sábado, 15 de enero de 2022

Azucena Salpeter


Calamares en su tinta
 
Nosotros a contramano
los del bosque azul marino
nos alimentamos con bayas transparentes
nos llamamos a voz de sahumar
y acudimos en bandadas
como patos entre jacarandás
somos felices cuando escribimos
más felices cuando no escribimos
y deseamos
deseamos tanto
que volvemos a cruzar el Mar Rojo
nos perdemos, por supuesto
uno en la oreja del otro
nos besamos los veinte dedos
encontramos la sombra hembra
la sombra macho
olfateamos la sal
la corriente eléctrica
de las plumas
y todo es otra cosa
la nueva era es una nuez
en las tinieblas
nosotros
los poetas menores
nunca escribimos
en el riacho de oro del poema.
 
 
Sakura no conoce los cerezos en flor
 
Sakura quería ser monja
yo rabina
buscamos en los templos
el fogonazo cegador
nunca encontramos
las flores sagradas que devoramos
de una sola vez
bajo el agua
después compartimos el ritual
del pan
la bondad
guardamos arena en los bolsillos
hicimos con nuestros cuerpos
una nueva versión del Cantar de los Cantares.
 
 
El día que fuimos de fiesta
 
Por los años 60
mi primer voto fue para Alfredo Palacios
no entendíamos el mundo, menos los noticieros
ahora tampoco, querida
hacía mucho frío para estudiar
con un jazmincito revolucionario en el pecho
no teníamos calefón ni medias de lana
mamá me hizo pantalones a cuadros
con los pantalones rotos de papá
los remendó con las botamangas
mi hermana se puso el gorrito con orejeras
que resguardan la felicidad
mamá los guantes blancos de las ofrendas al libertador
fuimos a ver los barcos cargados de corned beef
papá cantó edelweiss
como quien encuentra el baúl perdido en alta mar
lleno de fotos besos y respuestas
como
quien sabe qué es el lenguaje, querida
no me salen las edelweiss
ni en checo ni a la noche cuando se sueltan los aullidos de la niebla
así que no entiendo el mundo
canto para dentro
nos gritaron hippies
festejamos con sándwiches de rúcula y mortadela.
 
 
El hombre que peleó con Dios
 
De los treinta y seis justos que sostienen el mundo
mi padre
peleó con Dios
 
Todas las almas de su alma se encendieron
como piñas de pino
crujieron las palabras de la Biblia
como huesos amantes en fuego negro
crujieron los abrigos los zapatos de nieve
crepitaron las diez hectáreas de trigo a lo largo del Prut
el temblor fue un ángel negro y pesado
sobre la escuela Teodoro Hertzl
 
mi padre callaba y su voz ardía
nos curaba las rodillas y alimentaba el fuego
nos bañaba y alimentaba el fuego
nos llevaba en brazos y alimentaba el fuego
el temblor del fuego de mi padre velaba por nosotros
 
los 150 salmos del fuego del exilio de mi padre
se miran entre sí
no pueden reunirse en familia
y ya no sé padre mío si escribo de tu fuego
o del fuego de la humanidad
no sé en qué rincón del Pentateuco
se encripta el reclamo de los justos
o si debe guardarse como leña que no arde
sólo para Iamin Noraim
 
Fueron días y días de acorralar a Dios contra las púas
hasta que el fuego se volvió rojo
después azul y luego blanco
entonces
recién entonces
mi padre se entregó
 
 
Usted, no sea lacrimosa, dijo mi abuela
 
Usted
querida mía
con solo dos palomas
dos flechas de papel
puede bajar al cielo
subir a la tierra
recuérdelo
no finja
usted tiene dos brazos
dos piernas
recuérdelo
lo personal es político.
 
Fuente: Gringa formoseña, Azucena Salpeter, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2021.
 
Azucena Salpeter nació en Formosa el 9 de noviembre de 1942. Desde 1957 está radicada en La Plata. Es médica, poeta, narradora y pintora. Publicó: El pescador de sombras (poesía, 1979, Sello de Honor de la SADE), Y el cielo sonrió (poesía, 1989), Las puertas del cielo (poesía, 1996, Premio Bienal Profesor Dr. Pedro Laín Entralgo), La mitad del cielo (novela, 1998, Premio Mercosur del mismo año) y Gringa formoseña (poesía, 2021). Sobre este último libro, destaca Augusto Munaro en su reseña publicada en el diario El Día de La Plata el 11 de julio de 2021:
 

