viernes, 30 de mayo de 2014

Alberto Mendióroz


Despedida

El cielo en un incendio rosa ardía
Hacia Occidente. Y era tan sedante
La luz bajo la tarde agonizante
Que eché en olvido que me despedía.

Casi en literatura, te decía,
Más que angustiado frívolo y galante,
Cómo la paz rosada de ese instante
A tu eterno recuerdo marco haría.

Pero al decirte Adiós, con el anhelo
De mi silencio emocional hablándote,
Tan ampliamente alzaste a mí tus ojos,

Que me espejé en su fondo, bajo el cielo,
Y me preví lejano, recordándote
En crepúsculos tenuemente rojos.

Fuente: Horas puras, Alberto Mendióroz, Editorial Martín García, Buenos Aires, 1915.

Alberto Mendióroz nació en Tucumán el 13 de junio de 1895. Vivió en La Plata desde los 16 hasta los 24 años. En esta ciudad fue secretario de Joaquín V. González y obtuvo el título de abogado. Entre 1920 y 1923 se desempeñó como juez de primera instancia en Salta. Murió en Buenos Aires el 13 de febrero de 1924. Sus restos descansan en la necrópolis platense junto a los de su esposa, la poeta Romilda Poggio. Si bien escribió ensayos, novelas, cuentos y obras de teatro, sólo llegó a publicar un libro de poesía: Horas puras (1915). Luego de su muerte, sus familiares dieron a conocer La luz buena del amor (1932), volumen que recoge sus poemas inéditos. Entre sus ensayos, cabe destacar “Almafuerte”, publicado en 1918 en Atenea, revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. Otros ensayos suyos aparecieron, entre 1914 y 1924, en la revista Nosotros, editada en Buenos Aires.  Al igual que Delheye, Ripa Alberdi y López Merino, sus compañeros de ruta en la poesía, Mendióroz murió tempranamente, dando lugar a la llamada “primavera fúnebre”, expresión acuñada por Rafael Alberto Arrieta con la que se conoce a este grupo de poetas pertenecientes a la “generación del 17” o “primera generación platense”. “Lírico de acentuado intelectualismo –según su hijo Hugo, que también fue poeta– expresó sus dudas filosóficas y su visión romántica con penetración analítica y trazo clásico”. Aunque su obra poética suele ser asociada al mundo de las ideas antes que al de los sentimientos, no faltan en ella poemas alusivos a la paz hogareña y otros de tono intimista y amoroso.

Foto: Tumbas de Romilda Poggio de Mendióroz  y Alberto Mendióroz en el Cementerio de La Plata. Fuente: C. C.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Sandra Cornejo


Un lago

Cuentan que la profundidad de un lago
es semejante a la altura
de las montañas que lo rodean.
Cada vez que observo
esa superficie
al ras de una breve playa
me conmueve este pensamiento.

Era un día de febrero
un día cálido, sin viento.
Carmen dormía.
Vos y yo caminábamos en el muelle
haciendo equilibrio
entre hierros atravesados
sobre un apoyo invisible.

No te animabas a zambullirte
–el agua de un lago siempre es fría, casi helada–
yo apenas jugaba con los pies descalzos
en el oleaje.

Todo el mundo estaba ahí.
La cabaña a pocos metros
el silencio
y en la montaña
la presencia inalterable del fondo del lago.

A nuestra familia Quintana en Esquel


Alabanza

Por tres generaciones
–que yo sepa–
las mujeres de mi familia
perdieron su cría.

Cuando esperaba a mi hijo pensaba en ello.

Comprendí que estaba marcada
que era posible tanto
la noche como el día
por eso
le hablaba a mi criatura
como quien en el buen clima siega el heno
y para el tiempo inclemente
prepara los enseres.

Sangré.
Sangrar no es buena cosa antes del parto.

Ahora
cuando mi hijo va y viene por los caminos del Señor
siento su presencia natural, como la lluvia o el ciruelo
pero hay un instante, en cada día,
que vislumbro el milagro
–la diferencia–

y agradezco.


En el resquicio del invierno

En el resquicio del invierno
las brasas arden
ascuas del sol que permanece desnudo
sobre las tejas del hogar.

Alegría y dolor acampan
bajo un mismo cielo.
De cada reino, seres celestes,
cruzan hacia la Comarca.

Un orden cambia
pero la rosa mosqueta aún crece entre los espinos
y las yemas germinan en las araucarias.

Fiel a aquello que querían nuestras almas
la madurez arrebata a la tristeza
sus candelabros nocturnales.
De la mano de los alquimistas
como lobos helados
sin temor al silbido de las balas
regresamos.


Contextos

Una torre cilíndrica de hormigón.
Es lo primero que puede verse en la distancia.
Luego las casas precarias
los muros
y por fin
las rejas.
Después, el alambre de púa
la basura sobre el barro
y un poco más lejos
la villa
los carros
los perros flacos y sedientos.

Dentro
en un mundo parecido al nuestro
me aguardan
amigas de otra vida
reencontradas
no sé muy bien, todavía, por qué.

Fuente: Bajo los ríos del cielo, Sandra Cornejo, Ediciones Al Margen, La Plata, 2014.

Sandra Cornejo nació en La Plata en 1962. Es Licenciada en Periodismo y Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Trabaja en diversos ámbitos en comunicación institucional y gestión cultural. Luego de obtener la diplomatura en el Posgrado de Lectura, Escritura y Educación (FLACSO) comenzó a dictar talleres de literatura en Contextos de Encierro. Publicó cinco libros de poesía: Borradores (Cuadernos de Sudestada, 1989), Ildikó (Último Reino, 1998), Sin suelo (Ediciones Vox, 2001), Partes del mundo (Alción Editora, 2005) y Bajo los ríos del cielo (Ediciones Al Margen, 2014). En 2012, “Cuadernos orquestados”, colección de poesía dirigida por Abel Robino, dio a conocer una selección de sus textos éditos e inéditos con el título Todo lo perdido reaparece. Poemas suyos fueron incluidos, asimismo, en las siguientes antologías: Poetas argentinas (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2007), Antología de poetas argentinos II (Free Verse Website, Irlanda, 2009) y El verso toma la palabra, selección de 33 poetas argentinos (Homoscriptum y la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2010). Edita el sitio web Tuerto Rey (www.tuertorey.com.ar). Con referencia a su nuevo libro, escribe María Teresa Andruetto en la contratapa del mismo: Leí con avidez Bajo los ríos del cielo del que ya conocía el Tríptico de Santiago. Después, en la mansedumbre de las relecturas, el libro se me fue quedando en el alma, como ya han quedado Sin suelo (Vox, 2001) y Partes del mundo (Alción, 2005). Quedar en la memoria de un lector es, como bien lo sabía Banchs, la única gloria del poeta. Luego podríamos hablar de las zonas que estos poemas visitan (el tiempo, los amigos, la vida que se bifurca, los hijos) y sobre todo del uso tan personal del lenguaje, del equilibrio entre lo biográfico y lo ficcional, lo emotivo y lo material, lo cotidiano y el misterio…, de la vitalidad, la melancolía, el desencanto. Conmovedoras en su condensación y en el trabajo exquisito de la forma, las palabras aquí calzan a su materia como un guante, todo lo cual convierte a Sandra Cornejo en una de las voces más sugerentes de su generación. Sin embargo, esta tarde, aquí en las sierras, leyendo sus poemas bajo los ríos de este cielo, más que decir todo eso, lo que quisiera es contarles que estos versos se han quedado conmigo y que yo, como en las líneas finales del Tríptico, me he convertido en esa que/ retirándose del sitio que le dio cobijo/ junta las palmas, agradece…/ conserva la inmensa prontitud/ y se va/ abrigadísima de Dios.” Bajo los ríos del cielo será presentado el viernes 30 de mayo a las 19hs en la Alianza Francesa de La Plata, calle 59 N° 626, entre 7 y 8.

