lunes, 13 de abril de 2015

Osvaldo Picardo


En la verdulería de Titi se pesa hasta el sabor del verano

I

En la verdulería el verano
sorprende más que en un campo de flores.

¡Oh, gran Titi de Berisso,
entre cajones de lechugas bolivianas,
frutillas de Brasil, bananas de Ecuador
y una redonda, inverosímil papa
de orgullosa existencia argentina!

El diario, acá, recobra su naturaleza
para envolver la abundancia del mundo.
Y la única realidad entre tanta materia fugaz
no depende sino de una sucia balanza
donde se pesa, colorido y exuberante,
hasta un kilo del mismísimo Dios .

II

Equilibrio de nubes en las manos.
Titi sobre la balanza posa última
una pera casi roja sobre cuatro verdes.
¿Cuánto más debe pesar el sabor de un verano?

Esa balanza sabe desniverlarse
hasta con el peso de una mirada.

Y aun cuando el tiempo lo aplaste todo
hay un punto en que la quieta aguja
rompe el cero inicial y sube y baja
no más allá de los veintiún gramos.

Luego, nada deja de ser
rigurosa quietud en el conjunto.

¿Sentís?
Es ahora el peso de la luz.
Empuja arriba.
Pero ¿Sentís?
¿Quién diría que también esto termina?


Teoría del color alrededor de un significado

Con las lluvias el limón parece más amarillo.
A la sombra. Adentro de la barnizada fronda.
Ni todavía redondo ni todavía arrugado
es un brillo contra un fondo de claroscuros.

Aislado entre lo amargo y lo dulce
resulta un débil latido, ahí, sobre la tierra,
de nuevo aparecido.
Y está a punto de decir algo.

El color de un significado
va cambiando con los días. También
su objeto en la estridencia de la luz
como en un cuadro de Kandinsky.

Lo estoy viendo al final del corredor
donde hay que ir a buscarlo.
Es necesario acostumbrar la mirada
a esa insistencia con que las cosas regresan.


Estaban desde un principio en el ángulo oscuro que nadie mira

Hay que ver la escena: son dos de la calle,
con las caras asomadas al borde de una frazada.
Están acovachados contra una persiana
bajo una tiniebla neorrealista italiana.

Todavía son frías las noches.
Los tambores suenan. Acechan
inminentes catástrofes, sicarios
sueltos y policías corruptos.

Hay que verlos. Sobreviven increíbles
entre lo admirable y lo patético,
en un ángulo oscuro que nadie mira.
Desde ahí se elevan, sobrevuelan

el apuro de los negocios, cuando el aire
ronronea levantando la basura.
Sobre una cuerda floja
hacen piruetas que te dejan sin aliento.

Ella brilla con el éxtasis de las luciérnagas,
ella tiene los ojos apretados.
Él se ríe y hunde una mano
en el lujo democrático del sexo.

De estos dos habla también
el primer poema del mundo.


Cuando la cal de la muerte inscribe todos los nombres de la soledad

A Ana Emilia Lahitte

¿Qué es más real ahora?
¿La mujer que recostada en la arena
lee a Yourcenar y a Basho o esa extensión disuelta
entre mi corazón y el universo?

La paradoja es terminar viendo
lo que nunca estuvo donde lo hemos puesto.

Se llamaba...

No sabés quiénes otros más la conocieron
y estiran de uno a otro lado
la brevedad irresuelta,
un brillo opaco en la tierra que se apaga.

Recordamos lo que podemos.
Lo otro, las lágrimas de los espectadores,
el monumento vacío son los ritos
del orgulloso oficio de lo inalcanzable.

Lo que te conmueve no es eso
sino esa otra cosa, una íntima hospitalidad
de invitar a mirar –como sólo ella sabía–
su terrible secreto.


Se trata de una película en que el pensamiento no es todavía imagen

Me gustaría volver a fumar
e ir de a poco alejándome por la rambla
como en una película de los setenta.

La bruma y la llovizna
–así la imagino– se confabulan
para borrar a mi espalda
una ciudad indefinida.

Se abre un largo plano cenital
de las playas en blanco y negro.
(El plano se prolonga con un travelling.
Vuela una bolsa llena de viento
y se enreda en el esqueleto de las carpas).

¿Termina el mar en alguna parte?
Algo en mi cabeza
baila y me envuelve como el humo.
Algunos pensamientos tienen
esa gravedad material. Flotan, corren,
caen uno tras otro. Apenas, después,
si volvemos a entenderlos.

Me tienta entonces, fuera de campo,
la existencia de un testigo.
Y no son muchas sus formas: Dios,
el amante, el hijo, la escritura.

La soledad es un pensamiento parecido.

Fuente: 21 gramos, Osvaldo Picardo, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2014.