   (...) Sin falsa ingenuidad ni aniñamientos para poder decir, no son los detalles los que cuentan en Salpeter, ni los motivos del interés circunstancial, sino, acaso, la proyección simbólica del episodio. Su enunciación en apariencia espontánea y llana, se nutre de un intenso trabajo y en un complejo caleidoscopio de emociones irreductibles: “el peso de las flores / las palabras dentro de los cuerpos / en medio de tanta polvareda / gallos de fuego”. Versos que operan como puentes entre palabras e imágenes faulknerianas quizás autobiográficas (una reconstrucción casi testimonial en algunos casos). Una áspera catarsis, hecha de devoción y rebeldía, sin renunciar a la sinceridad más honda ni al cariño más leal. El efecto transformador que generan sus poemas es notable. Las coordenadas de enunciación se exponen así, a través de una ética, que no difiere en absoluto de la idea arrolladora de lo bello.

   Gringa formoseña se encuentra dividido en tres secciones (“Qué dice la poesía”, “La muerte no es hoy” y “Celebrar todo”), es el corolario de un rescate conjunto realizado por los poetas Jorge Aulicino y Javier Cófreces, éste último, responsable del sello editorial. Así, el material no se presenta ordenado cronológicamente, sino por criterios propios: el concepto de Dios, o la atención hacia lo diminuto y familiar, la memoria de sus padres, en especial su papá, paisajes, nostalgias (por momentos presencia y recuerdo parecen indivisibles en la mirada de Salpeter), cierto vago panteísmo; etc. Cada pieza es un espacio donde ella fue cuestionando la lírica “como quien invita a un desconocido / a volverse dentro de sí”. El resultado es un despliegue muy lúcido e íntimo. Todo en esta poeta parece apuntar hacia el centro de la individuación. Los mismos poemas (todos y cada uno de ellos), están centrados en el medio de la página. “En la noche soy el centro / dice / que caiga en trampa de palabras / la poesía son unos cuantos / que se bañan desnudos / en un río de oro”. Es contundente, en parte, porque no coquetea con ninguna abstracción.

   Desde luego, y a raíz de esta operación, algunos poemas resultan más herméticos que otros, “Mendelssohn votaba mil veces en mil soles / Szymborska votaba cada copo de nieve por segundo / mi abuelo votaba cada grano de trigo / cada niebla de la madrugada / yo también” (“La bandita provinciana va a las urnas”). Pero inclusive en estas piezas, Salpeter nos revela, bajo una luz precisa, la capacidad sugestiva de las palabras. Sin disimulo ni pudor, sus mejores poemas son, tal vez, aquellos de respiración celebratoria.

   Quien sepa leer estas páginas, quien agradecido a ellas pueda habitarlas, podrá también escuchar a una mujer que siente, como poeta, y oscila al vaivén de pesares y alegrías, de júbilos y de penas que son, en buena medida, los de todos. Poesía que une la experiencia con la exploración a través de una gramática sui géneris. Un libro, a la vez, delicado y potente. 

 Foto: Azucena Salpeter. Fuente: Facebook.


sábado, 9 de octubre de 2021

José María Pallaoro


Notas en libretas de hule negro
(2011 - 2012)
 
I
 
Ella dijo que
tuvo un calambre
Cuando se le fuera
prometió estar
 
 
II
 
Mario Trejo descansa en paz
Su poesía no descansa, sigue
lamiendo la herida absurda,
la calle de los leopardos,
la entrepierna acorralada
entre labios y dientes
No descansa, se fuma el amor
en caricias de manos
deslizándose por los pechos
hasta los dedos de los pies
El viejo poeta descansa
Su poesía
no
 
 
Pablo Odhe hablaba siempre de poesía,
mejor dicho, todo lo que hablaba
lo llevaba al campo de la poesía
Era magnético en ese campo
Con audacia y sagacidad
llenó su odisea de palabras
y cruzó a nado el río de las tres muertes
Ahora, en la otra orilla,
estará descansando en el despertar del leer
 
 
El invierno renació en los libros
La casa y el mundo siguen como antes
Una paloma bebe de la pileta
Hojas balanceándose en la telaraña
Un sol y naranjas
Janis, la voz cósmica, junto a la pared, ruge
como un Porsche 3 5 6 cayendo al Océano Pacifico
 
 
La besa en la nariz (Ella pregunta si está fría)
La besa en los labios (Ella cierra los ojos)
Y cerca de las flores, en su mecedora de viento, duermen en el abrazo del otra vez
 
 
Sí, la noche es luz cegadora de árboles y plantas, cortinas y viento
Los muebles, inmóviles, sordos, inútiles, polvo del quedarse, parecen dormir junto a los demás objetos
¿Dejan de pensar, de vivir? Un día, en el tal vez de los oráculos, caerán batracios del cielo
Las piedras aladas de nuestro despertar
 
 
¿Qué herencia puedo dejar a mi mascota? El otoño no se anima a oscurecer, llega a su fin y el verde sigue
en el pasto, en las plantas y los árboles
Necesito juntar naranjas
 
 
Necesito antes de irme, y para siempre, un aguilucho en el asfalto
¿Qué herencia dejaré a mi mascota? ¿Qué sol sumergido en el agua?
 