Foto: Sandra Cornejo. Fuente: Gentileza de Sandra Cornejo.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Mario Porro





















Tú, el alma buscada

VI

Sí, eras tú.
Estabas esta tarde
en la brisa,
en el sol, en el árbol,
en el agua.
No, no eras tú.
Sólo era ella,
la mujer
–y me besaba–.
Sí, ella.
¿No eras tú?

Fuente: En amor por el tiempo, el tiempo, Mario Porro, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1956.


Jarrón chino

a Abelardo P. A.

La mariposa
llega
se apoya
sobre la flor
Liba

Cuando se va
la flor
despierta
Mira
como su sueño
se aleja
agitándose
voluptuosamente
El aire
se llena de rubor

Estoy allí
Ojos semicerrados
Siento
una brisa
apenas
sobre las sienes

¿Habrá en el universo
ahora
otro hombre
otra flor
otra mariposa?

Fuente: Sucesión del ser, Mario Porro, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998.


El pájaro se posó...

El pájaro se posó
en la rama
y los dos oscilaron
abajo arriba
Hasta que misteriosamente
el pájaro
se fue
hacia otro árbol
distante

La rama se estremeció
y quedó tiesa

¿Será ese un rito diario
o el azar del mundo
juntó sus soledades
íntimas impredecibles?

Fuente: Sucesión del ser, Mario Porro, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998.


Anteprimavera

a mis hermanos

El ciruelo
ha florecido
Temprano

Sin embargo
¡tantas vidas
han pasado!

Tus padres mis hermanos
los amigos

¡Cuánto amor caído!

La tierra amortiguó
su ansiedad

Hoy es nada
Memoria que huye

¿El cosmos
olvida acopia?

¿Ciclo inútil?

¿Qué es otoño?

Un perfume
crece
desde el suelo

Fuente: Sucesión del ser, Mario Porro, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998.


Atardecer

a Cacho Calveyra

Un extraño frescor
acerca la tarde
a mi corazón
Los verdes sobrecogen
Ha llovido

Un pájaro
deja su grito
de alegría
en la rama
que lo despide

La nube
casi azul
me avisa
el otoño

Es domingo

Podría estar solo
en el mundo
si no estuviera solo
en mi mundo
¡Ah congoja
sin sentido!

Hasta el sol
me abandona
y deja
en los últimos árboles
un adiós
que la sombra esconde

La casa
Las cosas
que yo amo
reservan un rincón
de abrigo

Cierro la puerta

Quién será

Fuente: Sucesión del ser, Mario Porro, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998.


Tropo de la noche

El olor
El tacto
puro

La ternura

Son ríos
que ya no frecuento
vienen
a mí
pequeñas olas
de mi niñez
Adolescencia
Juventud
Lentamente
se acurrucan
en la costa de mi ser

Pájaros
al anochecer
bajo las hojas
esperando
las sorpresas
de la noche

Fuente: Tropos, Mario Porro, Ediciones Al Margen, La Plata, 2000.


Casi invierno

El pájaro
caído
sobre las hojas

Su pequeña
muerte
parece ignorarlo

Las plumas
aún
se mueven
al viento

Cuántos cielos
cristalinos
reflejos
Soles diminutos
Aires asombrados
Ramas
esperando
¡Patios!
¡Miradas!
¡Tejados de alegría!
¡Nidos!

Todos
en tan pequeña
muerte
Acallados
Dormidos

Fuente: Tropos, Mario Porro, Ediciones Al Margen, La Plata, 2000.


Casas

Qué cerca es
la casa
que vivió
mi infancia

Qué cerca
de allí
la que ahora
acompaña
mis tiempos últimos

Las bolitas
el trompo
barriletes
Stravinsky
Bártok
Debussy

¡Ah las moscas
rubias verdes
en el fondo
del jardín
de John Perse!

Tejidos
de emoción
que rodean
ese tiempo
y lo esconden

Fuente: Tropos, Mario Porro, Ediciones Al Margen, La Plata, 2000.


La cena

a Leonardo, a mi padre

Solo

El silencio
corre por las sillas

Ellos se han ido
han escapado
por las ventanas
Pájaros
libres

El pan en la mesa
ya no los reúne
Cada uno
es él

Yo los recuerdo
los veo sentados
Celebran
juntos
¡Ah sus gestos!

Ahora me duele
la mano
en la mejilla

Casi luz
las sombras
retornan

El amor
se sienta
en cada silla
El pan
La mesa

Solo
¿Qué pregunta
es la ausencia?

Fuente: Tropos, Mario Porro, Ediciones Al Margen, La Plata, 2000.


Las formas que no olvido

Mi madre ya no estaba
pero mi vida sí.

Lejanos los jardines
que ella cuidaba
caían de su ausencia

Formas que quedan…

Noviembre de 2001

Fuente: Acopio a la muerte, Mario Porro, Libros El Búho, City Bell, 2012.

