los niños oscuros de frágiles extremidades
y abultados vientres/
suelen abandonar la suciedad de las esquinas
con alas de libélulas.
El sucio anochecer se levanta en vapores/
es el apocalipsis que ha llegado/
tiene la voz del viejo que cubre con cartones/
su figura de durmiente transitorio.
No te asustes viajero/
acá en el sur
ya se cumplió la profecía.

Fuente: Acá en el sur, Primer Concurso Provincial de Poesía Francisco López Merino, Municipalidad de La Plata, 2003.


Tanta pequeñez

Nuestra humanidad
tiene la pequeñez
del comején
y pretende que un Dios
se ocupe de sus días y sus noches
cuando un enorme
y oscuro pie
destruye el hormiguero.

Fuente: El desierto es un grano de arena, Olga Edith Romero, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2004.


¿En qué piensa?

¿En qué piensa Dios
que no mira el juego de los hombres?

Cada distracción
se revela en cadáveres.

“Una vida nada vale,
pero nada vale más que una vida” *

 * Malraux

Fuente: El desierto es un grano de arena, Olga Edith Romero, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2004.


Abu Ghraib 2004 *

El ángel adolescente
sonríe en su ropa de fajina.

Salta sobre cuerpos mutilados.

Su invisible soga de juegos canta
“Soy la reina de los mares
quién me quiere conocer”.

Un coro extranjero
golpea las palmas.

* Cárcel de Bagdad donde militares norteamericanos torturaron a iraquíes.

Fuente: El desierto es un grano de arena, Olga Edith Romero, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2004.


Una canoa

 A Tomy

Una canoa surca el río
deja huellas el remo
y una pequeña estela.
La luna alumbra al remero
y su sombra se desliza entre las olas.
Sólo se escucha el golpeteo en el agua,
todo es silencio.
El navegante va con los ojos fijos
hacia un lugar que sólo él conoce.
Esos ojos que pueden mirar la noche
como quien mira un espejo.
Avanza sin apuro,
con la seguridad de llegar hasta el lugar soñado.
Nadie puede detenerlo,
ha dejado en la orilla su pasado y su futuro
colgados de la rama de un manzano.

(Inédito, 15 de septiembre de 2012)

Fuente: Gentileza de Olga Edith Romero.

Olga Edith Romero nació en La Plata el 4 de octubre de 1949. Vive en City Bell. Es docente y Master en Periodismo y Comunicación Social. Entre 2000 y 2003, se desempeñó como periodista de investigación en la Universidad Nacional de La Plata. Publicó los siguientes libros: Colores de sol y lluvia (literatura infantil, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986); Cuentos de Azúcar y limón (cuentos, Faja de Honor de la SEP, 1996/97 y Faja de Honor de la SADE, 1996/97, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1996); Apenas Travesía (poesía, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, 2001, Colección Libros de Sudestada, La Plata, 2001); City Bell y su gente. Desde una mirada distinta (investigación periodística, Municipalidad de La Plata, 2003); El homicidio policial (artículo compartido con otros autores en el Proyecto de Investigación “Los derechos humanos y la prensa gráfica argentina desde 1976 a 2001”, Anuario de Investigaciones 2002, Periodismo y Comunicación Social, UNLP, La Plata, 2003); El desierto es un grano de arena (poesía, libro destacado del año por el Concurso Internacional Honorarte 2005 y Premio “Benito Lynch” 2005, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2004). Poemas suyos fueron traducidos a varios idiomas e incluidos en diversas antologías y recopilaciones poéticas, entre ellas: Casi un canto (Antología publicada por el Ministerio de Educación de la Provincia Buenos Aires, Dirección de Educación Inicial, La Plata, 1990); Sudestada (cuaderno compartido, Ediciones Sudestada, La Plata, 1995); Poesía Argentina de Fin de Siglo (antología, Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1996); Veinte Voces de Buenos Aires (antología de poesía, Libros del  Zahir., Buenos Aires, 1998); Poesía. 36 autores (antología, La Comuna Ediciones. La Plata, 1998); Chicos. Literatura Infantil. 14 autores (antología de cuento y poesía, La Comuna Ediciones, La Plata, 2000); Escritores al fin del milenio (antología de cuento y poesía, Sociedad Argentina De Escritores, seccional La Plata, Municipalidad de La Plata, 2000); Legado de poetas. Poesía Social Argentina 1956 - 2006 (Buenos Aires, 2007). Publicó, además, las “Hojas de Sudestada” N° 3 (1984), N° 60 (1986), N° 70 (1986), N° 94 (1988), N° 133 (1990), N° 280 (2000) N° 285 (2000) y el Cuadernillo N° 25 (1992).

Foto: Olga Edith Romero. Fuente: Gentileza de Olga Edith Romero.