 
¿Qué puedo darle de comer? ¿Cuánto tiempo pasó del estar sus huesos
y la casi inexistente piel sola en su casa? El viento fuerte no me deja avanzar,
y quedo solo
¿Qué puedo hacer para que beba y coma, para que los lunes no sean
los siete días de la semana?
 
 
Sale humo del pico de la pava,
un humo vaporoso, cierro el mechero,
tomo la taza mojada y la seco con las manos,
agrego tres cucharadas de una mezcla grisácea
desconocida en mi juventud y vacío el agua
un poco más de la mitad de la taza
En el 29, unos días después del fin del mundo,
la rutina sigue en su lugar, aunque todo parezca marchito
y desesperanzador
 
 
El ruido es ensordecedor decía mi padre, en verdad puteaba
El espacio es otro, y la música hace temblar las paredes
La belleza alineada a la telaraña de lo inmóvil, las ventanas cerradas para motivar al misterio
En casa no hay roedores ni apellidos exóticos bajo la almohada
 
 
Hoy no desperté, ni siquiera sigo dormido ¿Dónde estoy mientras escribo? Los papeles
absorben la tinta caliente del otoño en la falsificación de las estaciones
                                                                                                                   
 
Fuera de la habitación duerme
Dentro de la habitación viaja junto al viento
 
 
¿Hay que ir hasta el fuego de la tierra? No me pidas que dé un paso más, dejame quieto en este espacio mío donde la cascada cae como piedra sobre el rostro del mundo
 
 
Me gusta la noche que anida en tu mañana
En el hoy de no verte tu sabor aún en la boca
Besaste mi rodilla, no fue más que eso, un exabrupto, una delicada despedida
 
 
Inicié mi caminata muy temprano hacia el río
Caminé, crucé los jóvenes basurales, el cañaveral, el bosque de fresnos y ligustros, el asfalto irregular, la muralla destruida
Caminé, sobre las aguas descompuestas, en el atardecer, seguí caminando
 
 
III
 
No hay príncipes de los poetas; salvo mendigos polémicos y sublimes que desde la escasez del simbolismo corren como faunos entre las arboledas de una antigua ciudad similar a La Plata. Hay fotos esclarecedoras. Teteras y espejos. Faltó el oro. Pero están los mates, y las talitas con queso untable de jamón y parmesano. En el entretiempo, el Maestro iluminó la constelación de los perdidos en la mañana, y al oscurecer besó a la señorita que tiraba los dados y demás cosas. Ella nunca le pidió un soneto ni versos de circunstancia, simplemente sugirió su mudez ante tanto palabrerío bautismal. A no joder, dijo Mallarmé, que para eso está la lluvia
 
 
Una primavera abandoné en el río de los ojos de la mujer de mis sueños una botella llena de palabras. Deseo creer que sigue flotando en aguas dulces, que aún no llegó a la orilla de su corazón. ¿Cuántas primaveras más esperaré? ¿Cuántos otoños? ¿Cuántos silencios?
 
 
El tortuoso tronco de sauce obstruye la vereda. Cada mañana, cuando salgo de casa, lo siento más seco, dando sombra a la zanja de los reptiles subterráneos. Hoy no salí, aún no salí. Desde la ventana abierta, el viento del jardín trae el runrún de una motosierra que parece cada vez más poderosa. No hay necesidad de ver a través de los orificios; cada rama que se despelleja es una palada donde el pozo de los sueños se agranda; hasta que el afuera calle, y se apisone suavemente la tierra, y se pase el rastrillo por única vez
 
 
Cuando llegue la hora de la ceniza (no) quiero que las esparzas al mar, (ni) en el río de la plata (en cualquier rincón de City Bell, en el jardín, cerquita de la Pacha y el Catulo, sus huesitos andan por ahí). Cuando llegue la hora (el reloj sigue detenido, pero ya le darán cuerda), no habrá pena por los libros del abandono, por apuntes y papeles sin imprimir, no importa, el cielo es azul en la inmensidad. Cuando llegue la hora, cuestión de cuerda nada más, nada importará, ni el borrador de una vida, ni el cielo, ni el mar
 
 
Los chicos orgánicos organizan eventos donde se privilegia, después de los chicos orgánicos, los best sellers. En el jardín de los deseos de Lorca pasando el cruce de las margaritas hay dos caminos. Uno en forma de estrella. El otro con lluvia de papel picado que siempre moja. Los turistas eligen el camino de retorno encandilados por las luces de la ciudad de las iguanas. Seguro, con la poesía no se hace ninguna revolución. Preso, sin poesía la revolución anida en una canasta desbordada de razones muertas en el acto de no nombrar
 
Fuente: Notas en libretas de hule negro (2011 - 2012), libro inédito. Gentileza de José María Pallaoro.
 