Mario Porro nació en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires, el 28 de marzo de 1921. A los tres años ya vivía en La Plata. Estudió en la Escuela Industrial y trabajó en Radio Universidad. En esta emisora cumplió diferentes funciones hasta llegar a ser Director de la misma. Además de escribir poemas desde los ocho años –según confesó una vez–, su interés por las artes y las ciencias lo llevó a realizar estudios de música, física, matemática y electrónica. Fue, asimismo, librero y cofundador de la revista de poesía “Espacios”, de la que aparecieron ocho números entre 1963 y 1964. En el trascurso de los años 60 se mudó a City Bell, donde murió el 2 de diciembre de 2001. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: Búsqueda por el amor (1950), En amor por el tiempo, el tiempo (1956), La vigilia y la roca (1957), Entremundo (1960), Mundo despierto (1983), Sucesión del ser (1998), Tropos (2000) y Acopio a la muerte (2012). A fin de comprender su pensamiento y su obra, vale la pena transcribir algunos fragmentos de “La poesía como proyecto de vida”, breve ensayo de Irina Bogdaschevski: “Para Mario Porro tanto la Física y las ciencias exactas en general, como todas las Artes, son hijas de la Metafísica. Según Mario el principio de todas las cosas es la palabra porque ‘... todo existe para el hombre a partir de haber sido nombrado’... Para Mario Porro la poesía es el proyecto de vida donde no puede faltar el conocimiento de la música moderna, las nuevas teorías de la aparición de vida en el universo, las nuevas experiencias plásticas, o las deducciones metafísicas de los filósofos contemporáneos. Toda esa suma de conocimientos y, más que nada, su increíble capacidad de razonar, le permiten hacer sus propios hallazgos, pensar sus propias teorías... Después de leer atentamente cualquier poema de Mario, vemos cómo, con máxima economía de medios, se nos introduce en el puro campo metafísico, iluminando de pronto nuestra existencia... La poesía de Mario es seria y reservada; el componente más valioso de todo arte –la emoción– Mario no lo oculta, lo revela en su poesía. La pareja reinante –el sonido y la idea– se presenta en su obra como la unidad orgánica equilibrada, porque su separación representaría el fin del misterio poético. La idea y el sonido sólo estando juntos gozan de una verdadera libertad porque ambos poseen sus límites naturales. El sonido en la poesía de Mario Porro es sobrio, la idea es siempre original, casi insólita, pero parca: surge la dulce, sugestiva apariencia habitual, en la cual el cielo se alcanza por medio de las señales terrenales... Mario Porro amplió muchísimo nuestros horizontes, nuestras posibilidades de captación de la poesía. Sin buscar las rupturas drásticas irracionales, pero sin temor tampoco de introducirnos en el difícil, pero noble mundo de la metafísica poética. Y éste es su mayor mérito”. (Para leer el texto de Bogdachevski completo pinchar acá: Aromito.)

 Foto: Mario Porro. Fuente: Aromito

sábado, 3 de mayo de 2014

Pedro Mario Delheye

























Campana melancólica

Campana melancólica que en la tarde tranquila
sollozáis dulcemente ¡yo sufro en vuestro llanto!
campana que tenéis el indudable encanto
de un agua fresca y pura y un grato son de esquila.

Reproche de una hermana semeja vuestro acento,
sonáis tan dulcemente como una voz hermana;
¡clarines de la tarde, plegarias del convento
sonoras en el oro de la paz aldeana!

Bronce dulcificado por largas oraciones,
que llamáis a los simples labriegos de la villa
para rezar el ángelus. Piedad fuerte y sencilla
que restañáis la roja miel de los corazones.

Oh, voces de la tarde, dolientes, soñadoras,
que vibráis en la paz de los viejos canales;
voces amigas, ¡largas voces angelicales!
puras en el silencio humilde de las horas.

¡Oh, corazón sencillo! Yo escucho vuestro acento
que dice en mis oídos como una voz hermana;
¡clarines de la tarde, plegarias del convento
sonoras en el oro de la paz aldeana!

Fuente: La vida interior y otros poemas, Pedro Mario Delheye, Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919.

Pedro Mario Delheye nació en Buenos Aires el 6 de febrero de 1894. Llegó a La Plata en 1897 y a los 20 años se recibió de abogado. Fue cuñado de Francisco López Merino. Publicó un libro de poesía: La vida interior (Editorial Nosotros, Buenos Aires, 1917). Dicho libro fue reeditado, con el agregado de sus creaciones póstumas, al cumplirse el primer aniversario de su muerte como La vida interior y otros poemas (Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919). Murió en La Plata el 9 de octubre de 1918. Delheye integra, junto a Mendióroz, Ripa Alberdi y López Merino, el cuadro de honor de la “generación del 17” o “primera generación platense”, conocida también como “primavera fúnebre” y “primavera trágica”. Su poesía, heredera del simbolismo de Rodenbach y Samain, pero también del parnasianismo y el modernismo, transmite una fuerte religiosidad que la diferencia de la escrita por sus pares platenses. En ella, según Gustavo García Saraví, “La Plata oficia de simple aunque eficaz agente catalizador. La ciudad perfílase en tácita sobreimpresión. Las arboledas, las muchachas (las mismas de Alberto Ponce de León), los templos, la vida social, las comodidades, la prosperidad, la despreocupación, cumplen acabadamente su tierna y pacífica tarea de ser un tiempo, una población, una inquietud, un señorío, únicos e intransferibles. Pero hay una característica principal: en la casi totalidad de sus estrofas surgen, desde los abuelos y los sueños prenatales, bellos y brumosos paisajes flamencos, allá en la lejana Brujas...”

Foto: Pedro Mario Delheye. Fuente: La vida interior y otros poemas, Pedro Mario Delheye, Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires, 1919.

lunes, 21 de abril de 2014

Julián Axat





















Réquiem en la tumba de Matías Behety 

Hoy fui al cementerio a recordarte Matías Menédez Behety/ jurista de pacotilla pero con mito de poeta malo & maldito consagrado en la muerte olvidado por mi cuidad futurista siglo XIX rescatado en el XXI como el Verlaine de las diagonales/ poeta de alcurnias desgastadas poeta fascista sin que existiera aún el fascismo a quien mi voz le debe la voz sin saber de la existencia de al menos un solo poema los versos que todavía busco y me desvelan/ ningún cartel ninguna señal avisa tu lugar en el olvido/ ingresé al cementerio sin saber dónde estaba tu lápida busqué y busqué cual flâneur entre nichos bóvedas cruces ajadas ataúdes semiabiertos piezas masónicas flamígeras cabezas gamadas y ninguna señal ninguna pista de tu ajenjo que no sea mi olfato/ la percepción del cuerpo que brilla disuelto en el aire el que sólo percibe el azufre de los versos encendidos/ sólo aplastados por el otro poeta/ oh gran Almafuerte en tu catafalco imperial sobre la puerta del cementerio/ recordado siempre príncipe de los poetas mayores de mi ciudad cuyo destino no puede ser posible sin asimetrías al destino del otro poeta que yace a treinta metros/ tan menor y decadente/ con su escultura sucia la cabeza degollada por fantasmas jacobinos/ y si escupiera sobre la tierra balda entre tanto yuyo/ pues aquí te encuentro Dr. Matías Menédez Behety/ enciendo un cigarro en tu nombre/ estamos solos al fin del mundo/ & fumo & siento/ es el correr tu misterio tu cuerpo ahí abajo embalsamado que todavía late como sol negro en tu pecho/ en este día de otoño/ te vine a hacer compañía/ a lanzar humo sobre tu sarcófago de astros/ que hace tiempos han dejado de guiarnos.

(Escrito en el cementerio de La Plata, 19/4/2014)

Fuente: Gentileza de Julián Axat.