Osvaldo Picardo nació en Mar del Plata en 1955. Vivió en La Plata entre 1974 y 1982. En esta ciudad cursó estudios en la Facultad de Bellas Artes y más tarde en la de Humanidades y Ciencias de la Educación. Actualmente, reside en su ciudad natal. Es poeta, ensayista y crítico literario. Al mismo tiempo, ejerce la docencia y se desempeña como editor. Produjo y dirigió el programa radial "El Otro Lado: diario de poesía", en 1994, y organizó el 1er. Encuentro Nacional de Poetas, Mar del Plata 1998, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. De esta última experiencia surgió el proyecto Mapas de Poesía Argentina, que dio como fruto la publicación de su ensayo y antología Primer mapa de poesía argentina. Solicitudes y urgencia. El noroeste: La Carpa y Tarja (2000). Fundó y dirigió, entre 2001 y 2009, la revista cultural La Pecera, de la que aparecieron 14 números. Entre 2005 y 2013, fue director editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Colaboró, además, con el Suplemento Literario de Télam entre  2010 y 2012 y con catálogos para exposiciones plásticas y revistas culturales; entre ellas: La Estafeta del Viento, de Casa de América (Madrid), Cuadernos Hispanoamericanos, AECI, (Madrid) y Hablar de Poesía (Buenos Aires). Como poeta, participó en numerosos congresos y festivales de poesía. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: Apenas en el mundo (1988), Poemas con tu altura (1989), Letras en una esfera armilar (1991), Dejar sin ventanas la verdad (1993), Quis, quid, ubi. Poemas de Quintiliano (1997), Una complicidad que sobrevive (2001), Pasiones de la Línea. Poemas de Nicolás de Cusa (2008), Mar del Plata seguido de Otros lugares y viajes (2012) y 21 gramos (2014). Recibió, entre otras distinciones, el premio del Fondo Nacional de las Artes del año 2000 por Una complicidad que sobrevive. Poemas suyos fueron recogidos en varias antologías, entre las que cabe mencionar: Poesía Argentina de Fin de Siglo (Vinciguerra, 1996), Signos vitales. Una antología poética de los 80 (Editorial Martin, 2002) y Poesía Argentina del S. XX  (Visor, 2010). Una selección antológica de sus poemas fue publicada, asimismo, por “Cuadernos orquestados”, colección dirigida por Abel Robino, con el título O. P. Vida de poesía (Ernesto Girard Editor, 2008). Acerca de su último libro escribió Carlos Schilling: “En todos los poemas de 21 gramos, la realidad primera que motiva la escritura parece traslucir una segunda realidad, como si entre lo real y lo posible (entre la visible consistencia/ y la más transparente inconsistencia) hubiera múltiples vasos comunicantes. Así, cierta precisión en los nombres de lugares y en las descripciones –que en términos literarios puede definirse como un recurso básico del realismo– se convierte en una forma de atención excesiva, como la que se le presta a un limón en el poema “Teoría del color alrededor de un significado”, una fijación que no obstante tiene la dinámica de la inminencia, porque el fruto amarillo está a punto de decir algo”.

Ilustración: Tapa de 21 gramos, Osvaldo Picardo, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2014. Fuente: C. C.

martes, 31 de marzo de 2015

Genoveva Arcaute


***

Y todavía
no había pasado nada

la víspera madura
la víspera se hincha

Como almohadones sucios
de tormenta
roza el asfalto

Ellos ven arcoiris

                                                           
***

No se hará cargo la piedra
cayendo al agua

No se hará cargo del desorden
hacia las orillas

Ignora el pie que hiende
-aguja de compás-
la tersa
cara de las cosas

No se hará cargo
y la bolsa
de acontecimientos
se mecerá en las aguas

Quién sabe cuándo
Dónde contra qué


***

Callar está prohibido

la niñez crece empina
huracán de palabra
la voz ametrallada
en nube de tormenta

El sonido circula
tiende cuelga
su ropa de combate
como cualquier bandera

No alcanzan los carteles
los pinceles se quedan
hablando en las paredes
mientras los pies se van a la carrera

Se hace prisma el alfabeto
descompuesto de sentido

Hablar es imposible
    

***

Hablar está prohibido
hay laringes en llamas

Tragan saliva ardiendo
de sal arena y nieve

La poesía aprieta
en su bolsa la fruta

y el jugo rojo escurre gotea
un reguero hablante y paradoja

Asusta a los vecinos sin rostro
férula viva en cada lengua

Y en sangre arena sal y nieve
habla el tiempo su idioma

Sabe: callar es imposible       


***

También está prohibido
eso que pensás
en el recato de las cejas
(tres monos con fusil
patrullan tu cabeza)

El deseo se tizna de delito
todo plan es complot
desobediencia
es tan fácil saber
lo que se debe

La culpa en tanto se despeña
en mugre
que violenta
riada por las calles
en plena seca de agua

En las calles
donde fueron felices

Callar es imposible                         


***

¿Cuánto hay que saber de griego antiguo
para vivir?
¿Dominar
las vocales en su salsa
los espíritus ásperos
los aoristos
las etimologías?

¿Hasta dónde llegar?

¿Y cómo huir con todo ese equipaje?

Fuente: Diario de inminencia, libro inédito. Gentileza de Genoveva Arcaute.

Genoveva Arcaute nació en La Plata en 1953. Es diplomada en Letras por la UNLP y traductora de francés. Se inició en la escritura como humorista. Colaboró con la revista Humor Registrado entre 1979 y 1989 y con otras publicaciones de Editorial La Urraca. También escribió guiones para televisión y, en coautoría con Jorge Goyeneche, la pieza teatral De Dulce de leche y de chocolate, en cartel desde 1983 hasta 1992 en La Plata y Buenos Aires. Como dramaturga, obtuvo el primer premio en el Primer Festival de Teatro Independiente en 1988. Publicó dos novelas: Mandorla (Baobab, 2007) y Biblopista, tres casos de Doris Milano (Parque Moebius, 2012). A ellas debe sumárseles un libro de poesía: Todas somos Frida (Huesos de Jibia, 2010). Muchos de sus poemas fueron difundidos a través de medios gráficos y virtuales e incluidos en la antología La mujer rota, volumen de homenaje a las mujeres “rotas” del mundo, publicado en México por Literalia Editores en 2008. A comienzos de 2012, fundó con Jorge Goyeneche la editorial independiente y autogestionada Parque Moebius. Reside en La Plata.