José María Pallaoro nació en La Plata el 28 de febrero de 1959. Su obra poética publicada comprende los siguientes libros: El viaje circular (1998), Pájaros cubiertos de ceniza (1999), Son dos los que danzan (2005), Basuritas (2010), Setenta y 4 (2011), 33 papelitos y una mora horizontal (2012), Una medida adecuada a todo (2012), Una piedra haciendo patito (2013) y El flautista de City Bell (2015). En 2012, dio a conocer  una reedición ampliada de Son dos los que danzan. Este mismo libro fue traducido al italiano y al esloveno y publicado en 2013 por el Centro de Estudios Interculturales del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Trieste con el título Sono due quelli che danzano / Ples v dvoje. La versión al italiano fue realizada por la profesora y escritora Ana Cecilia Prenz Kopusar y la traslación al esloveno por la misma traductora en colaboración con el poeta esloveno Marko Kravos. Pallaoro tiene, además, numerosos poemarios inéditos, entre los cuales cabe mencionar: Breve cielo, Latidos, Cuando llueve el mundo es otro (1985-1989, en revista Sismo Trapisonda, nº 1, 08/2008), En medio de la lluvia, Es hora de volver a Jimmy Hendrix, El bostezo del viento, Andante tren (2001, en revista Sismo Trapisonda, nº 3, 06/2009), El estado de las cosas, El vino del azar y Spinetta. Como difusor cultural, condujo programas de radio en FM (La máquina del tiempo, En la vereda del sol, Mariposas de madera, La talita) y dirigió la revista de poesía El espiniyo. Actualmente, es editor de Libros de la talita dorada y administra los blogs literarios Aromito, Poesía La Plata, Poesía City Bell y Los ojos. Vive en City Bell, partido de La Plata, donde coordina el Espacio Cultural La Poesía y talleres de escritura.  
 
Foto: José María Pallaoro. Fuente: gentileza de José María Pallaoro.

jueves, 8 de julio de 2021

Ana Emilia Lahitte

Autorretrato
 
Me miro en el espejo.
 
Una mujer avanza
desnuda,
sin heridas aparentes.
Es una hembra espléndida
en épocas de celo,
tal vez.
Pero ya muerta.
 
En carne y sombra altiva
despoja sus silencios.
En silencio,
un idioma de albatros
la sustenta.
 
Se yergue luego
intacta,
con dignidad de hiedra.
Y aferrada a sus muros
de lumbre y soledades,
espera.
 
 
Cetrería
 
Liebre, venado, faisán.
 
No me atrae la caza,
ni me gusta alinear la carne roja
en bandejas de plata.
 
Pero el halcón
acaba de traerme tus ojos
 
Amo la cetrería.
 
Mañana
ha de traerme tu mirada.
 
 
Fe
 
Ha de haber
algo más.
 
Tiene que haberlo.
 
¿Detrás del llanto?
 
No.
Detrás del último
instante
en que creemos.
 
 

Algunas maneras de ensayar el adiós
 
5
 
La desnudez
                    fue siempre mi guarida secreta.
 
7
 
Como una artesanía
los hombres ensayamos la eternidad.
                                                          Como un arte, el deseo.
 
13
 
Fascina
            este límite
donde el haber vivido se desprende
                                                        como la piel de una serpiente.
 
19
 
No elijo
             otro destino
                                que mi salto al vacío.
 
22

Cuando se hiere 
                          hay que ser cuidadoso,
                          como cuando se injertan los rosales.
 
25
 
Ignoro
si el amor es amante o amado.
Sólo sé que le adeudo bellísimos infiernos.
 
30
 
Ah, cómo demorarme
                                   en las playas desiertas
cuando se aleja el mar y los naufragios dialogan
                                                                             con la arena.
 
38
 
La duda es un extraño paraíso
donde Dios puede al fin dejar de ser eterno.
 
40
 
En el fondo de mí, altos acantilados.
No sé si alguna vez llegaré hasta ellos
                                                             o si regreso ya de la caída.
 