Julián Axat nació en La Plata en 1976. Vive en City Bell. Es abogado y se desempeña como Defensor Oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata. Publicó los siguientes libros de poemas: Peso formidable (2004), Servarios (2005), Medium (2006), Ylumynarya (2008),  Neo o el equipo forense de sí (2012) y Musulmán o biopoética (2013). En 2010 editó la antología Si Hamlet duda, le daremos muerte, que reúne a 52 poetas argentinos nacidos a partir de 1970, y este mes acaba de presentar La Plata Spoon River, una recopilación de poemas de varios autores que hacen referencia a la trágica inundación que enlutó a los platenses el año pasado. Dirige, además, la colección Los Detectives Salvajes de la editorial Libros de la talita dorada. Con respecto al poema publicado en esta entrada, cabe acotar que Matías Behety nació en Montevideo en 1849 y murió en La Plata el 24 de agosto de 1885. También es sabido que, siendo pequeño todavía, se trasladó con sus padres a Concepción del Uruguay y luego a Buenos Aires, donde estudió Derecho y ejerció el periodismo. Si bien su residencia en La Plata fue efímera –llegó a esta ciudad el mismo año de su muerte–, es considerado el primer poeta platense. Hombre de espíritu romántico, bohemio y aficionado al alcohol, nunca se ocupó de reunir ordenadamente sus poemas, lo que hizo que buena parte de ellos se perdiera para siempre. Cuando murió, sus restos fueron sepultados en el antiguo cementerio de Tolosa. Allí permanecieron hasta que, una vez construida la necrópolis platense, fueron trasladados a ésta como N. N., dando origen a un extraño episodio. Según cuenta la leyenda, al ser exhumado, su cadáver se hallaba momificado y resplandecía (“echaba luces”, en palabras de un vecino), por lo que fue expuesto a la curiosidad del público y llegó a atribuírsele poderes  milagrosos. Finalmente, en 1923, Antonino Lamberti, hermano de la joven que había sido su novia, muerta a temprana edad, reconoció el misterioso cuerpo, que, desde entonces, pasó a descansar bajo un mausoleo con un busto y placas recordatorias. Para saber más acerca del mito de Matías Behety pinchar acá: La primera momia platense.

Foto: Julián Axat en la tumba de Matías Behety. Gentileza de Julián Axat.

lunes, 14 de abril de 2014

Héctor Ripa Alberdi

























La farsa estudiantil

Todo el año han reinado las máscaras severas
de las ciencias que buscan la luz en los abismos;
vieja danza de nombres, de oscuros silogismos
y de causas finales y de causas primeras.

Huraño el corazón ha sentido la vida
como un juego de sombras que ocultan el destino;
y ha avanzado en la ruda soledad del camino
sin saber que la muerte es la sombra que olvida.

Por violar el secreto de una armonía ignota
ha buscado el silencio de los libros profundos,
y en la voz de las cosas y el girar de los mundos
sólo ha visto la luz de una estrella remota.

Y al fin ha comprendido que es gran sabiduría
seguir la línea clara del propio pensamiento,
oír pasar la vida como quien oye un cuento
donde pasan volando seres de fantasía.

Hoy, por eso, se agita la juventud risueña
que abandona las aulas y sube hasta el tablado.
Ya bastante la han visto con el ceño nublado...
Hoy se canta y se ríe, hoy se bebe y se sueña.

(...)

Al fin la gran escuela la hallamos en la historia:
una inmensa comedia todo en el mundo ha sido:
los hombres han llorado, los hombres han reído
para luego perderse sin rumbo en la memoria.

Histriones en las plazas, en las aulas histriones:
agita sus muñecos la gran comedia humana...
¡Vivamos, compañeros, quién sabe si mañana
habrá ritmos vibrantes en nuestros corazones!

(...)

Donaires y piruetas y danzas y cantares.
Flores, versos, mujeres: la total armonía;
es la máscara antigua, es la vieja alegría
de cómicos alegres y pálidos juglares.

Hacia el cielo se eleva una voz cristalina,
y hay fragancia de rosas y tropel de carrera.
¡Cantad! que bajo el arco triunfal de primavera
va cantando su fiesta la loca estudiantina.


Epílogo

Sollozos de violines, rumores de comparsa;
ya se va del tablado la farsa bullanguera...
Pero el mundo la llama, pero el mundo la espera
porque el mundo se aburre si no ríe la farsa.

Todos hemos gozado, todos hemos reído.
Hemos visto a los hombres haciendo de muñecos,
iluminar la vida por medio de embelecos
para dar a las almas un momento de olvido.

Si no hubiera engaño, ¿de qué valiera el mundo?
¿De qué la vida oscura sin luz de fantasía?
Verdad es el ensueño, verdad es la alegría...
Lo demás... es el viejo dolor de Segismundo.

La realidad existe porque el alma la crea;
en el fuego del alma se enciende toda lumbre:
para ella en esta vida no hay abismo ni cumbre
porque el rayo divino en su luz centellea.

(...)

Por eso va hacia el mundo la frágil caravana,
a continuar la farsa por todos los caminos;
alegres comediantes, juglares peregrinos,
inundarán de flores las sendas del mañana.

(...)

De lejanos violines llega el son errabundo.
Por calles y por plazas volará la armonía.
Verdad es el ensueño, verdad es la alegría...
Lo demás... es el viejo dolor de Segismundo.

Fuente: Obras de Héctor Ripa Alberdi, Edición de homenaje del Grupo de Estudiantes Renovación, La Plata, 1925.

Héctor Ripa Alberdi nació en Juárez, Provincia de Buenos Aires, el 26 de enero de 1897.  Desde 1909 hasta su muerte, acaecida imprevistamente el 13 de octubre de 1923, vivió en La Plata. Tras recibirse de bachiller en el Colegio Nacional en 1916, cursó estudios superiores en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNLP, convirtiéndose en líder estudiantil y abanderado de la Reforma Universitaria. Como tal, presidió la delegación argentina al primer Congreso Internacional de Estudiantes celebrado en México en 1921, donde expresó su solidaridad con los pueblos de América y la causa emancipadora. Fue alumno y amigo de Rafael Alberto Arrieta y Arturo Marasso, y mantuvo estrechos vínculos con Pedro Enríquez Ureña y Germán Arciniegas, entre otros intelectuales igualmente destacados. Asimismo, ejerció la docencia y fundó con el Grupo de Estudiantes Renovación la prestigiosa revista Valoraciones. Publicó dos libros de poesía: Soledad (1920) y El reposo musical (1923). A ellos debe sumárseles un breve ensayo impreso como separata de la revista Humanidades, de La Plata: Sor Juana Inés de la Cruz (1923). En 1925, el Grupo de Estudiantes Renovación dio a conocer Obras de Héctor Ripa Alberdi (dos tomos), edición de homenaje que reúne sus trabajos en prosa y en verso. Como Delheye, Mendióroz y López Merino, Ripa Alberdi murió antes de los 30 años, dando origen con los nombrados a la llamada “primavera fúnebre” o “primavera trágica”, denominación con que se conoce a este grupo de poetas pertenecientes a la “primera generación platense” o “generación del 17”. Horacio Ponce de León lo describe así: “De Héctor Ripa Alberdi perdura la imagen que preside la Edición de Homenaje de sus obras completas: un fino rostro vascuence, cuya frente ancha, despejada, meditativa, parece resguardar el brillo soñador de los ojos... Pensamiento y ensueños reunidos, buscando la perfección imposible, la quimérica coronación de la belleza”. Más allá del “estudiante insurrecto de 1918” –como lo calificó Enríquez Ureña–, Ripa Alberdi amó la soledad y el ocio contemplativo y sintió inocultable admiración por los poetas griegos y latinos de la antigüedad, cuya influencia se advierte en el singular clasicismo de su poesía. Con referencia al primero de los poemas publicado en esta página e incluido póstumamente en Obras de Héctor Ripa Alberdi, señala Alfredo Tarruella: “En La Plata, en los tiempos en que vivía Ripa, el Día del Estudiante, el 21 de septiembre, era festejado con una estudiantina, la famosa farándula, donde desfilaban carros alegóricos, bellas mujeres con elegante indumento de colores y toda la alegría de la juventud desbordante. Entre sus poemas póstumos hay una estudiantina: ‘La farsa estudiantil’... Esta composición fechada en 1922, un año antes de su muerte, es un himno a la alegría de los adolescentes, a la exaltación pánica, que transformaba la ciudad en un ambiente de frivolidad de sonoros cascabeles y de estrépitos insólitos”. “Epílogo”, por su parte, si bien en Obras de Héctor Ripa Alberdi figura como poema independiente a continuación de “La farsa estudiantil”, muy probablemente haya sido escrito como culminación de este último.