Foto: Genoveva Arcaute. Fuente: Facebook.

viernes, 20 de febrero de 2015

José María Pallaoro


Árboles

La zanja hace meses está anegada, una pérdida, algo subterráneo que intenta ser superficie. El palo borracho hace el cuatro perfectamente. Algunos fresnos, abedules, álamos y sauces, aferrados a la soledad acuosa, se deslizan hacia el este de la calle, no tan lejos del ancho río. No hay que descuidar sus raíces, imposible trasplantarlos cuando casi acarician el cielo. Lejanas tierras los esperan, piensan algunos vecinos. Muchos árboles se trasplantan, agregan. Esos árboles ahí nacieron, no hay que descuidar sus raíces. No hay que acumular botellas vacías en la vereda inhóspita.


El idiota

Ser músico. Ése fue el sueño de mi vida. Aunque se quedó en eso, en un sueño. Todos sabemos, decía mi profesor de literatura, que los sueños, sueños son, y que dejan de ser sueños, eso decía mi psicoanalista, cuando ponemos la mayor voluntad en alcanzarlos. De esa manera se convierten en una meta. Y la mía fue ser músico. Pero si pensara esto estaría mintiendo. Y lo que es peor, me estaría mintiendo. Así que nunca tuve la meta de ser músico, sí el sueño. Me veía tocando la guitarra o la batería en una banda de rock. O formando parte de un trío de jazz como el de Bill Evans (por supuesto, sería el pianista) o soplando un saxo a lo John Coltrane. Nunca ocurrió. Los planetas se juntaron, y decidí cambiar de sueño. Y mi sueño fue ser un constructor de sueños, no un simple constructor, quería ser el gran constructor. Por suerte, además del sueño tenía la meta. No había día que no pensara en construir ese gran sueño. Hasta ahora no ocurrió. Y después de tanto tiempo y para ser sincero, ni siquiera tengo ganas de comenzar la carrera.


Estufa

El Primus de Arlt junta polvo en el altillo que está encima del baño. Cuando lo comento, nadie lo cree. De que sea el Primus de Roberto Arlt. Les cuento la historia, y no sé si termino de convencerlos, pero genero una duda razonable. Dura nada, luego de la distracción, la conversación continúa su cauce natural; en mi círculo más íntimo, a nadie le interesa la literatura.


Frutas

Amanece. Pelo una de las naranjas que junté al anochecer. Tiene poca cáscara y es muy jugosa. Riquísima, como fruta del despertar. Un momento feliz, diría, aunque algo incomoda, un zumbido extraño que hiere los oídos, que hiere, lastima, lacera. La radio, imperceptible hace unos instantes, ahora, la siento, encendida de odio, estupideces y mentiras, repitiendo tapas de diarios de infiernos que no vendrán. Carezco de estómago para tanto. Pero nunca hay que olvidarse del enemigo, el verdadero, pienso. ¿Es así? No lo sé. El que sabe es mi estómago. Exprimo un limón. Desenchufo la radio. Pelo la segunda naranja, dispuesto a disfrutar, lo mejor posible, del día.


La comida frugal

Había trenes, no todos los días. Dos de ida y dos de vuelta. No sé qué días. Los pobladores iban a proveerse de diarios y revistas. Además traían en el furgón tomates, papas, batatas, zapallos, formas de felicidad. Un día iba solo a caballo, en el picasso, y yo era un aficionado a la uva. Me compré un cajón de cinco kilos. A un peso veinte el cajón. Yo iba en el picasso, iba al tranco comiendo la uva, hasta que me harté, y el resto del cajón llegó hasta la casa. No sé cuántos kilos de uva comí. Había de dos clases: doradas y negras. Ésta era negra. El picasso al tranco, el cajón en el anca.


Lo único

¿Dónde estoy? ¿Qué hago en este lugar? Un fuerte dolor de cabeza confunde mi percepción de las cosas. ¿Cómo me llamo? ¿Tengo un nombre? ¿Qué vida corresponde a este cuerpo maltrecho, viejo? ¿Cuántos años sucedieron? ¿Veinticinco, cincuenta, una eternidad? ¿Qué hago yo aquí, ahora? El cielo se ve tan claro y oscuro, lo verde y lo seco abundan alrededor. Trato de tapar con mis manos la cara desconocida. Y pienso, en este preciso instante, pienso. Es lo único que puedo agradecer.


Mungo Dorset

En septiembre de 1974 mi padre me lleva por primera vez a Inglaterra. Tenía que hacer un trabajo de un par de meses para una empresa cuya sede se encontraba, curiosamente, en Ashford. Desde 1968 era muy amigo de Ray Jerry, así que no fue nada extraño que paráramos en su casa de Bournemouth. Yo era muy chico y apenas hablaba inglés, pero Ray tuvo la paciencia de contarme las bellas historias de su tiempo en la Buena Tierra. El tipo me caía muy bien, entre otras cosas, porque tenía los dientes separados como yo. Raymond me enseñó a reír en público mostrando los dientes. La gracia de su vieja Fender, en tiempos malos, en tiempos buenos, me acompaña en los veranos.


Música de jazz

Las sillas del jardín inclinadas sobre la mesa. Piedras y arbustos, una maceta caída, vacía. En la pérgola, la parra colmada de racimos de no-amanecer. La lluvia aún no cesó, pero es leve, fina, tan fina que acaricia como música de jazz las chapas del techo. El interior es el exterior de mis cosas. El vidrio, apenas humedecido, mi rostro.


Tatuajes

La pensaba como a una diosa felina. Aunque en realidad era otra cosa, una verdadera zoología quebrada. Una gatita, en todo caso, tatuada en sus tetillas y en su trasero, con demasiados pocos años en su haber, y casi nada que decir. En vez de provocarnos, nos hacía divertir como suelen hacer esas chicas anarco-burguesas que muestran su plasticidad literaria a través de facebook.