50
 
Siempre
              habrá una ráfaga de pájaros errantes
              en la mendicidad de los poetas.
 
51
 
Suelo humillar a Dios
                                   creándolo a mi propia semejanza.
 
61
 
Asumo la tortura
del ser que se condena a denunciar el esplendor.


Gironsiglos
 

Ritzos restaña
el sol de venas rotas
que fue Miguel Hernández
 
Junto al manso D´Amicis de mi infancia/ recela el siglo en celo de sus Emmas rapaces/ de sus hembras con filo de alhucema./ El Flaubert de mi madre/ huele a hastío/ a musgo/ a discreción./ Huele a cuero de Rusia el D´Annunzio vedado./ (La decencia era un rito/ un embrión de sándalo./ Era indecente el sexo de Picasso)./ Todo gime clausura/ humedad de gusanos pulcramente engendrados./ Nuestra noche estrellada incuba radioactivos/ girasoles de llanto.
 
Escucha los colores de Trakl/ las aguas vivas de su incesto./ Hay llagas que jadean/ desalojan el Duino./ “Todo ángel es terrible”.../ Escucha los mandalas de Pessoa/ el dios cojo de Artaud/ el sur de Gelman./ Paren de pie palabras terminales/ que jamás nacerán/ aunque renazcan de la muerte de todos./ La cacería humana ignora esas palabras/ su proa de mandrágoras./ Nunca comprenderán/ que ante huesos que piensan/ callar es una fragua.
 
Sofismas de Claudel anuncian a María./ Marilyn se desnuda en nalgas del verano./ Fue una cortesía de Sartre/ convocarnos para entrar en la nada./ Nos autoconvocamos para entrar a Ana Frank/ a Biafra/ a Chernobyl/ enfundados de amianto./ Borges entró en la muerte como en una fiesta./ No fuimos conjurados.
 
Desdeñada por Joyce/ seducida por Marx/ violada por Freud/ Scherezade se ahorca con albatros./ Marguerite Yourcenar se opusnigra para sus funerales aún lejanos./ Su ardilla memoriosa/ le sugiere morir/ cuando Adriano ya no lea el silencio./ Duras-Resnais/ procuran convencerme de que el sol de Hiroshima/ no habrá de aniquilarnos./ La nuestra sigue siendo una raza en exilio./ Sólo el Mono Gramático está a salvo./ Quedan abiertas tumbas./ Los muertos desertaron.
 
Corroe el arco iris la ausencia de los pájaros./ En las computadoras/ el amor se oruga kafkianamente/ en textos para incautos./ El tiempo ya no existe/ no ha existido nunca./ ¿Saberlo es necesario?/ El hombre/ ese quasars apagado./ Filma Visconti. / Mahler resplandece/ junto al intocado candor de los pantanos.
 
Fuente: Summa de poemas, 1947-1997, Ana Emilia Lahitte, Municipalidad de La Plata, La Plata, 1998.
 
Ana Emilia Lahitte nació en La Plata el 19 de diciembre de 1921 y murió en la misma ciudad el 10 de julio de 2013. Su labor creadora abarca la poesía, la narrativa, el ensayo, el teatro y el periodismo. Como poeta publicó, entre otros libros, Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), Insurrecciones (2000), Memorias del adiós (2004), El padre muere (2006), Gironsiglos (2006) y Ser Nunca (2013). Este último volumen, compuesto por poemas inéditos, fue editado póstumamente por la comuna platense a modo de homenaje. Entre sus ensayos y compilaciones poéticas figuran: Veinte poetas platenses contemporáneos (1962), María de Villarino (1966), Roberto Themis Speroni (1975) y Cinco poetas capitales (1995). Obtuvo, asimismo, numerosas distinciones, algunas de las cuales son: Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Puma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994) y Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999). Creó y dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina, llegando a superar con el sello Hojas y Cuadernos de Sudestada las 300 publicaciones. Su obra fue recogida en varias antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre. Dijo de ella Horacio Castillo: “Dueña de una singular lucidez –ese ‘heroísmo trágico’–, ‘vulnerada por el amor y el miedo’, fecundado su tiempo por ‘el celo de Dios’, por ‘Dios en celo’, Ana Emilia Lahitte asume las llagas propias y ajenas y hace de la poesía una heráldica de la dignidad”.
 
Foto: Ana Emilia Lahitte. Fuente: gentileza de Cristina Sathicq.

jueves, 20 de mayo de 2021

Ángela Gentile

Madrás
 
 
1
 
Hablaré de la forma en que nacían mirtos en los techos
y caían sobre nuestras cabezas como
 
las lluvias o el cosmos.
 