Foto: Héctor Ripa Alberdi. Fuente: Obras de Héctor Ripa Alberdi, Edición de homenaje del Grupo de Estudiantes Renovación, La Plata, 1925.

viernes, 4 de abril de 2014

Pedro B. Palacios (Almafuerte)

























El misionero
(Fragmentos)

1

De compasivos canes escoltado,
Sobre un bloque de piedra de la vía,
Zozobrante, vencido, en agonía,
Un Siervo del Señor cayó postrado.

Cual desgranada, mísera mazorca
Que saltó del maizal en el camino,
Parecía más bien, el Peregrino,
Desecho deleznable de la horca.

Y era desecho mismo. La tonsura
No inmuniza del dolo y los pesares:
Del sagrado mantel de los altares
Se desprende, también, polvo y basura.

(...)

Y allí, con su sayal hecho jirones
Y apoyando en un can la flaca diestra,
Aquel Fraile de Dios era la muestra
De cómo trata Dios los corazones.

3

Cual pudiera un bohemio, el Franciscano
Se puso a platicar con su jauría...
¡No caemos del todo, sino el día
Que cuando pasa un can, pasa un hermano!

¡El ser hombre es gemir, magüer los nombres
Con que tu pobre condición revistes;
Y por eso las bestias, que son tristes,
Cuando sospechan un dolor, son hombres!

Y yendo, sin querer, al punto fijo,
Como quien sus heridas palpa y frota,
Destilando su hiel, gota por gota,
A sus perros y a Dios, el Fraile dijo...

¡Dijo con tal verdad, que desde entonces
Pienso que las protestas de los viles
Deben ser perpetuadas con buriles
En duras piedras y en solemnes bronces!

4

“En este bajo, relativo suelo,
También para ser santo hay que ser listo;
No basta ir a una cruz para ir a Cristo,
Ni basta la bondad para el ir al Cielo.

“La misma compasión requiere astucia
Para sellar con gloria su cruzada,
Si no quiere, después, ser arrojada
Sucia y hedionda, como venda sucia.

“Los sicarios del Bien han de ser yermos,
Duros, como filósofos estoicos:
Los médicos más nobles, más heroicos,
No lamen el sudor de sus enfermos.

“La luz no triunfa, el Ideal no medra,
Sin un cierto brutal extorsionismo:
Como un César sin ley, el pastor mismo
Gobierna con su palo y con su piedra.

(...)

“Inhumano, inconcreto, el Sacerdote
Ame a Dios, sólo en Dios, y no en ninguno;
Y si al triunfo de Dios es oportuno...
¡Bese con la traición del Iscariote!”

(...)

5

Y siguió, con apóstrofes más duros,
Y hablando a todos, pues hablaba solo:
“Más fría que los témpanos del polo
Tiene que ser el alma de los puros.

“Virtud es solidez, feroz arraigo
Que ninguna potencia desarraiga
Y el puro ha de decir: caiga quien caiga,
Yo me quedo en mi torre... ¡y no me caigo!

“Con Amor, nada más, nadie resiste
La sugestión de una conciencia en ruina:
Vale más inyectarse de morfina
Que de una sola lágrima del triste.

(...)

“Nadie podrá decir: yo soy el Pleno,
Yo soy el Intachado de seguro;
Pues el que quiera conservarse puro,
Muchas veces tendrá que no ser bueno.

“Hay entre la Equidad y la Justicia
Nada más que una feble sutileza...
¡Y entre la Caridad y la pureza,
Un abismo, sin fondo, de inmundicia!”

Calló el Apóstol, y en su adusto ceño,
Como en un tronco escuálido de otoño,
Se sospechaba el cárdeno retoño
De un deleitable, de un nefando sueño.

6

Mas, levantando el sórdido capucho,
Toca de su radiante, calva testa,
Dijo con voz de llanto y de protesta:
“Yo soy el miserable que amó mucho.

“Soy el que puso paz en la discordia,
Pan en el hambre, alivio en las prisiones,
Y en la obsesión tenaz, más que razones,
Puso sin razonar, misericordia.

“Yo derramé, con delicadas artes,
Sobre cada reptil una caricia:
No creí necesaria la Justicia
Cuando reina el Dolor por todas partes.

“Con sublime, suprema Democracia,
Cualquier hombre fue hombre en mi presencia;
No dividí jamás en mi conciencia,
Cual un escriba infame, la Desgracia.

“Yo miré con espanto al miserable,
Con el espanto del Caín primero,
Cual si yo –¡pobre sombra, todo entero!–
Fuese de su miseria responsable.

“Yo entendí que los éxitos ultrajan
La equidad del Señor y de sus dones;
Pues por un triunfador hay mil millones
Que más abajo de sí mismos bajan.

“Yo repudié al feliz, al potentado,
Al honesto, al armónico y al fuerte...
¡Porque pensé que les tocó la suerte
Como a cualquier tahúr afortunado!

(...)

“Yo tuve mi covacha siempre abierta
Para cualquier afán, falaz o cierto,
Y tan franco, tan libre, tan abierto,
Mi hermoso corazón como una puerta.

(...)

“Yo recibí el sarcasmo pestilente
Que de los senos presidiarios corre,
Como el santo de piedra de una torre
Las caricias del sol sobre su frente.

“Y a pesar de ser bálsamo y ser puerto,
De ser lumbre, ser manta y ser comida...
¡A mí nadie me amó sobre la vida
Ni nadie me honrará después de muerto!”.

Como rueda, filtrando los breñales,
El manantial nervioso y cristalino,
Comenzó, por la faz del Peregrino,
A desatar el llanto sus raudales.

(...)