Una hermosa vida

Me metí en el sueño de mi perro. Lo vengo haciendo desde antes que los árboles se acolcharan de sombras. Vi bolsas de Eukanuba. Caricias a la mañana y al atardecer. Una pelota de tenis que busca y trae algunos fines de semana. Un gato en zapatillas deportivas que siempre escapa por la medianera de las enamoradas. Inmensas y terrestres siestas al sol con pajaritos a sus anchas y a sus patas. Una hermosa vida de perro. Y no quise salir, pensando que sus sueños eran mejores que los míos.

Fuente: El flautista de City Bell, José María Pallaoro, Libros de la talita dorada, Buenos Aires, 2015.

José María Pallaoro nació en La Plata en 1959. Dirigió la revista de poesía El Espiniyo. Publicó plaquetas, cuadernos y una decena de libros de poemas. Sus últimos títulos editados son: Basuritas (2010), Setenta y 4 (2011), 33 papelitos y una mora horizontal (2012), Una medida adecuada a todo (2012), Son dos los que danzan (primera edición, 2005; reedición ampliada, 2012), Una piedra haciendo patito (2013) y El flautista de City Bell (2015). Son dos los que danzan fue traducido al italiano por Ana Cecilia Prenz Kopusar y al esloveno por la misma traductora en colaboración con Markos Kravos y publicado en edición bilingüe con el título Sono due quelli che danzano / Ples v dvoje (Mediterránea, Centro di Studi Interculturali, Dipartamento di Studi Umanistici, Universitá di Trieste, Italia, 2013). En la actualidad, escribe para medios gráficos y virtuales y administra varios blogs, entre ellos: Poesía La Plata, Aromito y Los ojos. Reside en City Bell, Partido de La Plata, donde coordina el Espacio Cultural La poesía y un taller de escritura. Acerca de El flautista de City Bell, apunta Fernando Alfón en la contratapa del libro: “¿Qué nombre les pondríamos a estos poemas? El de poemas no está mal, pero es tan general para el caso que se pierde lo distintivo. Otros poetas han tramado textos de la misma naturaleza, advertido el mismo problema y bautizado de distintas maneras. Baudelaire los llamó Le spleen de Paris. Ramos Sucre los llamó Trizas de papel. Severo Sarduy dio con un nombre que aludiera al modo en que surgían: epifanías. Esta diversidad, que apenas ventilo, quizá nos hable de sus virtudes. No se ha escrito, aún, un texto que encaje perfectamente en un género. Los géneros son abstracciones, arquetipos ajenos a las obras concretas. Ésta que laboró José María es, además, de las obras que menos se ajustan a alguno de ellos. Llamarlos poesía en prosa, cuentos poéticos, narrativa hiperbreve, revela más un requisito editorial que un menester de lectura”. Para Miriam Cairo, por su parte, “Las imágenes poéticas y la condensación semántica llevan de la emoción a la denuncia, de la denuncia al humor, del humor a la melancolía... es un arcoíris de sensaciones, un recorrido de lectura que se semeja a la navegación sobre aguas serenas. El intertexto dialoga con el cine, con la música, con la literatura, con los medios masivos de comunicación y, además, el ritmo de la vida: de lo trascendente a lo cotidiano, de lo social a lo íntimo, de lo metafísico al estómago”.

Foto: José María Pallaoro. Fuente: Gentileza de José María Pallaoro.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Mariana Finochietto


10

Amar a un hombre bueno
es entregar
el lado más inocente
del corazón.
Los hombres buenos
no son piadosos
en el amor.
No les bastan
las miradas de Gorgona,
las noches desmesuradas,
las palabras
de fuego.

Los hombres buenos
no quieren
otra cosa
que quedarse
con lo más puro
que tenemos.

13

Llegás
como la lluvia
algunas tardes,
con un rumor
suavecito
de agua clara,
y dan ganas
de bailar
descalza y niña
sobre la hierba
fresca y verdecida.

Llegás.
Y yo te espero
detrás
de mi última inocencia.

17

La tarde
se detiene,
suspendida
en los hilos
de luz
que teje
y desteje
el viento
entre las ramas.

En este instante
de pájaros agrestes,
la pureza
y la crueldad
son las únicas
certezas
sobre el mundo.

21

¿Adónde van
estas ganas de reír,
de escapar corriendo
por los montes,
descalza y sin aliento?
¿Adónde va
este salvaje impulso
de vivir,
deslumbrada de sol?
¿Adónde se esconde
el ansia
de ser más
que esta mujer
que cierra las ventanas
cada noche?

33

Las mujeres de mi casa
me enseñaron,
junto al oficio de los fuegos,
a coser prolijamente
en puntadas
simétricas,
exactas.
Punto a punto,
eslabones de una cadena
perdida en el origen
de los tiempos.
Minuciosa,
he bordado cuarenta años
la engañosa trama.
Nadie supo
cuántas noches
a la luz severa de las velas
cosí mis alas
con hilos de agua.
Nadie sabe
que sólo espero
la gracia
de una noche sin luna,
y una brisa propicia.

38

Ya no quiero
escribir sobre el amor
ni sus sórdidos
espejitos de colores,
deslumbrantes baratijas
de algún genio maligno.

Ya no quiero
escribir del desamor,
ni de la loba herida
que desgarra mi carne
cada noche
que el insomnio
me derrota.

Me bebí de un trago
las grandes palabras
y ahora
sólo quiero
sentarme a la orilla de un verso
que me sane.

46

Las manos
despiertan
el día
al abrir las ventanas.

Las manos
peinan hijos,
limpian, lavan,
planchan,
guardan la rutina
en prolijos cajones.

Llegada la noche
cierran las ventanas,
acuestan los niños.
Cuando llega el sueño,
si es que el sueño llega,
al cerrar el libro,
vuelan a tu almohada,
como las gaviotas
dueñas de una playa
desmesuradamente
sola.