Sucedió en tiempos poco afortunados para el trueque de
palabras.
 
─Solo en Madrás ─me aseguró─ se pierde el perfil de
nuestras sombras.
 
Hoy ha caído el último verde cercano a los árboles, allí
donde el rocío y las cenizas son el
 
preludio de su nombre.
 
 
2
 
No he podido contarle todo, su oído era antiguo y alojaba
palabras en tamil, la lengua que une
 
los tiempos.
 
Los mares morían en su brevedad; en tanto mi voz nadaba
como pez hasta su resistencia
 
y se detenía en el aceite de las lámparas.
 
 
4
 
Mencionaba Madrás y me decía que las lluvias sobre ese
nombre caían en idioma drávico
 
desde latitudes ancestrales; también que era sagrado
aguardar el nacimiento de un jazmín.
 
Recuerdo su cuerpo como el aire del monzón, cayendo en
los suburbios de su antigua belleza.
 
 
5
 
No habían identificado mis huellas en su camino. Quizá no
fuese mi tiempo. La geografía ya había trazado los
trópicos y diseñado sus guijarros y sus costas. Excusas
para hablar de nuestra isla y de todas las que le sucederían.
 
Sus hábitos eran celebraciones, cantos infinitos, órficas
nocturnidades, exilios de una lengua desconocida.
 
 
8
 
Nunca he sabido por qué ya no existe esa ciudad al sur del
mundo, aquel lugar de la costa de Bengala donde los
dedos de los pescadores desgranaban plegarias; tierra de
rostros agrietados de café y canela, donde escribir era
descender por la columna de un ángel sin nombre.
 
 
9
 
La profundidad de sus ojos recorría el monte, tumba de
dioses vencidos y de senderos que
 
iluminaban sus pies de cometa.
 
Era octubre o simplemente el mes donde un poema
comenzaba a escribirse.
 
En lo no dicho encontré un tiempo habitable.
 
–¡Sigue! –le rogué.
 
Y su nombre dejó de pronunciarse.
 
 
13
 
Me aseguró que el tiempo antiguo está en el presente y
que quien siembre dos veces
 
cosechará indiferencia.
 
Luego cayó el azul sobre sus cabellos; y fuimos parte del
mar y de los astros.
 
 
14
 
Nuestro lugar habría sido amado por Eliot. También allí
nacían lilas de la tierra muerta.
 
Me pregunto cuánto tardaría hoy en caminar hacia el
Índico y encontrar la corriente que ya no
 
la recuerda.
 
Fuente: Madrás, Ángela Gentile, Éditions L'Harmattan, París, 2021.
 
Ángela Gentile nació en Berisso, Provincia de Buenos Aires, el 5 de agosto de 1952. Desde hace varios años vive en La Plata. Es profesora de lengua española, profesora de lengua y literatura italianas, gestora cultural (cuenta con un postgrado de FLACSO), magíster en políticas socioeducativas y miembro de A.D.I.L.L.I. (Asociación de Docentes e Investigadores de Literatura y Lengua Italianas). Asimismo, fue investigadora del Centro de Estudios Italianos de la UNLP (Universidad Nacional de La Plata), becaria de la Universidad para Extranjeros de Perugia, Italia, e integrante del equipo del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación (2009-2012). Como docente y escritora, dictó numerosos talleres y seminarios y participó en varios congresos nacionales e internacionales (Cuba, Ecuador, Colombia, Uruguay e Italia, entre otros países), en la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) y en el Foro Internacional de la Fundación Mempo Giardinelli. Fue invitada, además, a la FILVEN 2013 (Feria Internacional del Libro de Venezuela) y designada como asesora del CENAL (Centro Nacional del Libro). Codirigió la revista independiente de literatura juvenil (teoría y crítica) Etruria y el Programa de promoción de la lectura literaria Biblos’03, de Berisso. Actualmente, codirige con Norma Etcheverry la editorial Proyecto Hybris Ediciones. Recibió, entre otras distinciones, el Premio Nacional “Iniciación” de Literatura del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación (bienio 1985-1987) por su libro de poemas Escenografías, el Premio Pregonero de la Fundación El Libro de Buenos Aires (2009) por Etruria y los premios de la Cámara Argentina del Libro, de ABGRA (Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina) y del Consejo Superior de Educación Católica Argentina por Biblos’03. Entre sus libros publicados cabe mencionar: Voces olvidadas. Las lenguas y las canciones de cuna de la inmigración (en coautoría, patrocinado por la UNESCO, 2010), Palabras originarias (Estación Mandioca, 2014), Pensar la lengua y la literatura (manuales de literatura para 4º y 5º año del secundario, en coautoría, Editorial Longseller, 2015) y Diáspora griega en América (recopilación de textos propios y de varios autores, Editorial Hespérides, 2015). Su obra poética incluye Escenografías (Ediciones del Copista, 2005), Cantos de la Etruria (Ediciones del Copista, 2008), Cuerno de marfil (Cuadrícula Ediciones, 2012), Los pies de Ulises (edición bilingüe, griego-español, Editorial Ocelotes, 2016), Lo sguardo di Demetra / La mirada de Démeter (edición bilingüe, italiano-español, Cuadernos de Casa Bermeja / Mago Editores, 2018) y Madrás (Mago Editores, 2019). Este último libro, publicado originalmente en Chile, fue reeditado en Portugal, en edición bilingüe (español-portugués), por Editora Labirinto, en 2020, y en Francia, también en edición bilingüe (español-francés), por Éditions L'Harmattan, en 2021. Algunos de sus poemas fueron incluidos en ediciones colectivas como Poesía 36 autores (La Comuna Ediciones, La Plata, 1999), Escritos y escritores de Berisso (Instituto de Cultura Latinoamericana / Centro Cultural Difusión, Berisso, 1999), El camino de los mitos (Editorial Evohé, Madrid, 2011), Ellas (Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, 2013) y Versos d’acollida / Versos de acogida (Barceloactúa / Poémame, Barcelona, 2018). Acerca de Madrás, destaca Guillermo Pilía en el prólogo de la edición francesa:

(...) “A esta autora –escribió Luis Toledo Sande– no podrá recriminársele el incumplimiento de un requisito que Gabriela Mistral consideraba fundamental en la formación de un poeta, de un escritor: el haber comido ‘del tuétano de buey de los clásicos’, que para la chilena era ‘alimento formador de la entraña’, ni punto menos”. De allí que toda su poesía esté llena de referencias veladas o explícitas al mundo antiguo (...) Pero el de Ángela Gentile es un mundo antiguo difícil de identificar: su Etruria y su Constantinopla de libros anteriores o su Madrás de los poemas que ahora intento comentar, no son los de los mapas o las historias (...) Lo antiguo se remoza en el presente, no es mera arqueología ni reliquia: es la palabra la que debe operar el milagro. Todo vive en el hoy, en una suerte de promiscuidad poética, en la que el hombre y el mar y los astros son la misma cosa y quebrar esa ley produce una cosecha estéril, la nada misma.

(...) La voz de Ángela Gentile es una voz extraña. La voz de su persona y su voz de poeta (...) Hicimos juntos muchos viajes literarios de los que me quedó, entre otros recuerdos, el de su voz hablándome desde la oscuridad. Así parece ser también su poesía: una voz que habla desde la sombra, sin exaltaciones, pero siempre con algo de sobrenatural y misterioso (...) Creo que es acertado, y coincidente con esto que he escrito, el comentario que le hiciera Guillermo Ara: “Su poesía es una voz cercana a la que supongo que usó el hombre del primer vagido para nombrar un mundo todavía caótico y acechante”.

(...) Ángela Gentile escribe poco, apenas cuando llegan esas “ocasiones” de las que hablaba Montale, como si su deseo profundo fuera habitar en el silencio.

(...) Y sin embargo, hay en Ángela Gentile una necesidad de nombrar, como en todo poeta, aunque las palabras atravesadas de luz sean muy pocas, los poemas ahítos de silencio, de cosas no explícitas, sino apenas sugeridas. La suya es una voz extraña dentro de la generación del 70, a la que ambos pertenecemos. Alguna vez dije, y ahora lo reitero con especial intención en los lectores franceses, que Ángela Gentile escribe con la libertad de quien sabe que no está en juego la trascendencia en cada palabra, que si un día a la derecha se sienta la fama, o la belleza en sus rodillas, usando la expresión de Rimbaud, será por puro azar.

Foto: Ángela Gentile. Fuente: gentileza de Ángela Gentile.

   

sábado, 6 de marzo de 2021

María Inés Gómez


Tarde de abril con escena
 
Piso rojo sosteniendo una espalda.
Un libro entre las manos, escudo al hastío.
El pie derecho hace jueguitos con un cenicero de goma.
Flota maridaje de malvón propio y marihuana vecina.
Cerca, una olla escalda unas chauchas tiernas.
Tras la ventana, el crujir de semillas de girasol en alguna boca.
 
De tanto en tanto, voces, voces pequeñas, algún respiro. Todo lejano.
 