7

Y el Apóstol siguió con voz airada
Por poner a sus lágrimas un punto:
“¡Soy lo que ya no es!... ¡Soy el trasunto
De la Soberbia de Satán, domada!

“La caridad es Dios, y es la más bella,
La más profunda nota del Calvario;
Pero, piense, también, el temerario
Que Jesús no es camino sino estrella.

“La caridad es Dios, como el capullo
Tiene que ser perfume y hermosura,
Pero, la caridad de la criatura,
Surge del Egoísmo, y es Orgullo.

(...)

9

“Caridad, Compasión: palabras huecas,
Llanto de cocodrilo plañidero...
¡Si una santa mujer, si un jardinero,
Abonan su jardín con hojas secas!

“Felicidad total: maldito nombre,
Consigna del cobarde y del tirano...
¡La perfección en sí del cuadrumano,
Tal vez hubiese suprimido al Hombre!

“Ser algo es ser esclavo; no hay libertos...
¡Todo marcha en la lógica Suprema:
Desde el collar de soles de un sistema
Hasta cualquier montón de insectos muertos!

“En vano, Chusma sacra, en vano jipas...
¡Tienes que trasponer los Infinitos,
Como avanza el rocín bajo tus gritos,
Arrastrando al andar sus propias tripas!

“En las olas que te alzan y voltean,
Ruedas al más allá, roja burbuja,
Sin saber la razón que a ti te empuja,
Como no sabe un buey por qué le arrean.

(...)

10

Y cual un César loco, cuyo manto
Desgarra él mismo y en el lodo arroja,
Se puso a deshojar, hoja por hoja,
Su propio enorme corazón de santo:

(...)

“Cargué la cruz sobre mi espalda recia,
Con la fe de un jayán de ardientes nervios:
Y aquella Cruz no es carga de soberbios...
¡No es un deporte olímpico de Grecia!

(...)

“Quise imperar sobre la res vencida
Poniéndole mi gloria por escudo,
Y aquí yazgo, famélico, desnudo,
Promiscuando su cueva y su comida.

“Pretendí ser el único, el más solo,
El que no se apoyase en vida alguna;
Y estoy, como un expósito sin cuna,
Bajo la noche frígida del polo.

“Soñé forjar, por fin, no sé qué obra,
Con mi sola gentil conducta extraña;
Y este mundo burgués, que no se engaña,
Me pisa, sin mirar, como a su sombra.

“Por eso masco la áspera corteza
De mi propio desprecio indefinible,
Con la vil sensación de lo imposible
Clavada como un clavo en mi cabeza!...”

12

(...)

“Fui grande en el soñar y fui pequeño
El día de la acción, y eso me pierde...
¡Pero, no quiero ya que se recuerde
Que ya es una virtud tener un sueño!

“Que sobre mí su maldición irradie
La conciencia vulgar, la ley del hombre:
Perdí persona, posición y nombre
Y para bien del Bien ya no soy nadie.

(...)

“Yo mismo, sin piedad, no me perdono
Ese luchar frenético de Olimpia;
Criminal es un bien que nada limpia,
Castigo es una cruz que no es un trono.

“Sin ley, ni hogar, ni patria, ni destino,
Como las hojarascas de la selva,
¡Dejaré de sufrir cuando me vuelva
Polvo bien pisoteado en el camino!...

13

“Pero, no quiero yo, de ningún modo,
Que me perdonen teólogos ateos...
¡A quien se absuelve, al absolver los reos,
Es al sublime Artífice de Todo!

“Prefiero que los sabios, casi estetas,
Que llaman al dolor "idiosincrasias",
Pongan motes en griego a mis desgracias...
Para cobrar más caro sus recetas.

“El perdón es la mácula del cieno
Puesta sobre la clámide de un nombre,
¡Porque tengo amarguras, ya soy hombre,
Y porque soy un hombre, ya soy bueno!

(...)

“Cuando el hijo de Dios, el Inefable,
Perdonó desde el Gólgota al perverso...
¡Puso sobre la faz del Universo,
La más horrible injuria imaginable!

(...)

“Somos los anunciados, los previstos,
Si hay un Dios, si hay un Punto Omnisapiente;
Y antes de ser, ya son, en esa Mente,
Los Judas, los Pilatos y los Cristos!”

14

Dijo, y al ver que con cobarde espanto
Murmuraba la turba, gritó fiero:
“¿Dónde está el miserable que primero
Vino a rasgar mi pecho con su llanto?

(...)

“¿Dónde está, donde gime, sin la sombra
De mi pecho de madre sin rencores?
¡Para tejerle un camarín de flores,
Y tenderme a sus pies como su alfombra!

“¿Dónde oculta sus pálpitos de lobo?
¿Dónde esgrime su trágica energía?
¡Para ponerme yo como vigía
Mientras urde su crimen y su robo!

(...)

“¿Qué rincón de hospital le da su asilo?...
¿Quién estudia su mal como en un perro?...
¡Para ponerme yo bajo del hierro,
Que desgarra esas carnes con su filo!

“¿Dónde está su cadáver sin mortaja,
Caliente todavía, y ya deshecho?...
¡Para rajar el roble de mi pecho
Y labrarle los muros de una caja!

“¿Dónde están sus despojos sin hermanos,
Sin nadie que a gemir se les arrime?...
¡Para poner mi corazón sublime,
Como una flor de púrpura en sus manos!

15

“¿Quién proclama el imperio de lo Injusto?
¿Quién afirma que a Dios todo le cuadre?...
¡Si Dios no puede herir, sin ser mal padre,
Ni siquiera la rama de un arbusto!

(...)

“¿Quién habla de Deberes, de Derechos,
De arrojar a los malos a una pira?...
¡Si ellos viven sus vidas, sin mentira;
Si no pueden dejar sus propios pechos!

“¿Qué sable justiciero es esa daga
Que sólo hiere frentes sin diadema?...
¿Por qué no abisma el sol, cuando nos quema?
¿Por qué no seca el mar, cuando nos traga?

(...)

 “¿Qué ciencia miserable es esa ciencia
Que nada sabe más que el primer día?...
¿Qué remedia con ver una insanía
Donde antes vio pasión y no demencia?

“¿Por qué no es el amparo y el abrigo
Del insólito y túrpido y oscuro?
¿Por qué no se levanta como un muro,
Entre cada infeliz y su castigo?

(...)

16

Todos le contemplaban descubiertos,
Cual si les atrajese algún abismo,
Y él, entonces, se alzó sobre sí mismo,
Y exclamó con los brazos bien abiertos:

(...)

“Ven a mí, rey enfermo, vil canalla,
Quiero que con tus lágrimas me mandes:
Yo soy como aquel grande entre los grandes
Que no dobló su frente en la batalla.

“Sombra y luz, piedra y alma, seso insano
Y ángel lleno de dudas y malicia:
Yo no sé de Razón ni de Justicia...
¡Sólo quiero saber que soy tu hermano!