Fuente: Cuadernos de la breve ceguera, Mariana Finochietto, La Magdalena Editora, La Plata, 2014.

Mariana Finochietto nació en General Belgrano, Provincia de Buenos Aires, el 24 de enero de 1971. Desde hace 15 años vive en City Bell, Partido de La Plata. Tiene cuatro hijos. Estudió Letras y luego derivó hacia la bibliotecología y la filosofía. Según confiesa, pasó su primera infancia rodeada de animales, árboles y libros. Dice también que ama las playas solas y los libros usados, todo lo cual se refleja claramente en su poesía, que no necesita apelar a “grandes palabras” ni recursos complejos para seducir y conmover. Cuadernos de la breve ceguera (2014) es su primer poemario publicado.

Foto: Mariana Finochietto. Fuente: Gentileza de Mariana Finochietto.

lunes, 2 de febrero de 2015

Raúl O. Artola



Un ajedrez honesto calcula el movimiento de las piezas sin
suponer la derrota de nadie. La belleza preside esa ceremonia.

*

Lo que no se puede explicar no necesita razones. Sólo
resiste la formulación poética, que no siempre se compone
con palabras. También los silencios, el vacío, dan cuenta del
misterio.

*

Acosa menos este día que ya no es el primero. Sin cohetes,
bengalas ni petardos, calmado el estruendo y la vana
algarabía, ando por la casa en penumbras. Ha dejado de
sonar el teléfono –me miento para ocultar las soledades–
y ahora sí puedo sentarme a escribir algunas líneas, las
primeras de este año que comienza.
Nada pasa. A lo sumo aparecen las dudas sobre qué leer,
apilo libro y acomodo los elementos de trabajo. Será una
larga paciencia la espera del motivo.

*

Fuera del tiempo y del barro primal, una escama de oro se
extravió en las aguas de la desmesura. La hybris no puede
cometerse sin que némesis haga su trabajo.

*

La poesía va delante de mí. Como siempre. Nunca la alcanzo.

*

Iluminados a carbón de leña, jodidos de frío, con el corazón
prieto, juntos bajo la única frazada, tomados de las manos,
espantando fantasmas ajenos, hemos rezado en un idioma
extraño, coramina y grial, dulcamara y leviatán.
No teníamos razones. Pero teníamos esperanzas.
De madrugada, los leños florecieron como una zarza ardiente.
Habíamos cambiado el anhídrido carbónico en oxígeno
purísimo.
Salve, dijo el mirlo en la ventana.

*

Estrella me dice que no hay personas desafinadas. Lo demuestra
con los coros en una cancha de fútbol.
Lázaro asegura que es más fácil tocar jazz que no tocarlo.
Vinicius soñaba que la poesía es una prostituta que le regala
sus calzones a quien se atreva a sacárselos.

*

Un maestro me cuenta como averigua quiénes serán sus
discípulos.
pregunta a sus aspirantes: ¿para qué sirve la puerta de tu
casa? ¿Para entrar o para salir?
Los débiles de espíritu dice el maestro se dejan fascinar por
el falso dilema y optan por una de las dos. Los prácticos y
sensatos responden rápido y sin dudar: para las dos cosas.
Hay una clase de inscriptos que se deliran con posibilidades
insólitas:
para esconderse, para saludar a la lluvia, para recibir al
cartero y vulgaridades parecidas.
Una minoría contesta: para pasar.
Ellos son los interesantes, afirma el maestro, con ellos me
gusta trabajar.

*

No tomé sus manos, ella no tomó las mías.
Las cuatro se juntaron convocadas
por el aire de la conversación.

*

El funambulismo es arte de poetas. Caerse de un tobogán o
de un par de palabras es un fracaso estético.
El poeta, como los gatos, hace una pirueta en el aire y
eterniza el instante.

*

Las fuerzas de la naturaleza suceden. Las obras de arte
también, dice Borges que dijo Whistler.
Algunas personas también suceden. Y a su paso hay quienes
se asombran, se santiguan, se indignan, agradecen, se
arrodillan, sonríen y hasta claman por ayuda. O se enamoran
aunque no sepan cómo hacerlo.

*

Quien vive en la pulsión del instante goza como nadie.
Entra y sale, al parecer indemne, sin mácula, de ese abismo.
Otra cosa es resultar impune: la vida cobra segundo a
segundo lo robado a la eternidad.

Fuente: Registros de hora prima, Raúl O. Artola, Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2014.

Raúl O. Artola nació en Las Flores, Provincia de Buenos Aires, en 1947. Durante su juventud, vivió, estudió y trabajó en La Plata. Desde 1975 está radicado en Viedma, Provincia de Río Negro. Es periodista, narrador, poeta, docente y editor. Publicó Antes que nada (poesía, Fondo Editorial Rionegrino - EUDEBA, 1987), Aguas de socorro (poesía, Ediciones Último Reino, 1993), Croquis de un tatami (poesía, Asociación Madres de Plaza de Mayo, 2002), El candidato y otros cuentos (narrativa, editado con el auspicio de la Secretaría de Cultura del Chubut, 2006), libro premiado en el XXIII Encuentro de Escritores Patagónicos de Puerto Madryn, [teclados] (poesía, El Suri Porfiado, 2010), La periferia es nuestro centro. Apuntes sobre política, cultura, territorios y experiencias (ensayo, Espacio Hudson, colección El Extremo Sur, 2011) y Registros de hora prima (textos en prosa, Ediciones La Carta de Oliver, 2014). Compiló, además, Poesía / Río Negro - Antología Consultada y Comentada. Volumen I (Fondo Editorial Rionegrino, 2007), que reúne a 23 autores, y dirigió la revista-libro El Camarote – Arte y cultura desde la Patagonia entre 2004 y 2010. Actualmente, administra el sitio web La mojarra desnuda (www.mojarradesnuda.com.ar).