Mansa escenografía, si no tuviera por escenario
la precariedad de cualquier certeza.
 
 
A tiempo
 
A mi fiel contrincante
 
Me toma de la mano, compartimos el temblor.
Ahora, no puede elegir otra causa, menos yo.
Se aferra sin la mínima idea de quién soy.
¿Me ves?
Podría ser esa mancha en el cielo raso, por qué no.
Tu voz, un  trueno débil.
 
Se secó la forma de conocerte más.
 
Ay papá, no me sueltes, no gruñas.
Ya no habrá más fórmulas del dolor.
 
 
Genealogía
 
Por parte de padre:
Rosas y Perón en marcos dorados a la hoja,
también, la máquina de escribir y el cinturón.
 
Por parte de madre:
una Virgen de Luján por meteoróloga
y el eterno “por mi culpa, por mi culpa, por mi Gran culpa”.
 
Por parte de ambos:
triángulo escaleno de hermanos,
seguidos y desiguales, amorosamente descreídos de lo mágico.
 
Un patio rojo hinchado de almitas domesticas:
Santa Rita, elástico, perro, arco, gato, montoncito de mugre.
Y unos libros quemándose en la parrilla.
 
 
Delivery
 
Un kilo de helado por día
devora mi madre, sentada frente al televisor.
 
Ella no recuerda el día en que nacimos
pero sabe a la perfección el número exacto
de quien le provee la droga.
 
 
Modo espejo
 
Una paloma deshilachada,
a punto de ser deglutida,
me mira detrás del ventanal.
Apenas puedo conmigo –le digo.
 
 
Resistencias mínimas
 
Aquí
donde los cactus crecen según sople el viento,
la luz se enciende cuando le viene en gana,
dos rosas asoman a mediados de abril (y en maceta).
 
También
a puñetazos se abren las ventanas,
el reloj da la alarma con la primera orina (jamás antes)
y, últimamente, los afiches permanecen quietos.
 
Magia, testarudez, entretenimiento, burla, falta de orientación.
Quizás, pequeñas resistencias ante el absurdo diario.
 
 
Soledad dialógica
           
¿Qué hacemos acá?,
interpelo a los gatos ajenos
que usufructúan los bordes del patio.
 
Con la albahaca
solo practico la distracción,
algunas palabras antes de mutilarla.
 
Mientras cuelgo la ropa
recuerdo un cuento sobre broches
armados con soldaditos de plomo, o al revés.
 
Y las noches de soliloquio
con mi perro talismán hecho de cenizas.
 
Pequeños atajos para bordear lo que no se tiene.
 
 
Si al menos
 
Si al menos
la gota, vomitada por la canilla, aumentara su caudal.
El benteveo mascullara cuando roba la comida del  gato.
Los ojos se evadieran del libro que sostengo para sostenerme.
El viento sacudiera suave las chapas en el patio vecino,
o una horda de babosas quemara con baba ácida las amapolas.
 
Así, este silencio impuesto
no sería tan temerario para dejar oír
el esfuerzo de esa hormiga, arrastrando su pábulo.
 
 
Ahora es antes
 
In memoriam de mi hermana Graciela
 
Ahora, cierra  los ojos en la cama.
Antes, solo en cualquier sitio donde se sueñe.
 
Desabrocho su jean, le busco un vestido.
Nada combina con la mortaja.
 
Giro su cuerpo, palpo la humedad.
 
Tengo que desparramar café sobre su vientre,
vaya a saber una por qué.
 
Le acomodo un mechón tras la oreja.
 
Antes, yo escribía versitos una tarde de mayo.
Antes, mamá solo era su madre.
 
Y ahora, no deja de preguntar qué va a ser de ella, sin ella.
Antes, nunca preguntó qué sería de nosotros y de tantas cosas.
 
¿Qué querrá Dios recordarnos en este negocio?
 
Fuente: Umbrales, libro inédito. Gentileza de María Inés Gómez.
 
María Inés Gómez nació en La Plata el 12 de marzo de 1967. Cursó estudios de Abogacía y se graduó como Licenciada en Trabajo Social en la Universidad Nacional de La Plata, ámbito donde ejerce actualmente su profesión. Escribe poesía y narrativa. Los poemas incluidos en esta página pertenecen a Umbrales, libro inédito que se destaca por su cohesión temática y estilística, y en el cual la autora, valiéndose de una admirable economía de medios –nada de alardes, barroquismos ni torsiones verbales estériles–, extrae de lo íntimo y cotidiano revelaciones profundas.
 
Foto: María Inés Gómez. Fuente: gentileza de María Inés Gómez.