“Chusma ruin, que tus dedos como sondas
Hurguen en las heridas de mi brega,
Y palparás al menos, si eres ciega,
Que las hechas por ti, son las más hondas.

“En tu árido desierto soy la palma
Que fue sombra, fue templo y fue cenáculo;
Ven a mí, que devore tu tentáculo
Los ubérrimos dátiles de mi alma.

(...)

“Ven a mí, monstruo amigo, no estoy muerto,
Como no muere nunca una gran lira:
Que otros vivan la ley, que es la mentira.
Yo vivo los impulsos, que es lo cierto.

“Aquí estoy, si me manchan tus minucias,
Tus terribles minucias, más me place:
El obrero mejor, el que más hace,
Tiene las manos más que todos, sucias.

“Y odie el feliz, que es bestia, ésta, mi fiebre;
Y me ultraje y repudie, y me dé coces...
¡Yo amo la libertad, como los dioses,
Y el feliz, como el asno, su pesebre!

“No me causa pavor, ni me difama,
Envolver con mi llanto tu persona:
No soy el Cristo-dios que te perdona...
¡Soy un Cristo mejor, soy el que te ama!

(...)

“Pise sobre mi cuerpo, no perdone,
Toda la Sociedad pise y apriete:
No habrá de conseguir que la respete,
Ni logrará jamás que te abandone.

(...)

“Bajé al abismo, con el alma llena
De una perpetua luz que no se agota:
¡Soy miseria, soy ruina, soy derrota...!
¡Pero, por ley fatal, soy azucena!

“Me quebré, me rompí, como una clara,
Bruñida copa de cristal sonante:
Pero me queda inspiración bastante
Para incendiar el Sol, si se apagara.

“No hay Jordán que me lave de los rastros
De tu cáustico roce de vestiglo;
Pero, yo rodaré, de siglo en siglo,
Proyectándote luz como los astros.

“¡Pulpa sin gratitud, no sabrás nunca
Que yo luché con Dios, que te moldea!...”
Y se quedó de pie, como una idea,
Que se va del cerebro y queda trunca.

Fuente: Poesía y prosa, Almafuerte, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980.

Pedro B. Palacios (Almafuerte) nació en San Justo, Provincia de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854. Cargó una infancia y una adolescencia difíciles. Su madre murió cuando él tenía apenas 5 años y su padre lo abandonó poco tiempo después. Debido a esto, pasó a vivir con una tía paterna en Buenos Aires, que se ocupó de educarlo. Residió en La Plata entre 1886 y 1889 y, luego, desde 1904 hasta su muerte, el 28 de febrero de 1917. Fue poeta, escritor, maestro rural (aunque no contaba con título académico), profesor de dibujo y periodista. En La Plata, trabajó en la Cámara de Diputados bonaerense y ejerció el periodismo en el diario Buenos Aires; posteriormente, llegó a dirigir el diario El Pueblo. Durante su vida, sólo dos libros dieron cuenta parcial de su copiosa producción poética: Lamentaciones (1906) y Poesías (1916), este último con prólogo de Juan Más y Pí. Otro libro, titulado Poesías completas, con prólogo de Alberto Lasplaces, apareció en Montevideo el mismo año que murió. Desde entonces, son numerosas las publicaciones que han venido recopilando su obra, que incluye, entre otros títulos, Confiteor Deo, Siete sonetos medicinales, Dios te salve, La inmortal, El Misionero, Cristianas, Cantar de los cantares , Apóstrofes, Milongas clásicas, Gimió cien veces y La sombra de la patria. Según María de Villarino, Almafuerte “se sintió un alma elegida y signada por una predestinación mesiánica. Y se erigió en apóstol civil. Como tal cantó, imprecó, dijo, maldijo, condenó los vicios, la vanidad, la corrupción, el poder, y exaltó las virtudes ideales del hombre y la reivindicación del pueblo por la dignidad y la justicia, el amor y la piedad”. Si bien por edad Almafuerte perteneció a la generación del 80, poco tuvo que ver con la misma. Su poesía excede el romanticismo del que se nutrió y resulta tan inclasificable como su singularísima personalidad. El misionero, incluido parcialmente en esta página, es uno de sus más celebrados poemas. Fue publicado por primera vez en La Nación el 12 de enero de 1905 y, en opinión de Ricardo Rojas, se trata de una alegoría autobiográfica.

Ilustración: Almafuerte por Mayol. Dibujo publicado en la revista Plus Ultra en julio de 1916. Fuente: Gentileza del Museo Almafuerte (La Plata).

martes, 25 de marzo de 2014

Fernanda Castell


















“Si quieres imaginarte el infierno no necesitas pensar en
tormentos inacabables. Más bien diría: ¿sabes qué horrores
indecibles es capaz de soportar un ser humano? Piensa en ello y
sabrás lo que es el infierno aunque no intervenga la duración”

Ludwig Wittgenstein
Movimientos del pensar


No hay más lugar que el silencio en soledad, lamerse las heridas como un perro sarnoso, digo... Cuando todo esto ocurre una ya tiene que retirarse elegantemente de la falsa idea de que algo pueda remediar el vital sentido de inadecuación.


...Lo demás está en el orden de comerse doscientos gramos de granola de oriente sin agua, ir al gimnasio dos veces por día, al analista tres veces por teléfono, hacer el amor para quemar calorías... Esperar el solsticio para rogarle al árbol sagrado que por favor cumpla con la rogativa del año anterior: “completas, equilibradas y felices”.


La tierra rotó y roto tiene todo menos la piedra dura del malestar.


2 - B

Las percas son puercos acuáticos, nunca he visto una pero suenan así. Los puerquitos son tiernos rosados y se duermen tiernamente en la materia fecal de la madre. Si caminamos en el chiquero nos acostumbramos. Los chacinados son exquisitos picadillos de esa carne curada en sal. En el campo los matan con un cuchillo que entra por el cogote hasta el corazón y la sangre cae en unas bateas para hacer la morcilla, muy recomendable para gente con hemorragias por anemia.
Las percas no se comen. Los pescadores despuntan el vicio y si no las descabezan, las devuelven para que sigan aportando al genoma de las percas. Tienen corazones rojos como los de los bebes que se ven en las incubadoras. Aquellos que con apenas cinco meses, los médicos salvan contranatura sensibilizados ante el reflejo de prensión –reacción automática ligada a la sobrevida. Digo el dedo del médico y/o enfermera; y todos compungidos extraen ese feto que apenas tiene piel para pasar el invierno y lo meten en esa máquina. Para luego ser sordo ciego y en el mejor de los casos parlante. Yo prefiero el corazón de pollo para un buen rissoto.