Foto: Raúl O. Artola. Fuente: Facebook de Raúl O. Artola.

lunes, 19 de enero de 2015

Fernanda Castell


Día 5

En estos días las estalactitas pendulan multiplicadas en nuestras cabezas cariadas. Camino en un laberinto de ideas. Variables azarosas. Una placa tectónica se lleva lejos en inflamable deriva los días de familia. Se los lleva lejos. No puedo recordar las canciones de mi madre. Ni el día de los muertos en el que el picor de los claveles me inflamaba la nariz. No recuerdo los castillos de arena en la playa ni los baños en las huellas de megaterios. En esta deriva que acabo de mencionar, mi pequeña familia come pan duro y toma agua de pozo y las otras familias en sus placas flotantes derivan río arriba como en ascenso hacia el cielo, sí, ese puto cielo católico que nos cavó una caverna en el entendimiento.


Día 222

Ya somos tres. Llevamos lo necesario para el inicio del otoño. Los bulbos laten entre terrones de humus y los escarabajos depositan quitina en la cuna de los bulbos que engendran las palabras de la futura primavera.
Tenemos algunas latas de miel y en el sótano el cadáver de un jabalí. Haremos lonjas a la sal en grano y licor de naranjas. Hoy he fileteado ajo para condimentar y me he rebanado la yema del dedo anular, en el que no he querido ponerme una alianza. ¿Para qué? Si ya estamos unidos hasta la muerte. Tenemos una hija que nos está alfabetizando en esto de la humanidad, claro, a mí me cuesta más que a vos porque yo tengo la cabeza llena de voces que me deletrean enigmas, me destrozan lo que soy y me reprochan lo que pude haber sido.


Día 480

La velocidad de pensamiento mi amor es como la luz y filosas las ideas penden de tu aorta que bombea aguas salobres y nos inunda de calma cuando hay que contar cuentos para hacer que estamos en paz y nos queremos. Un animalejo carnívoro nos hociquea los muslos y libera la feromona que te enloquece. Te digo que es invierno que el frío no da ganas pero nos succionamos el lomo, las mamas, los dientes como paletas dulces. Y el pensamiento mi amor que es veloz como la luz nos deja a oscuras, la necesaria para recuperar el viejo juego del orgasmo.

____________


*

Nunca me interesé por definir el amor. Es tan cliché pero llegó la hora de hablar de eso. Quiero ser tu río y llevarte en mi caudal. Quiero que seas mi río y me lleves lejos en tu lecho. Ser una piedra y pulirme por arrastre. La geología es un buen modelo para hacer una física del amor. El territorio erosionado muestra las capas más arcaicas en donde se asentaron las nuevas capas que dieron cobijo a nuevos habitantes.

*

El follaje captura la luz y elabora un registro estenopeico de la genealogía familiar. La luz escolar. La luz navideña. La luz de la partida.

*

En verdad no estará llorando por los rincones. Ni por las esquinas porque no es su estilo. Por ahí se excederá en los ansiolíticos. Esas pastillas que vuelven de piedra... Ya no está respirando su atmósfera. Un espacio para vivir con oxígeno no es mucho pedir.

*

Dicen que los humanos nos juntamos para reproducirnos. Y hacemos todo lo posible para sostener la ilusión de que la unión hace la fuerza. Pujamos hijos y esperamos resultados. Estamos la mitad del tiempo de la estadía esperando que el otro sea otra persona. Y cuando nos anoticiamos de que es un despropósito, simplemente, decimos chau.

*

La piedra es la sustancia más maravillosa de la fábrica geológica. Tengo enfrente un árbol hecho piedra. Llegó a mí porque alguien se tomó el trabajo de extraerlo de su nicho y ahora es un árbol petrificado urbano. Ha mirado Patagonia de tempestades y volcanes. Hoy le devolví un libro que se llama El amante del volcán. Estaba dedicado. Y sufrí. Las letras siempre jugaron conmigo. En un libro encontré un te amo y me acordé del dueño del dibujo de esa letra.

*

Sacar las cosas a la luz. Dar a luz. Poner más luz. La luz en el viaje del tiempo a los ojos. Y la sustanciación del espacio en la mirada. En la tierra hay muchos tiempos. Como espejos para cruzar. No son las puertas del alma. Los ojos son las manos del cerebro.

*

Amor de mi vida te digo chau porque no se puede estar toda una vida tratando de que pierdas tu sustancia para convertirte en la escultura que mis ojos acarician cuando te miran a lo lejos. Ya no hay más desayunos ni cenas. He perdido la costumbre de hacer fuegos y sentarme con otros a la mesa. Se llama libertad.

*

El miedo no es zonzo. O no viaja en burro. El carácter del miedo es adaptativo. Sabemos cuándo retirarnos por esa señal inequívoca de extinción. Saltamos o morimos como la rana cocinada a fuego lento. Por suerte me contaron el cuento de la rana a tiempo.

*

La niebla ablanda los bordes. Todo es aéreo. Canales en la niebla. Túneles en la niebla. Cuando despierto en medio de una nube digo que esto todavía es un sueño. La muerte esa mala noticia que llega no da tiempo para despedirse. La gente odia las despedidas. Pero en particular si pudiera irme de al lado de la gente querida de manera tierna dejaría seguramente un mejor recuerdo. Lo compartido se transformaría en un rito de pasaje y nos quedaríamos tranquilos de haber intentado conocernos.