Del limbo al Averno

¿Caronte dónde estás? ¿Quién me conducirá por este magma donde los eritrocitos se comen a los que dejaron de nacer? El poliéster no previene las quemaduras de tercer grado.
El destello del iris refracta el metraje enloquecido de las vidas que se están por ir.
Necesito la duermevela llena de historias junto a mis abuelas para no soñar con tarántulas. Las lágrimas no eran de mercurio. Ahora que no las tengo me acosan las pesadillas con colas de lombrices largas, de ésas que se enrulan en el intestino y dan ganas de comer sólo chocolate. Una se fue en el vértice del viento de agosto con su cara de india. Estuvo ensillando caballos hasta la extremaunción. La otra, dulce como las manzanas Moño Azul, se elevó con la Rosa Mística, impregnando el ambiente con olor a su talco Veritas. Mucho antes, mi bisabuela serrana que se calentaba los sabañones con el perro pila, me dejó la moldura de su diente de arsénico (el agua de la zona tiene ese problema). Las tres huyeron tempranamente de la infancia. No conocieron las cocinitas de aluminio ni el make up.


3 - B

Este río helado no deja avanzar la canoa, Caronte de dientes podridos. No me das tiempo para despedirme de los seres que aún quiero. A no quejarse que más se perdió en la guerra, decían los pocos que quedan hoy de los que verdaderamente estuvieron en una. Se comían los piojos, fuente de hemoglobina y rasqueteaban el sebo de la ropa para hacer caldo. ¿Cuál es el sentido trágico de nuestra vida? Quizás el monitor estalle en gotas de aceite y nos deje ciegos. Pero en el país de los ciegos el tuerto es rey irresponsable que debería arrancarse el otro ojo. Ya no me perturba nada. Encallé en el fondo más seguro, oscuro y profundo donde no se escuchan ni los gases estomacales. ¿Qué me hace falta? Poner las cervicales una sobre otra y mirar para arriba a ver si algún rayo de sol corta esta oscuridad helada porque es necesaria una distinción cuando una se cose las medias de punto en la carne viva.


Hoja de ruta

2

Va a llover. Eso le encanta. Las plantas se preparan. Abren los estomas y renuevan la circulación como ella los linfocitos. Cuando explotó por exceso de monóxido mutó en una especie delicuescente.
El silencio de él es tan contundente como las palabras que ese silencio preanuncian. Esto es demasiado para mí. Víctima de rasgaduras múltiples porta espolones venenosos. No quiere meterse en esa cueva. Parece todo muy muy oscuro.
Ella sabía lo que hacía cuando deshacía la trama del tejido. Cuando se armó la lengua con arpones.
Los cuchillos volaron y dieron en el centro neurálgico. Los gatos ya no la siguen. Cuando pasa por una esquina su hija le pregunta ¿ellos son muy pobres? La precariedad de la respuesta no tiene que ver con la profundidad de la pregunta. Son preguntas que pespuntean la mirada. De chica era más vieja que su abuela. Roía las mentiras. Fraudulenta, dormía acunada en los brazos sutiles pero peludos de ese hombre que oscurecía su mirada.
El tiempo arrasa ciudades. Escucha palmotear la devastadora pena de los sobrevivientes. El holocausto de las vacas con los ojos desmesurados. Gancho nuca hoy la lleva de una esquina a la otra.
Pero. ¿Qué es eso? El pasado y el presente se le juntan en el vértice. En las hojas impolutas de los libros que nunca leyó, en las trampas escolares por lo cual no aprendió más que la suma y la multiplicación. De dividir ni hablar. Hoy suma. Agrega. Aglomera. Concatena contendientes.
Se mira en el monitor y se dice sobreviví a carencias más prolongadas. Inspira pegando el diafragma a las costillas. Exhala. Para que el aire se renueve uno debe saber sacarlo.


Hambre

Es imposible anclar en sitio alguno todavía. Gente y gente. Con mirada hueca y expresión de estampida. Nadie sabe leer ni escribir.
Se ha perdido el hábito de hablar. Todos corremos. Las mujeres ligeras de ropa con huesos livianos seguimos la huella de las otras a gotas de sangre menstrual.
La falta de regulación es la regla. Los hombres esperan órdenes. Se reúnen por ahí junto a los tambores de fuego y fuman cigarros de afrecho. El olvido se consigue durante el sueño cuando los cuerpos, detenida la carrera, se desploman. Lo he buscado te lo puedo asegurar. Desde que llegué lo estoy buscando pero nadie comprende el gesto de una fotografía.
Aquí no representan nada. No se busca la buena forma. Se detienen en algún rasgo aislado, en la arruga de la camisa de frisa, por ejemplo. La violencia es real. El agua escasea. Si encontramos algún vegetal carnoso, se mastica. Ayer me encontré con un Office Service. Son aquellos que se encargan de cuidarte de no ser violada simulando ser tu pareja. La denominación es un relicto de la vieja tecnología. De contextura grande y contundente, se ofreció a pasar la noche conmigo a cambio de un poco de harina. Yo como lo suficiente para mantenerme en pie. Aquí el hambre es una forma de supervivencia. Te mantiene alerta. Motor poderoso. Como sabés, para mí la masticación no convive bien con el entendimiento. La digestión enceguece. Esto es más árido y silencioso que allá, te lo puedo asegurar.

Fuente: La construcción de lo desagradable, Fernanda Castell, Vela al Viento Ediciones Patagónicas, Comodoro Rivadavia, 2014.

Fernanda Castell nació en Coronel Dorrego en 1965. Reside en La Plata. Es antropóloga egresada de la UNLP. Fue docente universitaria y, actualmente, coordina talleres de creatividad en el Departamento de Psiquiatría de Cemic, en Buenos Aires. Publicó los siguientes libros: En el Abras (Siesta, 2003), Peces de agua (Tema, 2004) y La construcción de lo desagradable (Al Margen, 2010), reeditado este año por Vela al Viento Ediciones Patagónicas. Entre las distinciones obtenidas, cabe consignar: finalista del Premio Provincial de Poesía Dr. Carlos Auyero (1999), segundo premio en el Concurso Provincial de Poesía López Merino (2001), tercer premio en el concurso de poesía de la Fundación Octubre (2001), mención en el concurso de novela Lamás Médula por “La pena de A” (2012) y primer premio en el concurso de cuento digital Itaú por “Hipermetropía” (2013). Acerca de La construcción de lo desagradable, escribió Sandra Cornejo: “Vital sentido de inadecuación. Esta frase o verso cierra el primer fragmento de ‘La construcción de lo desagradable’, libro en el cual, para seguir un camino de pensamiento, atiendo en primera instancia a lo que Fernanda Castell consigue o pretende con su escritura: incomodar. La poesía, magma o resultante de ese acto creador que, de alguna manera, para su autor es inevitable (visceral) pone en juego una tremenda pulsión irracional; sin embargo, para que la poesía logre inmiscuirse en el otro, alcanzarlo, su autor ha tenido que hacer del rigor uno de los elementos fundamentales para la elaboración de su texto. La poesía, polisémica, plural, inclasificable, en general, para nuestras pretensiones enanas de clasificar un “género”, encarna aquí mucho más que en otras poéticas, claves indispensables: irracionalidad reflexiva, libertad creativa rigurosa. Lo otro, lo que queda o se toma, es el libro”.

Foto: Fernanda Castell. Fuente: http://www.despertandoalilith.org/