*

La ternura es un sentimiento que hace cabalgar por las baldosas. Para llegar más rápido y abrazar al ser querido. Es la ligadura eterna. La bondad, la alegría de verse.

__________


Intentos son intentos

El amor es un misterio. Es un largo argumento para sostener acciones en una dirección y no en otra. Te dice: yo te amo. Y si esto es creído comienza a rodar la película. Todo es imagen. En esa película los cuerpos se mezclan. Uno se convierte en el hueso del otro y el hueso del otro es también el hueso para el otro. Mixtura rígida cuando un esqueleto de dos comparte médula. Amor te quiero hasta la médula. O quiero estar ahí: en el pliegue de tu antebrazo. Esas cosas no se dicen muy seguido porque hacen a lo intangible del amor. Cuando la amante se quiere meter adentro del amado, el circuito se ha completado. La mezcla de vidas hace a la mezcla de pensamientos. Uno no puede pensarse sin el otro.

Fuente: De la migración, Fernanda Castell, Trópico Sur Editor, Maldonado, Uruguay, 2014.

Fernanda Castell nació en Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, en 1965. Reside en La Plata. Es antropóloga egresada de la UNLP. Fue docente universitaria y, actualmente, coordina talleres de creatividad en el Departamento de Psiquiatría de Cemic, en Buenos Aires. Publicó cuatro libros de poesía: En el Abras (Siesta, 2003), Peces de agua (Tema, 2004), La construcción de lo desagradable (Al Margen, 2010, reeditado el año pasado por Vela al Viento Ediciones Patagónicas) y De la migración (Trópico Sur Editor, 2014). A estos debe sumárseles la novela La pena de A (Editorial Expreso Nova, 2014). Con referencia a De la migración, expresa León Félix Batista en el prólogo del libro: “El título, de golpe, nos inserta en pleno cráter del decir actual, como epicentro: casi Tratado, De la migración nos conduce, en su fragmentariedad compuesta, a un contenido ajeno –extraño, por lo menos– al orden propio de los que se llaman discursos integrales. De entrada, pues, una infracción, una contravención, un descolocamiento del lector quien, páginas adentro, habrá de medrar en aguas turbulentas, aferrándose a las rocas de sentido en estos rápidos. El método –si alguno– en este libro es el de la composición caótica en patchwork, sin instrucciones de armado y con todas las piezas del puzle, aunque descolocadas. Apuntes, notas, fragmentos de diario bajo fechas dislocadas y poemas “en toda regla” expuestos nueva vez (como en libros anteriores) ‘a través de fraseos desestructurantes y desestructuradores’. Lo claro –si es que hay algo claro aquí– es que Castell compagina una explosión acumulando esquirlas de lenguaje. Es éste el segundo síntoma de total actualidad presente en ella: un proceder que la coloca al margen, bordeando lo indecible, tal y como demanda la poesía de hoy como posibilidad: signo y síndrome de la complejidad poética, de la factualidad latinoamericana contemporánea a ella”.”

Foto: Fernanda Castell. Fuente: Aquí La Plata N° 39, julio / agosto 2011.

martes, 6 de enero de 2015

Eduardo Rezzano


Ascetismo

Con el ojo izquierdo
veo sombras

con el derecho
claridades

pero no estoy para nadie
ni estaré mañana
ni la semana entrante
dispuesto a nada

Me entregué a la bebida
ella da cuenta de
mis asuntos
mis pormenores

y es estricta con
sus restricciones

nada de tabaco
nada de nada


Patos y naranjas

En el fondo de mi casa
crecen patos y naranjas

Las naranjas enseñan
a los patos a dar su jugo
y ellas aprenden a nadar
en el estanque de las ranas

Afuera un vendedor
ofrece patatas y naranjas
pero muertas al nacer


Secreto

En la bolsa de la aspiradora
encontré cuatro haches aspiradas
y con ellas escribí un nombre
para llamarte cuando dormís
y no despertarte

Por la mañana me dirás
que dormida escuchaste
el aliento de la noche

Te diré en cambio
que fue un ángel
quien te habló
al oído

para que guardes su secreto
para que cuides su tesoro
y lo ofrezcas con desapego
cuando el tiempo se detenga
en un beso una caricia


Cuervos

Un cuervo me dijo
“Podés abrir vine solo”

Tenía nieve en las plumas
y le ofrecí que se acercara
a la chimenea

Se quedó al lado del fuego
mirando hacia abajo
y a la mañana se había ido

y con él un secreto breve
apenas susurrado
en la noche negra

La puerta se abrió
y me arrojaron adentro
como a una bolsa

ahora era yo el que llegaba
de la noche blanca
con la ropa deshecha


Hombre ameba

Descubrí que mientras duermo
mis huesos se ofrecen en caldo
a los mendigos que el invierno devuelve

Fuente: Alcohol para después de quemar, Eduardo Rezzano, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2014.

Eduardo Rezzano nació en La Plata el 18 de mayo de 1968. Vivió en Buenos Aires, Barcelona y Madrid. Actualmente, reside en su ciudad natal. Publicó los siguientes libros de poesía: Ningún Lugar (Ediciones del Canto Rodado, Mendoza, 1999), Gato Barcino (Lumen, Barcelona, 2006), no fábulas (Vox, Bahía Blanca, 2010), Alcohol para después de quemar (Fuga, Santiago de Chile, 2012) y Caligrafía (Madrid, Amargord, 2013). Alcohol para después de quemar fue reeditado este año por la editorial porteña Zindo & Gafuri. Poemas suyos han sido recogidos en antologías como Nacer (Lumen, Barcelona, 2005), Madrid: una ciudad, muchas voces (ONG Promoviendo, Madrid, 2009) y Si Hamlet duda le daremos muerte (Libros de la talita dorada, La Plata, 2010), y en diversos medios, tanto impresos como electrónicos, de Argentina, España, Italia y Estados Unidos.La poesía de Eduardo Rezzano –apunta Concha García– desordena el presente porque se extiende más allá del tiempo cronológico, se suprime toda sincronía. En su mirada, entre irónica y desencantada, habita un hombre que deviene niño en la manera de impresionar la realidad que le circunda. La realidad vista desde el propio extrañamiento de alguien que siente que la verdadera raíz de cualquier habitante  (...) no está sostenida por sentido de pertenencia alguno, excepto el de pertenecer a la realidad más inmediata. Alterar la visión de la realidad, fantasear con lo que no existe y traerlo al lenguaje: eso es la poesía.” Además de poeta, Rezzano es músico (baterista, percusionista y compositor). Como tal, fundó los grupos 2vecesbreve y la Orquesta Camaleón para tocar y grabar su propia música. También trabajó como sesionista, compuso música para teatro y para danza y participó en diversos proyectos junto a músicos destacados. 

Foto: Eduardo Rezzano. Fuente: Gentileza de Eduardo Rezzano.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Elba Ethel Alcaraz


***

Incipiente la luz
invade los huecos de la noche,
descubre la memoria implacable,
desacato del tiempo que no ordena
ni hilvana los sucesos,
las horas que el amor urdió.
Rostros perdidos en la muerte,
detenidos en el goce, el grito, la risa,
el gesto acogedor, el rechazo.
Vuelven, se acomodan,
se quiebran,
como aquella muñeca de mis juegos,
trozos esparcidos de la pena
se entremezclan se confunden,
se evaden por fin
y sólo dejan el regusto insomne
de lo que ya no es.

Fuente: Otra vez... La vida, Elba Ethel Alcaraz, Libros El Búho, City Bell, 2014.


***

¿Qué hacer con los gestos inconclusos?
Intentos, amagues, aproximaciones,
nacidos sin destino del deseo,
la euforia, la melancolía.
Olas impetuosas que no alcanzan la orilla,
flores cercenadas,
latidos que se apagan antes de ser oídos.
El ademán, impulso prolongado,
se muere sin el otro.

Fuente: Otra vez... La vida, Elba Ethel Alcaraz, Libros El Búho, City Bell, 2014.


XIII

Para Arnaldo Calveyra
Escuchando tu lectura de Maizal del gregoriano
1° de septiembre de 2006

Esta voz del maizal
y los ríos de la infancia,
no es aquella voz del espinillo,
del arroyo, en cuclillas,
en diálogo con el hombre
de la sal y la yerba,
mirando al río-mar
que nos llamaba.
Viene en ramalazos
de antes de todo,
cuando aún no sabíamos,
cuando las certezas eran los sueños,
esa voz de tres al unísono
en nuestra hermandad
por la poesía, por esos avatares
de la vida y la muerte.
Y sin embargo es la misma voz
que aún escucho
y ahora nos envuelve
en monacal silencio,
en un intersticio
del tiempo que nos queda.

Fuente: Zonas de la memoria, Elba Ethel Alcaraz, Libros El Búho, City Bell, 2014.


XLIII

¿Cuál es la medida de los márgenes?
El cuerpo se acomoda a las sinuosidades,
a los límites abruptos, a la estrechez,
la vastedad o el vacío.
Busca el reflejo para reconocerse.
Las formas espejadas desdibujan sus líneas,
no siempre confirman sus límites.
Hay honduras que opacan los cristales.
Tal vez el vuelo final le ponga alas
a su persistencia, desgaje los obstáculos,
siga al viento y afronte la intemperie,
evocando antiguas fortalezas.
Y ya no importarán ni las caídas ni los bordes,
ni la extrañeza ni la certidumbre,
ni la hechura de lo cotidiano.
Será la vuelta al origen,
la última conciencia.

Fuente: Zonas de la memoria, Elba Ethel Alcaraz, Libros El Búho, City Bell, 2014.


LI

Sube un rumor por oscuros laberintos,
lenguaje indescifrable
de un dios desconocido, no invocado.
Tal vez sea el reemplazo de otras voces
que fueron nítidas, explícitas, convocantes,
en la zona dulce de la infancia
y ya no resuenan.
Lejanas, perdidas para siempre.
Ahora llegan las palabras,
han atravesado el tiempo
y buscan su sentido.
A veces lo hallan y otras se pierden,
se entrecruzan, se ahuecan,
se arrinconan y me dejan
sin eco en el silencio.

Fuente: Zonas de la memoria, Elba Ethel Alcaraz, Libros El Búho, City Bell, 2014.

Elba Ethel Alcaraz nació en La Plata el 21 de abril de 1932. Es poeta, narradora, ensayista y Profesora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Asimismo, cursó la Maestría en Ciencias del Lenguaje en el Instituto Nacional Superior del Profesorado “Joaquín V. González” de la Capital Federal. Ejerció la docencia en todos los niveles de enseñanza y fue redactora de LR11 Radio Universidad de La Plata desde 1953 a 1975. También se desempeñó como asesora docente del Consejo General de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Actualmente, es coordinadora del Taller de Escritura Horacio Ponce de León y directora de la editorial Libros El Búho. Dirige, además, la Catedra Libre de Literatura Platense Francisco López Merino de la Universidad Nacional de La Plata. Sus libros de poesía publicados son: Todos los días (1958), Bestiario (con serigrafías de Mirta Rossetti, primera edición, 1976; segunda edición, 1980), Espacios y claridades (1995), Distinta tarde (2007), Otra vez... La vida (2014) y Zonas de la memoria (2014). Reside en City Bell.

Foto: Tapa de Zonas de la memoria, Libros El Búho, City Bell, 2014. Fuente: C. C.